El hospital del circo

Hoy, a no sé cuántos días de que se necesitara, el hospital de Bukele es solo un circo, donde apenas se ha atendido una docena de personas (o menos) y en donde acaban de notar los sabios de Oriente que no hay médicos ni enfermeras, por lo que los personeros de las “nuevas ideas” andan por el mundo reclutando a quien quiera venir; y una vez más la improvisación y la ineptitud se enseñorean

Por José Miguel Fortín Magaña
Médico psiquiatra

Jun 29, 2020- 22:10

 Después de anunciar con bombo y platillo que el hospital más portentoso del planeta sería inaugurado por el presidente, en cadena de radio y televisión el señor Bukele anunció trescientas camas de Cuidados Intensivos y advirtió que habían llegado a tiempo para contener la pandemia, con aquel que ya no sería un hospital temporal sino definitivo y así, después de dos horas y pico, el universo debía quedar maravillado por la audacia del bisoño gobernante.

Lo que no se vio —acaso porque no se ha permitido la entrada de la prensa y de casi nadie, desde entonces—  son las condiciones del edificio, más allá de la remozada planta central, en donde desfiló el presidente, flanqueado por sus lugartenientes y los fotoperiodistas oficiales.

¿Por qué alguien tan ampuloso como este personaje no querría que entrara toda la gente y los periódicos a la única obra de importancia que ha hecho? ¿No resulta cuando menos curioso  que alguien acostumbrado al aplauso y a las luces hoy impidió que fotografiaran y filmaran la culminación de un hospital, por cuyo retraso ha recibido innumerables críticas? ¿Será que solo fue un telón de pantalla y detrás del plano mostrado seguían la tramoya y el desorden? ¿Será que no está terminada la famosa obra de los cien millones? Nunca lo sabremos, porque cuando la gente pueda entrar habrán pasado varias semanas o meses más.

No se entienda mal; como salvadoreños nos alegraríamos profundamente de contar con un nuevo instrumento para combatir el virus, y hubiéramos aplaudido el nosocomio si éste hubiera sido construido con transparencia y sin ocultamientos extraños. Estaríamos orgullosos si los ochenta y tantos días de terrible encierro por la cuarentena hubieran servido para prepararse y hoy tuviéramos un verdadero hospital, que hubiera sido precedido por otros de campaña; pero la verdad es otra e igual que como cuando era alcalde, hoy inauguró una fachada de mil luces, pero vacía por dentro, ya que han terminado confesando que las camas son prestadas por el Seguro Social, que no tienen personal y solo unas cuantas camas de UCI. ¡Qué terrible descaro!

Hace varios meses, cuando Bukele anunció su intención de desmantelar el Centro de Ferias y Convenciones e instalar ahí un nuevo hospital, la comunidad médica —yo incluido— le advirtió de la inviabilidad del proyecto. Solo el tratamiento de las aguas residuales y hospitalarias es un inmenso problema, así como equipar adecuadamente el inmenso proyecto, sin contar con el personal que se requeriría para tal obra.

La gran limitación es la personalidad del presidente; el hombre está enamorado de él mismo y se ve tan maravilloso a sí mismo, que lo mismo se fotografía disfrazado de anciano que de mujer joven y retocada; porque para él lo importante es verse y por eso le resulta mucho más valiosa la entrada luminosa del hospital que lo que haya dentro; y con cero conocimiento de medicina, pero lleno de soberbia, acaba de decidir que el CIFCO ya no existirá y hoy será una ciudad hospitalaria donde cada pabellón albergará una especialidad diferente. ¡Qué estupidez! ¿Esto quiere decir que cada “hospitalito” tendrá una UCI y se manejará por separado, multiplicando los costos de operación? ¿O se tendrá una Unidad de Cuidados Intensivos central tan distante de los pabellones que en lo que llega el paciente morirá?

Hoy, a no sé cuántos días de que se necesitara, el hospital de Bukele es solo un circo, donde apenas se ha atendido una docena de personas (o menos) y en donde acaban de notar los sabios de Oriente que no hay médicos ni enfermeras, por lo que los personeros de las “nuevas ideas” andan por el mundo reclutando a quien quiera venir; y una vez más la improvisación y la ineptitud se enseñorean, flanqueados por una inmensa piscina que pretendió ser “el hospital más cool de Latinoamérica”.

Delante de esto podríamos decepcionarnos hasta el tuétano, pero entonces es cuando uno vuelve los ojos al cielo y evoca la voz del Cristo; y nos sabemos confortados con el “Fiat voluntas Tua” hacia Dios, que nunca nos abandonará.

 

Médico siquiatra.

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