Perplejidades migratorias

“La vida debería ser mejor y más rica y llena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que proviene”

Abr 06, 2021- 21:03

Cada día decenas o cientos de personas buscan el “sueño americano”, llegar a Estados Unidos, obtener un empleo, el que sea, educar sus hijos en un sistema de Primer Mundo, obtener un estatus migratorio legal y estable y, ayudar a sus familias enviando remesas, para luego intentar que todos se reunifiquen.
Migrar es un derecho y está íntimamente ligado a la condición de libertad de autodeterminación y movilidad o desplazamiento del ser humano. Migrar es una búsqueda de un entorno mejor o también una expresión del huir de un escenario adverso.
Pero antes de seguir, veamos algunas hipótesis perversas, pero reales y posibles:
1.- Mucha gente migra por la inseguridad y por la violencia, pero el camino del migrante es sumamente peligroso y mucha gente pierde la vida…; y al llegar a Estados Unidos los perseguirá el ICE, entonces ¿es realmente la inseguridad una motivación para migrar?
2.- Otros migran por la situación económica y la falta de oportunidades laborales, pero al llegar a Estados Unidos la situación no es nada fácil, les toca vivir en lugares hacinados y trabajar de sol a sol, pagan mejor que aquí, pero el trabajo es muy duro, por su condición migratoria les toca asumir posiciones de trabajo básicas y duras; ¿si trabajaran aquí con la misma intensidad nos les fuera igual de bien?, ¿las remesas se utilizan para mejorar las condiciones de vida o para consumo?
3.- El discurso racista de Donald Trump sacó a la luz lo que muchos estadounidenses pensaban, pero les daba vergüenza externarlo: los afroamericanos, los asiáticos y los latinos no son seres humanos; son “bad hombres”, un mal necesario de la economía, y sus países de origen son “Shithole”, a pesar de ello ¿quieren ir a vivir en un país mayoritariamente racista en dónde no son bienvenidos?
Una cosa fue migrar entre los años 60 y 80, pero a partir de los 90 la situación ha cambiado y mucho. La primera ola de migrantes estuvo asociada al conflicto armado y tenía una lógica muy poderosa. Además, sí existía un “sueño americano”, un lugar de oportunidades, en donde la institucionalidad funcionaba y se vivía una plena democracia. Por si fuera poco, Estados Unidos era vendido al mundo como el modelo occidental capitalista, frente a sus adversarios de la Guerra Fría de corte marxista.
La migración es multidimensional y multicausal; cada migrante es una historia única y personal. Pero si hay algo que tiene peso son los vínculos familiares, más que sobre otras motivaciones económicas o de seguridad. Una forma de resolver el problema migratorio podría ser condicionar la regularización migratoria, dando documentos a todos lo que ya están residiendo en Estados Unidos a cambio de una sola condición: evitar que los demás familiares inicien la migración, salvo casos muy justificados (reunificación de padres, madres e hijos (as) no más).
El dinamismo migratorio también tiene a la base una “conducta contagiosa” y una “satisfacción vicariante”; el ser humano es inquieto y social, está en una búsqueda permanente de bienestar y, tiende a replicar historias de éxito. La gente se contagia, conversa e imita comportamientos. Pero también se proyecta en ideales imaginarios.
No debemos olvidar que el concepto de “Sueño Americano” es un constructo del historiador James Truslow Adams (1931), quien lo definió de esta manera: “La vida debería ser mejor y más rica y llena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que proviene”. Así, Estados Unidos se autodefine como una tierra de abundancia, de oportunidades y de destino para todos.
A pesar de lo anterior, tanto Martin Luther King Jr., en su “Carta de una cárcel de Birmingham” (1963), como Barack Obama “The Audacity of Hope: Thoughts on Reclaiming the American Dream” (2006), señalan que el sueño americano es una tarea pendiente para las propias comunidades afroamericanas.
A Estados Unidos han llegado refugiados de todas las guerras y ocupaciones habidas y por haber, en las cuales fueron parte como financistas o como policías globales:Corea, Vietnam, Nicaragua, El Salvador, Somalia, Irak, Haití, Panamá, Puerto Rico, Líbano, Cuba, Camboya, Bosnia, etcétera. Puede que se sientan responsables por esta “ayuda” y tengan la obligación moral de generar espacios a los que huyeron de los horrores de la guerra.
En fin, el problema sigue abierto y sin resolver; la gente sigue migrando rumbo a Estados Unidos, hasta en caravanas, y se está montando la peor crisis humanitaria en la frontera sur entre Estados Unidos y México. Seguramente la comunidad científica tenga una respuesta, aunque siempre se oponen los intereses políticos y electorales.

Investigador Educativo/ opicardo@asu.edu

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