¿La Patria?

¿Qué patriotismo es ese? El creer que poner banderitas, escribir de amor a la Patria en las redes sociales y gritar insultos a los países que juegan contra “la Selecta” son demostraciones de gran patriotismo mientras no hacemos nada para conectar a todos los salvadoreños en una red de cultura y conocimientos que realmente nos desarrolle es una degradación del concepto de patriotismo.

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Sep 19, 2019- 19:31

Como pasa todos los años, septiembre está transcurriendo en medio de carros con banderas izadas en las puertas, de desfiles de bandas de guerra y de azucaradas declaraciones de amor a la Patria en periódicos y redes sociales. La competencia por decir más y más melosas cosas sobre El Salvador es tal que un marciano que aterrizara en medio de esta orgía patriótica pensaría que nos amamos con tanta ternura que, sin duda, vivimos en un ambiente de gran armonía, cero crímenes, discusión política de altura, tráfico lleno de cortesía, gran interés por tener sistemas de salud y educación que aseguren el bienestar de la población, atención muy prioritaria para los niños y otras características de sociedades que se preocupan seriamente por su población, porque, al fin y al cabo, ¿qué es la Patria si no su gente?

Esta impresión, sin embargo, no duraría mucho. Muy pronto se daría cuenta de que la realidad es completamente al revés, que hay muy poca, si es qué hay alguna, discusión de políticas en las redes sociales, en donde los temas políticos se reducen a intercambios de insultos y expresiones de odio que a la Patria no le ayudan, solo la disminuyen; que el tráfico en las trabazones consuetudinarias es un escenario para amenazantes agresividades; que aunque recientemente los asesinatos parecen haber disminuido, El Salvador ocupa un lugar siniestro en la lista de los países con más muertes criminales en el mundo; que como sociedad hemos descuidado la educación espiritual y material y la salud de nuestros jóvenes y adultos y que a causa de esto estamos pagando un precio increíblemente alto en términos de desarrollo económico, de violencia y de miseria emocional.

Peor todavía, quejándonos como nos quejamos de todos los problemas que tiene nuestro país, no hacemos nada para que las nuevas generaciones no pasen por lo que las actuales están pasando. ¿Qué patriotismo es ese? El creer que poner banderitas, escribir de amor a la Patria en las redes sociales y gritar insultos a los países que juegan contra “la Selecta” son demostraciones de gran patriotismo mientras no hacemos nada para conectar a todos los salvadoreños en una red de cultura y conocimientos que realmente nos desarrolle es una degradación del concepto de patriotismo.

Desgraciadamente, en medio de todo este “patriotismo” no hay una discusión seria de cómo vamos a salir del subdesarrollo que nos asfixia. Lo único que se discute son políticas de corto plazo para satisfacer algunos segmentos políticamente poderosos en la sociedad. Algunas de estas políticas pueden ser buenas o malas para el país, pero, en general, no están enfocadas a causar la transformación de largo plazo que nos convierta en un país en camino al desarrollo. Esto requiere una discusión de largo plazo orientada a producir en unos veinte o treinta años un país diferente al que tenemos, en el que todos tengan la oportunidad de tener buena salud y una educación que les permita vivir dignamente en la economía del conocimiento. Contribuir a que esto pase es hacer Patria.

Como lo he comentado varías veces en estas columnas, el país puede movilizar los recursos necesarios para invertir en los niños que están por nacer ahora para que tengan un cambio cualitativo en su preparación, de modo que dentro de treinta o cuarenta años sean la primera generación que podrá enfrentarse con éxito a la economía del conocimiento. Esa inversión puede mantener y expandir el país con las generaciones posteriores, como lo han hecho Costa Rica, Chile, Uruguay, y antes que ellos todos los países desarrollados del mundo. Esa estrategia sería cara y requeriría grandes esfuerzos, pero el no ponerla en práctica sería todavía más caro en términos de falta de desarrollo económico, de desperdicio de talentos de niños que podrían llevar una vida digna y se verían obligados a vivir como las generaciones actuales, y en los de una gran abundancia de conflictos, vicios y crímenes en la que vivimos ahora.

Los gobiernos, incluidos éste, hablan de esto pero no lo vuelven realidad porque la gente, los supuestos patriotas, no están interesados. Ya es hora de que los salvadoreños acompañemos las cursilerías patrioteras con un apoyo firme a la inversión en nuestra población, que es la única manera de demostrar el verdadero amor a la Patria.

Máster en Economía Northwestern University

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