Navidad en tiempos de pandemia

Estos tiempos duros nos deberían hacer reflexionar más que nunca que la Navidad fue un acto de amor supremo. Celebramos a Dios mismo nacido como un humilde niño en una cueva de Belén, en medio de la pobreza y el rechazo, un niño indefenso que nadie pensaría haría tambalear al Imperio Romano, tan cruel y poderoso

Nov 21, 2020- 17:00

En estos días he estado pensando mucho en mis experiencias de adolescente durante la ofensiva final y cómo nadie sabía qué hacer para Navidad ese año de 1989. No era sólo lo inestable de la situación que vivíamos, sino la tristeza y el duelo como país. Recuerdo haber ido a visitar a mi mejor amiga el 24 de diciembre, pues no la había visto. Al oír una “metralleta” las dos saltamos y gritamos. El miedo estaba a flor de piel. Aún estábamos en guerra.
Muchos no hemos visto a seres a quienes queremos durante casi un año y puede ser que nos sintamos tentados a hacer las cosas “como todos los años”. Pero nuestra cruda realidad es que estamos aún en guerra: contra la pandemia. Por otra parte, espero que recordemos que esta es la época de la paz, el amor, el perdón y la reconciliación.
Así que para evitar más luto y dolor, tendremos que sacrificar, al menos este año, algunas tradiciones. Les voy a contar como he pensado mi Navidad en Pandemia. Mi casa es pequeña, pero todos los años, la noche que ponía el árbol, la llenaba hasta el tope de gente. Si alguien sabe como meter 30 personas en una casa dónde caben 10, soy yo. Este año, voy a poner mi árbol miércoles, para no caer en tentación. Mi cluster logrará verlo, todas las demás vistas serán virtuales. Y si bien lo voy a poner, la decoración será poca. No es un año para decorar mucho, pero si para poner muchos nacimientos. Un año para centrarse en el verdadero significado de la Navidad.
Por bioseguridad están vedados los dips, y cada quien debe servirse y desechar su plato. La fiesta para los niños, en la cual le cantamos ¡Feliz Cumpleaños! a Jesús aún estamos considerando hacerla presencial/virtual. Y a todo esto, mascarillas, alcohol en gel y spray sanitizante para cuando alguno entre a la casa.
Todo lo que (vergonzosamente) me he dado cuenta gastaba innecesariamente en Navidad, irá para ayudar a familias que no son tan afortunadas como yo. Hablando de regalos, se los estoy comprando a emprendedoras y también a algunos comercios para que haya empleo, y en línea cuando es así. Pienso llevar kits de galletas y café para los policías y soldados que vea en el camino. Ellos también tienen familia y quizás no pasarán Navidad con ellos. Es tiempo de solidaridad con todos.
Lo que sí pienso hacer es poner luces en las ventana de mi sala, para que las vean los niños de mi residencial. Es algo que todos deberíamos hacer en el área urbana, pues así traemos un poco de alegría al decorar las ventanas de nuestras casas lo más hermosas posibles, para que los niños las puedan ver sin bajarse del carro y recordar esta Navidad como una dónde había miles y miles de luces, no solo enfermedad. Las residenciales grandes incluso podrían idearse un tour.
Bendito Dios, tengo gente muy querida fuera de el área urbana, donde uno aprende que, en la vida, uno se llena de cosas superfluas y que lo más importante es compartir. Pienso ir allí también, para que la Navidad tenga ese hermoso lado humano. Muchas veces, no nos damos cuenta de cuánta cosa innecesaria añadimos a nuestras navidades de ciudad.
Sé que la realidad de cada quien que me lee es distinta. Muchas familias tendrán puestos vacíos en la mesa, muchas tendrán que ingeniársela, como mis papás hicieron por años en la guerra, para dar a sus hijos una Navidad con pocos recursos, otros no tendrán nada, otros tendrán parientes enfermos, otros tendrán a sus padres haciendo turno en un hospital. Será una Navidad dura.
Lo más importante: estos tiempos duros nos deberían hacer reflexionar más que nunca que la Navidad fue un acto de amor supremo. Celebramos a Dios mismo nacido como un humilde niño en una cueva de Belén, en medio de la pobreza y el rechazo, un niño indefenso que nadie pensaría haría tambalear al Imperio Romano, tan cruel y poderoso. Pero el Imperio Romano es ahora un recuerdo y el Niño sigue representado en un Nacimiento y sigue cambiando vidas. Algunos lo creemos ciegamente, para otros es una metáfora, pero lo importante este año es entender que cualquier pequeño sacrificio que hagamos por amor a nuestro prójimo y nuestro país, desafiando una enfermedad que parece invencible, vivirá en nosotros y en las de incontables otros, cuando ya el COVID sea un recuerdo…

Educadora, especialista en Mercadeo con Estudios de Políticas Públicas.

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