Los muros solo frenan el desarrollo de la humanidad

Cuando se erigen barreras físicas para frenar la inmigración entre los pueblos solo se siembra más rechazo que cosechará más intentos y estrategias para cruzarle. Incluso es una pérdida de dinero y recursos que bien se pueden utilizar directamente para atacar las causas o raíces profundas que provocan dicha inmigración forzada.

Nov 08, 2019- 19:15

Este 9 de noviembre se conmemora la caída del Muro de Berlín (Berliner Mauer), una barrera de concreto y alambradas levantada del 12 al 13 de agosto de 1961.
Cuando la Segunda Guerra Mundial finaliza en 1945, Alemania se dividió en dos secciones: Alemania Occidental (Oeste) y Alemania Oriental (Este). Esta última se regía bajo el liderazgo soviético. Durante los siguientes 15 años, más de 3 millones de alemanes que vivían en la República Democrática Alemana o Alemania del Este no deseaban habitar bajo el régimen comunista. Lógicamente huían hacia Alemania del Oeste o a otros países europeos. Especialmente emigraban aquellos alemanes calificados con altos conocimientos técnicos, artísticos e intelectuales. Estos alemanes de alta excelencia profesional no tenían oportunidades para ejercer sus ocupaciones de manera libre y con salarios remunerados dignos. Para evitar la fuga de cerebros y de más población, la respuesta de Alemania Oriental fue construir un muro.
Inicialmente, la muralla original fue construida con bloques de cemento y alambre de púas, pero con los años se fue reforzando con una serie de muros de concreto reforzados de más de 5 metros de altura, custodiados con vigilancia a través de torres de observación, militarización armada, policías y la tecnología de seguridad más avanzada de dichos años. La orden era capturar, disparar y matar a cualquiera que deseara rebasarlo. Alrededor de ciento cincuenta kilómetros de la llamada “Cortina de Hierro” no pudieron impedir que entre 1961 y 1989, más de 100 mil alemanes intentaran atravesarlo. Alrededor de 5 mil lograron hacerlo, pero otros miles fueron capturados o sacrificaron su vida buscando su libertad.
Cuando el liderazgo comunista de la Alemania Oriental fue derribado en octubre de 1989, el gobierno no tuvo más salida que abrir sus fronteras. Oficialmente por decreto, el célebre paramento de Berlín dejó de funcionar no solo como barrera física entre el Este y el Oeste de Alemania, sino también se derrumbó la fortificación político-ideológica que les separaba.
Mi reflexión al respecto es irrefutable por la historia: en general, los muros nunca son buenos. Cuando se erigen barreras físicas para frenar la inmigración entre los pueblos solo se siembra más rechazo que cosechará más intentos y estrategias para cruzarle. Incluso es una pérdida de dinero y recursos que bien se pueden utilizar directamente para atacar las causas o raíces profundas que provocan dicha inmigración forzada.
Construir muros es más que un desperdicio. Es como dar jarabe anti-gripal a un paciente con cáncer. La única manera de curarlo es con tratamiento anti-cancerígeno. Todo lo demás es una inversión tirada a la basura.
Hay mucha tela que cortar en cuanto al fenómeno de inmigración de países pobres hacia los países ricos. Sin embargo, las causas principales son huir por la violencia (o guerras civiles), la pobreza y la falta de oportunidades para salir de la miseria; y los desastres naturales que acaban con el ecosistema de las poblaciones. Los seres humanos no dejan su tierra porque les da la gana, lo hacen porque su vida no puede desarrollarse con esperanza hacia un futuro de prosperidad.
Nadie quiere dejar un país que ofrece las circunstancias propicias para desarrollarse. Nadie quiere dejar la dicha bendita de vivir en paz con posibilidades de evolución económica. Por lo anterior, la única forma que El Salvador tiene para impedir sus flujos migratorios, es brindando en su propia patria más de lo que los salvadoreños buscan en Estados Unidos.

MBA-MEng CEO-Fundadora de Eleonora Escalante Strategy.

www.eleonoraescalantestrtegy.wordpress.com

Te recomendamos

Movistar FOTOS: Conoce la centenaria mansión de un expresidente que desafía el paso del tiempo en Soyapango
Movistar El caso Milli Vanilli: a 29 años del fraude más grande en la historia de la música pop
Movistar Nerissa y Katherine, las primas ocultas de la reina Isabel que murieron encerradas en un hospital psiquiátrico

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad