Excelente obra cinematográfica

La película del Hospital El Salvador ha continuado el engaño galopante en que mantienen a nuestra población. Por eso, más que nunca, deben mantenerse, elevarse y multiplicarse las voces de protesta, los señalamientos de la verdad y de la corrupción, los llamamientos de atención hacia todos los abusos de autoridad, las denuncias por las violaciones a nuestra Constitución y el rechazo a los desplantes e insultos para las autoridades, desde o propiciados por el Excelentísimo.

Jun 26, 2020- 21:54

Si deseamos un país desarrollado, la población debe tener salud y educación. Como no todos los ciudadanos pueden pagar por esos indispensables servicios, el estado debe otorgárselos. Sólo para esos dos rubros se requieren médicos y maestros capaces y éticos, edificios apropiados, equipamiento necesario para cada caso, agua potable, electricidad, caminos para poder llegar y acceder a esos servicios. Todo eso, mencionando solamente lo más obvio, lo cual se reduce a una sola palabra: dinero. Y, recordemos: el gobierno gasta, no produce,
Son los ciudadanos trabajadores quienes producen el dinero necesario (para salud, educación y todo lo demás), mediante el pago de sus impuestos. Gente luchadora que, dado que tienen ingresos, generalmente se procuran a sí mismas los servicios que necesitan, no los que ofrece el estado. Es decir, proveen para sus familias y ADEMÁS aportan otro tanto para las familias necesitadas. Pero eso se oculta, se manipula y, finalmente, se miente diciéndole a la población que “el gobierno” (cuando no, directamente, que Gaby o que el Excelentísimo) es quien les está favoreciendo con las “ayudas” (que primero debe investigarse si son ciertas) que durante esta pandemia y huracanes se han otorgado. Y con todas las maravillas que, de manera virtual, se están realizando: lo más cool, del mundo mundial.
La inauguración del Hospital El Salvador fue una obra maestra cinematográfica. Perfectamente realzado lo bonito, absolutamente oculto lo incompleto, tergiversada la realidad. Sólo faltaron los efectos especiales para otorgar el Oscar al Mejor Productor. Por supuesto, el discurso inaugural tuvo que incluir la siembra de odio entre pobres y ricos y repetición de las mentiras gubernamentales. Nada sobre los contagios y muertes en las instituciones nacionales, nada sobre el sufrimiento de la población; mucho “pobrecito yo”, desposeído de derechos que jamás la Constitución le ha otorgado.
Ahora ese hospital ya no será provisional sino permanente. ¿Así, como que fuera un videojuego? ¿Será que el costo ha sido tan indecente, que ahora pretende dorarnos la píldora, pasándolo de un brochazo a hospital permanente de Primer Mundo? Otra mega obra como aquellas con las que quebró a Nuevo Cuscatlán, o como el famoso mercado/chupadero de los 25 millones, en San Salvador.
Todo es pantalla. Nuestro país está sumido en el peor caos de su historia: abundan la corrupción, la ineptitud, la ignorancia; no hay un plan de gobierno, no hay un programa científicamente analizado para el manejo de la pandemia, pero sí hay un plan malévolamente elaborado para destrucción de la economía, de los partidos políticos de oposición y de toda crítica objetiva y fundamentada. Estamos en el peor de los escenarios, esa es la pura, dura y cruel realidad, y todavía no queremos abrir los ojos. La película del Hospital El Salvador ha continuado el engaño galopante en que mantienen a nuestra población. Por eso, más que nunca, deben mantenerse, elevarse y multiplicarse las voces de protesta, los señalamientos de la verdad y de la corrupción, los llamamientos de atención hacia todos los abusos de autoridad, las denuncias por las violaciones a nuestra Constitución y el rechazo a los desplantes e insultos para las autoridades, desde o propiciados por el Excelentísimo.
Bukele y su equipo tienen un solo objetivo: alcanzar el poder total. Los salvadoreños también debemos tener un solo objetivo: impedírselo. Por nuestra Patria, por nuestras familias, por nuestra libertad.

Empresaria.

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