OPINIÓN: Ese pecado no lo cometí

Hemos visto que la empresa privada se doblegó y la Asamblea claudicó. Todos debemos hacer de nuestra parte lo mejor para impedir que se dé eso en el futuro.

Por Fabio Castillo
Abogado

May 07, 2020- 20:19

He solicitado de parte de El Diario de Hoy esta intervención, no como un derecho de respuesta, sino como una aclaración a una publicación de la señora de López Andreu y un comentario del doctor Miguel Fortín en el sentido de que yo apoyé a Nayib Bukele en su recién pasada elección como Presidente de la República.

Debo aclarar que ese pecado no lo cometí. Yo apoyé a Hugo Martínez. Es cierto que yo dije que si Hugo no pasaba a segunda vuelta y Nayib y Carlos Calleja pasaban a segunda vuelta yo hubiera votado por Nayib. En efecto, en esas circunstancias se hubiera dado la contienda entre el hijo del hombre más rico del país y el hijo del hombre más inteligente del país. Yo tengo respeto y admiración por la inteligencia, y al dinero le tengo temor. Por eso, sin duda alguna, me hubiera inclinado por Nayib. Hay que aclarar una cosa: Nayib no es que sea un pobre, tiene sus centavitos también. Y Carlos Calleja no es que sea tonto, tiene también su talentito. Pero a mí me parecía mejor Nayib que Carlos Calleja. Sin embargo, no tuve necesidad de escoger porque Nayib ganó en primera vuelta.

Así pues, no cometí el error de haber votado por Nayib. Ese error lo cometieron más de un millón de salvadoreños. A ellos les pueden atribuir la situación actual, pero no a mí.

Debo decir también que yo no padezco ni de aversión ni de fanatismo con respecto a Nayib. Yo he procurado apoyarlo en las cosas que me parecen correctas y convenientes. Y no lo he hecho en aquello que me parece o no muy correcto o inconveniente. Prueba de ello es que El Diario de Hoy me hizo un reportaje con respecto a los proyectos de construcción de mercados, cuando él era alcalde de San Salvador y yo era primer concejal. No lo apoyé. Y así también en otras cosas.

Cometí algunos pecados que voy a reconocer aquí:

En primer lugar, lo apoyé en el caprichito de cambiar el Escudo de San Salvador, cuando el Escudo original había sido diseñado por un gran artista: don José Mejía Vides. Y yo apoyé la nueva versión del Escudo, en la que Nayib ya empezaba a hacerse propaganda ocupando un celeste característico en el diseño del Escudo.

Cometí el error de votar por los parientes de él en los cargos que tuvieron en la alcaldía. Él insistía en que no recibirían salario, y, en efecto, no lo recibieron, pero sí ejercieron poder. Y no es el salario el que importa en estos casos, sino el ejercicio del poder por parte de parientes del funcionario, llámese alcalde, llámese Presidente de la República. Me acuso de haber cometido ese pecado. Lo llevo en mi conciencia y hoy veo, ya en la Presidencia de Nayib, la problemática de ese tipo de cosas.

He insistido en que me encanta la capacidad de decisión de Nayib, pero no me gusta que, una vez decidido algo, no lo mejore, no lo corrija, no lo enmiende o no lo deje de aplicar cuando se da cuenta de que los resultados no son los esperados. En un caso, por ejemplo, con el Ministerio de Salud, me agradó mucho cuando nombró al nuevo ministro, al doctor Alabí, que me parece que cuando era viceministro ya se había ganado su ascenso porque él fue el que ejerció la jefatura del combate al coronavirus. Sin embargo, ya en el cargo el doctor Alabí ha demostrado caer en la incondicionalidad con respecto a Nayib, dando explicaciones absurdas sobre los errores cometidos.

Veamos: con los desórdenes que ocurrieron en los CENADE, bastaba con que hubieran dicho: Señores, nos equivocamos, el método que ocupamos no era el adecuado, pero hemos corrido y vamos a ocupar otro método. El doctor Alabí se empeñó en decir que la salida de la multitud de salvadoreños que se aglomeraron “no era un peligro de contagio para la población”, contradiciendo así el gran argumento para mantenernos a los demás encerrados en casa. Entonces yo sugeriría que el doctor Alabí de ahora en adelante se despreocupe de justificar los actos del Presidente y se ocupe de aplicar eficazmente las medidas de combate al coronavirus.

He notado que algunas declaraciones tienden principalmente a provocar un pánico en un nivel injustificado en la población. De acuerdo con las proyecciones exponenciales de las que hablaba el presidente en sus primeras intervenciones, a finales de mayo tendríamos infectada a la mitad de la población de El Salvador, y no siguió en la proyección exponencial —le llamó él— porque se le acababan los salvadoreños. A finales de mayo íbamos a tener tres millones y medio de salvadoreños infectados. Según sus proyecciones, siete días después ya no alcanzaban los salvadoreños para los números de infectados. Nos hubieran tenido que prestar habitantes Honduras y Guatemala.

La impresión que me da y la conclusión a la que he llegado es que esas cifras exageradas se hicieron con la finalidad de ocupar, en el futuro, un eslogan propagandístico en el sentido de que esas cifras no se hicieron realidad debido a las medidas que tomó el gobierno. Y en ese sentido me parece totalmente injustificado que nos hayan mantenido a todos los salvadoreños en un clima de temor, casi, de terror, de inseguridad y de angustia por lo que el Señor Presidente pronosticaba. La verdad es que los resultados de la pandemia, si bien son lamentables en todo sentido, no son lo apocalípticos y catastróficos que el Gobierno de la República nos ha querido hacer ver con el objeto de justificar cualquier medida que tome. Veamos: tengo años de estar diciendo que en los Estados Unidos basta que el presidente ocupe la frase “seguridad nacional” para justificar cualquier tipo de medidas. Aquí parece que hemos tomado ese mal ejemplo, pésimo ejemplo de los gobiernos estadounidenses, y ahora creen que con decir “pandemia” están justificados para adoptar cualquier tipo de medidas. No, señores. Ni están facultados para adoptar todo tipo de medidas ni las medidas que adopten pueden ser permanentes, a menos que demuestren la eficacia y la conveniencia de mantenerlas.

En este momento la Asamblea Legislativa ha aprobado un decreto que se va a convertir en ley que manifiestamente limita derechos constitucionales, sin estar declarado el régimen de excepción. No importa que se haya aprobado con 56 votos, simplemente se ha sentado un precedente en el sentido de que en el futuro con 43 votos podrán aprobar un decreto semejante, introduciendo en nuestra vida un régimen de excepción llamado de otra forma.

La aplicación por parte del Ejecutivo de lo aprobado por la Asamblea llega a los límites de una burla con las instituciones y con la población.

Muchos tenemos el temor de que en el 2021 Bukele y sus aliados obtengan una mayoría absoluta y ya con eso podrían otorgar poderes dictatoriales al presidente Bukele. No sé si por ser del Frente voy a hacer esta afirmación: entre Nayib y la tiranía solamente se encuentra el Frente y la Sala de lo Constitucional. Espero que el Frente continúe actuando como hasta el momento, y la Sala se mantenga firme en la defensa de nuestros derechos constitucionales. Hemos visto que la empresa privada se doblegó y la Asamblea claudicó. Todos debemos hacer de nuestra parte lo mejor para impedir que se dé eso en el futuro.

Para terminar, voy a romper mi propósito de no dar consejos y le voy a decir a Nayib que se deslinde de tres personas que vulgarmente lo apoyan de manera incondicional. Los tres provienen de los bajos fondos de ARENA. Esto no es un ataque para ARENA, cuya gran mayoría de militantes son personas correctas. Entre esos tres seguidores vulgares se encuentra uno con respecto al que larga experiencia en la vida me ha indicado que cuando un hombre se fija en las preferencias sexuales de otro hombre, reales o supuestas, por algo es.

Me encantaría pedirle al doctor Fortín Leiva, como siquiatra, y al licenciado Jorge Castrillo Hidalgo, como sicólogo, si pudieran analizar esas fijaciones, son fantasías, deseos, frustraciones o remordimientos en lo más profundo de la oscura conciencia de ese personaje, pero siento que yo mismo estoy cayendo en vulgaridad y en mi familia, por muchas generaciones, nos ha repugnado la vulgaridad. Así que no me volveré a referir a él.

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