OPINIÓN: El pueblo subyugado

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

May 21, 2020- 17:56

El lunes pasado, en una conferencia de prensa en una bodega en San Bartolo el presidente reafirmó que El Salvador ya no es una república democrática sujeta al imperio de la ley sino una tiranía en la que él tiene concentrados en su persona todos los poderes del Estado. Hay mucha gente que todavía discute si ha dado o no un golpe de Estado para establecer esta tiranía. Estas discusiones son obsoletas. Hace ya muchas semanas que el presidente dijo a todos los vientos que él no iba a permitir a 5 personas de la Sala de lo Constitucional le indicaran qué hacer con el coronavirus, con lo que descalificó al Poder Judicial.

Todo esto pasó después de su intento de militarizar la Asamblea el 9F. Desde entonces, el presidente trata a los otros dos poderes con una notoria falta de respeto, en un esfuerzo de trasmitirle la falta de respeto a la población. El desconocimiento final vino cuando la Sala le ordenó que le hiciera caso a una ley emitida por la Asamblea, que él no quería acatar, y que no acató. Ya desde ese momento él no reconoció a los otros poderes. El golpe estaba dado.
Así, lo que único que hizo el presidente en esa bodega, en ese lunes fue reafirmarlo con actos concretos. Hasta ahora mucha gente ha creído que eso de los tres poderes no tiene ninguna aplicación en la vida real, que es una cosa abstracta, de abogados y de profesores de tercer grado. El presidente mostró lo que es al decir que él no va a pagar los gastos de los poderes Legislativo y Judicial. Con esas palabras, el presidente se arrogó, sin que se oyera una sola protesta, el poder de decidir en qué gasta el gobierno los impuestos de la gente. Nadie pareció darse cuenta de que al arrogarse este poder económico él está concentrando en sí mismo todo el poder político.

Con el poder de ahogar económicamente a los otros poderes, la Fiscalía y la Corte de Cuentas, él puede poner nuevos impuestos, decidir en qué gastar, y eliminar la posibilidad de una auditoría independiente. El presidente todavía no lo ha hecho, pero ya lo dijo, y su conducta cotidiana ha sido ir hablando de sus violaciones a la Constitución para ir acostumbrando al pueblo, para luego violarla.

Este poder absoluto, económico y político, es la marca de las tiranías. En el extranjero, periódicos, revistas, noticieros de televisión, gobiernos e instituciones internacionales no se tapan la boca para hablar de que el presidente está destruyendo la separación de poderes para crear una tiranía. Con pocas y honrosas excepciones, los que se la tapan, los que hablan de todo menos de esto, los que creen que lo único que se está jugando aquí es una estrategia para tratar con el coronavirus, son los salvadoreños.

Esta nueva tiranía es una fuente de vergüenza para nosotros en el mundo entero porque los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. La gente se pregunta, ¿Por qué se dejan? ¿Qué tipo de pueblo es éste, que ni siquiera gime mientras le ajustan más y más las cadenas? ¿Por qué en vez de protestar y defender las instituciones democráticas se esmeran en hablar de otros temas mientras se arrodillan ante la tiranía, como si la represión fuera normal o pudiera ignorarse? Usando el poder de apretar a unos sí y a otros no, el presidente está dividiendo a los sectores que podrían defender la democracia, para luego destruirlos uno por uno, porque en la lógica del poder el tirano no puede dejar con vida activa a nadie que se le pueda oponer.

Parecería que estábamos bien equivocados con el pueblo salvadoreño, creyendo que quería ir hacia un futuro nuevo, más moderno, igualitario y libre que el mundo de ahora. Creímos que amaba la libertad. Más bien, parece que piensa que el país es una finca, que tiene un dueño, que es el presidente, y que ese dueño es bravo, y que, siendo dueño, tiene todo el poder de usar los recursos del Estado como quiera, y que lo mejor es estar bien con él y rendirle pleitesía y hablar sólo de las cosas que él quiere que se hable. ¿Es que el pueblo ya se dejó subyugar por esta nueva tiranía? ¡Qué fácil está siendo! Así cayeron Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Máster en Economía
Northwestern University

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