La República del Caos

La República del Caos está en la quiebra, porque el Presidente no quiere pasar a Fase 2 y mucha gente ha tenido que cerrar sus negocios. Dicen que dijo que pasarían, pero se arrepintió al día siguiente, y a los dos días, vendió la lotería del país.

Ago 01, 2020- 22:20

Me contaban hace unos días de un país dónde, cuando cerraron las fronteras y el aeropuerto ante un virus mortal, la población celebró. Parecía tan acertada la decisión del presidente que los ciudadanos esperaron medidas tales como epidemiólogos a cargo de la pandemia, una mesa técnica para tomar decisiones económicas, una cuarentena híbrida, educación en cuanto al virus. Les prometieron un megahospital, pero cuando vieron que era en su centro de convenciones, pensaron que, al final, podía funcionar esa idea y que la pandemia se superaría con éxito.
Cinco meses después, tras la cuarentena más larga del mundo, y la Fase 1 más larga del mundo, ese país se llama “LA REPÚBLICA DEL CAOS”. Cada día los ciudadanos se despiertan con dos o tres casos de corrupción nuevos, acompañados de su respectiva mentira o cortina de humo. Extrañamente, el Fiscal de ese país nunca hace nada. Es más, parece haberse tomado muy en serio la cuarentena eterna que quería el presidente. Este país tiene una Asamblea, que puede aplicar un tal artículo 121, que pararía la locura, pero los ciudadanos no entienden por qué no lo hacen, asumen que porque temen perder curules el otro año. Tenían su esperanza en el Embajador de una nación que dice ser la más democrática del mundo, pero este felicita al presidente, que viola los derechos humanos, justo a medianoche el día de su cumpleaños, como que fuera novia de pueblo.
En este extraño país mueren más médicos que pacientes del virus raro y en algunos alejados caseríos, en ochenta días no ha llegado ayuda del gobierno, así que mueren de hambre. Como el presidente de esa nación no conoce a su pueblo, pues gobierna desde un dispositivo con un programa que habla por él, suspendió el transporte público, y muchos no pueden ni ir al mercado, pues les queda lejos o su dinero para víveres se iría en llegar. Además que la gente se contamina viajando hacinada en pick ups en lugar de ordenadamente en buses . A veces toda una comunidad se alimenta majonchos, mangos y sopa de perejil, mientras spot tras spot publicitario muestra bolsas solidarias y muñequitas del presidente siendo repartidas por amables soldados. A pesar de que los agricultores están perdiendo sus cosechas, se importan granos y atún de una fábrica de lonas de otro país. Ah sí, y el atún salió malo y ha enfermado a muchos.
El Presidente solía a decirle al pueblo que “la salud es más importante que la economía” a través de unas cadenas que daban miedo. Nunca dio una palabra de aliento. Durante noventa días, mandó a gente sana a mezclarse con gente enferma y apareció un cuerpo esposado que supuestamente había muerto del virus. Ha de ser un virus violento, para esposar a un hombre. En esos noventa días también endeudó al país como nunca, recibió seis millones de pruebas para el virus, y muchos trajes especiales para los médicos. Prometió también que su hospital iba a ser el mejor de Latinoamérica. Cuando el pueblo pudo salir, porque no lo quería dejar salir, descubrió que el hospital era un hoyo lleno de agua, que “no hay” pruebas, que él había reunido personas y esparcido el contagio y que el Ministro de Salud había alquilado casas y vendido botas, y que las caretas y mascarillas o eran inservibles o no servían para nada. Muchos funcionarios de su gobierno tenían a su familia trabajando con ellos, aunque ellos eran ad honorem; el Ministro de Agricultura no puede hacer cuentas y el de Obras Públicas no sabía que se entregaban reportes anuales a la Asamblea.
Además, el pueblo se asustó porque ¡el virus no se había ido y la gente se contagió! Era algo lógico después de estar guardados tanto tiempo, pero el Presidente dijo que era culpa de los diputados, y sus seguidores comenzaron a repetir como loros lo mismo que el presidente. Lo aman tanto. Todos entendemos, claro, que de nada hubiera servido el súper hospital. Eso lo dicen los enemigos del Presidente, los que apoyan que una ley que no quiso sancionar aunque le daba un Estado de Emergencia y una cuarentena, pero que lo obligaba a rendir cuentas. Un escándalo que pidan eso.
La República del Caos está en la quiebra, porque el Presidente no quiere pasar a Fase 2 y mucha gente ha tenido que cerrar sus negocios. Dicen que dijo que pasarían, pero se arrepintió al día siguiente, y a los dos días, vendió la lotería del país. La gente ya no tiene dinero, pero el Presidente dice que todo es culpa de los malvados diputados, la Sala de lo Constitucional, las universidades, un empresario que debe ser algo parecido a Dios, porque todo lo puede, el 3%, la empresa privada, y sus mismos ciudadanos que son codiciosos y vanidosos. Por cierto, hay muchos ciudadanos abandonados fuera del país, pero no los dejan regresar. La Canciller dice que ella ha traído a muchos y les ha mandado miles de dólares. Los ciudadanos dicen que ellos han pagado sus boletos y no les han dado ayuda.
Menos mal que ese país no es nuestro El Salvador, ¿verdad? pues sería un infierno vivir allí. No me puedo imaginar un país donde no se apruebe una ley para proteger a los médicos, ni se deje entrar a los ciudadanos, ni se luche por pasar a la siguiente Fase para reactivar la economía aunque este endeudado en un 98%, o se venden los bienes del estado, o no hay hospital. Nadie en el mundo podría ser tan cínico e incapaz. La República del Caos ha de ser alguna república bananera lanzada a una pesadilla que supera el realismo mágico.

Educadora, especialista en Mercadeo con Estudios de Políticas Públicas.

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