Previniendo el acoso escolar

De seguir con este espiral de violencia en las redes pronto el acoso cibernético puede crear situaciones que lamentar, además de destruir del todo un tejido social que se encuentra ya de por si, tremendamente desgastado.

Abr 07, 2021- 19:53

Hace unos días compartí un artículo que había escrito para este rotativo con un grupo de mujeres y, al leer sus comentarios, les pedí que si tenían temas sobre los cuales quería que escribiera, que los sugirieran. Unos minutos más tarde me llegó un mensaje a mi buzón “Estimada Carmen, quisiera que escribiera sobre el acoso escolar. A mi hija la han estado acosando e incluso le han hecho amenazas de muerte por inbox”.
Me enviaba un número de teléfono, al cual llamé, segura que estaba tratando con un caso de tercer ciclo o de bachillerato. Para mi horror, era una niña de cuarto grado. Sin siquiera estar en clases presenciales, sus compañeros la habían comenzado a acosar cibernéticamente, escalando desde insultos enviados por WhatsApp, pasando por burlas y terminando con la amenaza de muerte. Se imaginaran las ganas que esta niña tiene de regresar a las clases presenciales.
Unos días después me encontraba en un mercadito de emprendedores. Estaba platicando con una madre de familia sobre el tema de regreso a clases. “Hoy fuimos al colegio, y se escondía detrás de mí”, me dijo con preocupación. “No se siente cómoda”. Era fácil ver que no quería ver a sus compañeritos.
Es obvio que la cuarentena, el encierro y muchas de las circunstancias que son efectos de la pandemia han causado serios problemas de ansiedad y depresión en niños, adolescentes y adultos. Y también es cierto que el acoso cibernético no es nada nuevo. Sin embargo, es preocupante que el mismo se este dando cuando, como decía, los niños no estén físicamente en el salón de clases y que este ocurriendo a edades tan tempranas.
La razón, para mí, viene de la exposición a las redes y la manera que nosotros los adultos estamos manejando el discurso en las mismas. Eternamente, los procesos políticos de El Salvador han sido irracionales: tandaladas de insultos, acusaciones y desprestigios. Pero en estos últimos meses, hemos, creo, sobrepasado los límites. Los militantes de un partido mandan amenazas de muerte y dicen que no van a negociar con los otros diputados y les ponen un apodo. Los del otro partido insultan, los del otro partido sacan trapos al sol. Los ciudadanos comunes y corrientes sacamos el mejor francés y los peores deseos para un lado o el otro. Y los niños imitan. ¿Ustedes creen que para muchos ya la idea de insultar a una niña o amenazar a muerte a un compañero no se ve como algo normal si lo hace un político? El ambiente de violencia en la arena política se vierte a lo social, incluidas las escuelas. Es hora de que, al menos, nos comportemos decentemente en ese ámbito.
Por otra lado, hay un uso indiscriminado de las redes sociales por parte de los niños. De nuevo, cuando se está encerrado es fácil dar un celular para que se entretengan un rato y no griten. Pero muchas veces no se supervisa el uso que le dan a las redes. A mí, en lo personal, me parece absurdo que los padres dejen que sus hijos pequeños -y adolescentes- oigan y vean lo que quieran. Tenemos a una generación entera escuchando música con un alto contenido sexual, viendo películas con un alto contenido de violencia, carentes de una disciplina positiva, porque o no hay límites o hay abuso, y que, además, viven en un mundo de influencers y tik tokers que dan una imagen distorsionada de la realidad. Todo esto se lleva también a la escuela. No importa cuán cara sea una institución educativa, pero si desde la casa no se enseñan valores y se establecen límites, no se van a aprender allí.
Si queremos un nuevo El Salvador, tenemos que comenzar por comportarnos como adultos los que somos adultos. Y es necesario que los padres (desafortunadamente, para mí, pues no debería ser así) expliquen que muchas de las conductas que se ven en las redes, especialmente dentro de la política, no son correctas. Tambien es de darnos cuenta de que lo que se hace para ganar un curul puede afectar a nuestros niños, a nuestro futuro. Todo político debería ser un ejemplo a seguir, pero de no serlo, debería ser un tema de adultos. De seguir con este espiral de violencia en las redes pronto el acoso cibernético puede crear situaciones que lamentar, además de destruir del todo un tejido social que se encuentra ya de por si, tremendamente desgastado. Nunca hay que olvidar esta premisa: “Los niños son imitadores por naturaleza”.

Educadora, especialista en Mercadeo con Estudios de Políticas Públicas.

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