Dando la razón a Marx

Para describir el actual ambiente político salvadoreño doy la razón a Marx (me refiero, claro, a Groucho): “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Jul 02, 2020- 19:49

PUSIESQUE…el desarrollo de la crisis sanitaria, social, económica y democrática que hemos padecido en el último trimestre nos deja como lección el fracaso absoluto de la política millennial en El Salvador: en el país no ha servido ni para empoderar a las personas, ni para procurar el inicio de la solución de los agraviantes problemas que sufren las personas más vulnerables.
Me estoy refiriendo a la política, por supuesto, no como gobierno o como toma del poder, sino al sentido original de la idea, que proviene de latín politicus, político, que a su vez se generó el griego, que hace referencia a la ciudad, al ciudadano: por ello, la noción genuina de política se refiere al arte de vivir en sociedad, a la posibilidad de convivir de modo pacífico y razonable, procurar lo que la Constitución llama bien común.
Sin embargo, en el país, la política millennial —esa de redes sociales, velocidad de la información, participación ciudadana, etc.— ha sido, al menos hasta ahora, un fiasco total. Veamos algunos ejemplos de circunstancias y eventos acaecidos durante la crisis generada con motivo de la pandemia por COVID-19 (aunque ya se advertían signos de alarma):
Una Asamblea Legislativa (AL) minusvalorada socialmente y menospreciada por la administración presidencial que, a efectos prácticos, escasamente incide para la mejoría de la vida de las personas: reconocemos que la AL ha hecho importantes esfuerzos de transparencia y ha elaborado propuestas para, desde su ámbito de competencia, coadyuvar a sobrellevar la crisis; sin embargo, la persistencia de prácticas parlamentarias excesivamente ritualistas, la inhabilidad para informar adecuadamente a la población y, sobre todo, tanto acciones cuestionables (como el oculto, opaco y espurio acuerdo para emitir una ley de cuarentena que intentó justificar violaciones a los derechos humanos), como la incapacidad de reconocer errores, hace que la población tenga escasa –casi nula- confianza en la AL.
Una administración presidencial (CAPRES) que tiene como línea de acción el embuste (son tantos los engaños que ya le pasó como al pastorcito mentiroso: ninguna entidad seria —sea académica, sea gremial, etc.— le cree); la opacidad (por ejemplo, negar información detallada y precisa sobre las compras y gastos efectuados durante la crisis, ni se diga sobre los eventuales casos de corrupción); los insultos (es impresionante la degradación a la que CAPRES y sus acólitos ha llevado el discurso social y político, repleto de groserías barriobajeras e incluso profanando la palabra divina); y, la improvisación (a más de 3 meses, no existe un plan para afrontar la pandemia, recurriendo constantemente a cortinas de humo para desviar la atención mediática sobre las dudas y los cuestionamientos a la gestión presidencial).
Una Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (SCn/CSJ) que practica una justicia constitucional paralizada por el miedo, que se dedica —en mucho— a emitir resoluciones que no se cumplen en la realidad (las prácticamente 2,500 personas detenidas ilegalmente por incumplir la cuarentena han vivido en carne esa parsimonia e ineficacia jurisdiccional) y sentencias meramente declarativas (incomprensible inactividad y tardanza que han permitido que el inconstitucional y babélico andamiaje normativo dispuesto por CAPRES se haya aplicado y se siga aplicando en la realidad).
Y, con franqueza, muchos ciudadanos en redes sociales han perdido la oportunidad de participar activamente en sociedad, ya que en lugar de proponer, cuestionar y criticar, su lenguaje se reduce a repetitivos improperios e injurias (además de mal escritos).
Por todo ello, para describir el actual ambiente político salvadoreño doy la razón a Marx (me refiero, claro, a Groucho): “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Abogado constitucionalista.

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