Hacia la anarquía

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Abr 30, 2020- 20:23

Como un jugador de naipes que toma apuestas cada vez más peligrosas, en los últimos días el Presidente ha ido tomando decisiones que ponen al país en situaciones cada vez más complejas, formando una madeja en la que la solución de unos problemas requiere la solución de muchos otros, que cada vez son más y más, tantos que parece que el caos se va a tragar al país. Y en realidad, si seguimos así, se lo va a tragar. La anarquía aparece no sólo cuando la gente se rebela, sino también cuando los problemas se van de las manos. Y eso es lo que está pasando en El Salvador porque los problemas, creados pero no atendidos por el gobierno, van tomando vida propia.
Ominosamente, las apuestas que el gobierno toma involucran cada vez más la coerción militar, sin importar la naturaleza original de los problemas. De esta forma, el gobierno no ha enfrentado su falta de capacidad técnica con un programa para mejorar el sistema de salud. En vez de eso, ha convertido el problema de salud en uno de una supuesta operación militar aplicada en contra de sus propios ciudadanos.
Así cuando el gobierno se refiere a la pandemia, no lo hace listando acciones que va a tomar para entrenar mejor a los equipos médicos y proporcionarles mejores dispositivos y medicinas, sino con amenazas de lo que le hará a los que no cumplan con la cuarentena, que cada vez se vuelve más aterrorizante para los ciudadanos. Cuando se le habla de que hay otros problemas que resolver, responde diciendo, sin ninguna lógica, que los que dicen eso son gente que quiere matar al pueblo porque lo único que hay que hacer para salvarlo es mantenerlo encerrado en albergues que son realmente centros de contagio y negligencia. Esto recuerda el adagio anglosajón que dice que si lo único que tienes es un martillo todo te parece un clavo. Si lo único que sabe es reprimir, el gobierno convierte todo en un problema de represión para poder pretender que está haciendo algo.
Pero el uso del martillo tiene costos enormes. No sólo no resuelve problemas en donde lo que se necesita no es un martillo sino algo muy distinto, sino también está destruyendo estructuras e instituciones que son esenciales para el funcionamiento y el progreso del país. Así, el haber convertido el problema de salud en uno de cerrar la sociedad está resultando en un aumento gigantesco de la deuda, que va a requerir una recuperación rápida y eficiente para poder pagarse y minimizar la pobreza, pero la conversión del problema de salud en uno militar elimina la posibilidad de cohesionar al pueblo en un proyecto que invite a la libertad, la unidad y la recuperación económica. En esta dinámica autodestructiva el Presidente está perdiendo el contacto con la realidad. Él parece pensar que todo está bien porque, diferente a todos los otros presidentes centroamericanos, no ha puesto un pie ni en los hospitales ni los albergues, ni en los barrios en los que vive la gente que no tiene ingresos pero sí necesidades y que tiene que arriesgarse a salir porque tiene que darles de comer a sus hijos.
Para poder ignorar así la realidad de los ciudadanos que sufren de su abuso de poder, el Presidente no solo ha violado la Constitución al no reconocer los otros poderes del Estado sino que se ha negado a aceptar que pueda haber un poder por encima de él, al menos en esta tierra. De esta forma, está rechazando el concepto de gobierno constitucional y está regresando a las ideas que alegaban la existencia del derecho divino de los reyes a gobernar como les daba la gana, en este caso no por ser rey sino por ser él.
Mucha gente se pregunta qué hay que hacer. No hay que engañarse. El tronco del que salen todos estos problemas es la destrucción de la institucionalidad democrática del país. De allí es que sale la incompetencia, la dinámica que lleva al absolutismo y el creciente caos de una realidad que se rehúsa a hacer caso a tweets cada vez más perturbados. Si esas instituciones se mantienen, habrá más orden, habrá más personas tomando decisiones responsablemente, y los problemas se irán resolviendo poco a poco. Si no sobreviven estas instituciones, la locura tomará el país, y el caos más primitivo dominará nuestro futuro.

Máster en Economía

Northwestern University

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