Resultados electorales: síntesis de intereses intergeneracionales

Al momento de votar por un candidato, hay que procurar que no solo luche por nuestros ideales e intereses, sino que también esté dispuesto a reconocer los de otros grupos y a hacer consensos para alcanzar el mayor bienestar común

Por Jorge Fernando Canizalez
Estudiante ESEN

Feb 23, 2021- 05:45

Hoy en día es bastante común que se desestime la opinión política de los jóvenes por el simple hecho de serlo. En respuesta a nuestras críticas y posiciones, recibimos comentarios como “¿qué saben ustedes de política si no han vivido los 30 años de corrupción de ARENA y el FMLN?”. Es cierto, los jóvenes de hoy no tuvimos que lidiar con los problemas que otras generaciones sí, pero eso no invalida nuestros intereses y nuestras opiniones, solo las hace diferentes. Del mismo modo, varios jóvenes menosprecian el juicio de generaciones más adultas por considerarlas anticuadas o basadas en el resentimiento político. Sin embargo, independientemente de la edad, lo que debemos entender es que cada grupo etario tiene sus fortalezas y sus debilidades, sus necesidades e intereses, y que todos tienen derecho a hacer valer sus opiniones y a buscar representación en los funcionarios del estado. Una democracia representativa, como la nuestra, posee una característica sintética, la cual procura la pluralidad de ideas y de contextos en la que se generen debates y acuerdos de provecho para la sociedad.

Ahora bien, es obvio que al momento de votar cada quién vela por sus propias necesidades; después de todo, ¿por qué usaríamos nuestro voto para procurar que se cumplan los intereses de alguien más? La respuesta es por estrategia, responsabilidad y solidaridad. Si le preguntamos a cada grupo etario cuáles son sus necesidades, las opiniones pueden ser bastante distintas. Para los jóvenes universitarios, la prioridad puede ser la educación y la inclusión social; para los adultos, el empleo; y, para los adultos mayores, la salud y la seguridad social. Sea como sea, solemos estar tan empecinados en validar nuestras propias opiniones y librar nuestras propias batallas que ignoramos los beneficios y la importancia de escuchar lo que otras generaciones tienen que decir.

Tomemos por un momento el ejemplo de la seguridad social. A muchas personas recién jubiladas o a punto de estarlo les convendría un sistemas de pensiones mucho más generoso, lo cual es por supuesto entendible. Sin embargo, debido a los costos de transición, hacer una reforma de este tipo sin antes mejorar el sistema económico y fiscal del país sería una carga tributaria monumental para las generaciones que les siguen a los beneficiados. Sería simplemente insostenible. Esto no quiere decir que no deba haber un intento de mejorar la situación de los pensionados, sino que dichas políticas no tienen por qué poner en riesgo el futuro de otros. Lo mismo ocurre con la abrumadoramente creciente deuda pública de El Salvador; es normal que un gobierno recurra a ella, pero no se puede explotar este recurso a tal punto que no pueda usarse en el futuro. Del mismo modo, los proyectos que beneficien a los jóvenes no deben por qué minar las posibilidades de la población mayor.

Se trata, pues, de responsabilidad intergeneracional. Pero, si eso no es suficiente para tomar en cuenta las opiniones de otros grupos etarios, siempre vale la pena hacer uso de la razón. Por ejemplo, queramos o no, el futuro de los jóvenes de hoy depende muchísimo de la estabilidad económica y social de la población mayor. Mejores empleos para las personas entre 40 y 60 años, con un mejor ingreso y una mejor seguridad social implica que muchos trabajadores se jubilarán a la edad que les corresponde, en vez de seguir laborando en puestos que podrían ser relevados por jóvenes. Del mismo modo, cuando estos trabajadores se jubilen, la economía del país dependerá de los jóvenes y las condiciones que las generaciones previas les hayan dejado. Para este punto, es claro que existe una codependencia intergeneracional.

Aceptar que existe responsabilidad y codependencia requiere de humildad, ni ser jóvenes nos hace invencibles ni ser viejos nos hace sabios (o al menos no necesariamente). Por ello, al momento de votar por un candidato, hay que procurar que no solo luche por nuestros ideales e intereses, sino que también esté dispuesto a reconocer los de otros grupos y a hacer consensos para alcanzar el mayor bienestar común. Lo único que se necesita para que las ideas de dos generaciones sean totalmente excluyentes es que una censure a la otra. La lección al final del día es que, independientemente de nuestra edad, nuestras decisiones políticas deben estar cargadas de razón, respeto, debate y solidaridad; solo así los resultados electorales reflejarán una verdadera síntesis de nuestros intereses individuales y de grupo de una misma sociedad.

Estudiante de Licenciatura en Economía y Negocios, ESEN

Miembro del Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

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