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María Antonieta

Tarde o temprano será necesario adquirir más deuda en un momento en el que las puertas a los mercados internacionales parecen cerrarse al país, debido al manejo irresponsable.

Por Jorge Martínez Olmedo
Estudiante Economía y Negocios

Hace unos días, navegando por Twitter encontré una frase que me hizo meditar: “Mientras el pueblo francés no tenía pan, María Antonieta espolvoreaba sus pelucas con harina”. Como curiosidad, esta práctica se usaba para lograr un color emblanquecido en el cabello, como símbolo de estatus y respeto. Sin embargo, en este caso la frase no pretendía señalar a ningún miembro de la realeza, más bien ilustraba el desconcierto de un ciudadano ante las decisiones inconscientes de unos que ostentan, pero no ejercen el poder responsablemente.

A mi pesar —que debería ser compartido con ustedes, estimados lectores—, estas no son conclusiones infundadas. Para muestra, lea la consulta del Artículo IV con El Salvador que el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó esta semana. En esta, la institución externaba su preocupación por la trayectoria insostenible de la deuda, el déficit fiscal y la implementación del bitcoin como moneda de curso legal.

Recordemos el contexto en el que se enmarca este comunicado. A principios de año, el ministro de Hacienda afirmaba que las negociaciones entre el FMI y el Gobierno salvadoreño continuaban en desarrollo para lograr un acuerdo de alivio a las finanzas públicas. En esta tesitura cabía esperar una respuesta meditada por parte del Ejecutivo. ¿La respuesta? El mismo día, por la noche, el presidente hacía mofa de la noticia, que había sido retomada por la Agencia France-Presse. Más allá de la incredulidad que me causó su réplica, recordé que la perspicacia no es parte del menú de las redes oficiales, hasta el punto en el que frecuentemente convencen al público de alguna falta de inteligencia.

En este punto, está de más mencionar que mi reacción la compartieron mis compañeros: vergüenza. Sin embargo, como en la vida, la situación trasciende lo blanco y lo negro. Algunos economistas señalaban que, en ninguna circunstancia, debíamos considerar al FMI como un amigo benévolo de El Salvador. Mientras las figuras del oficialismo pregonan que un acuerdo no es realmente necesario en el estado actual de las arcas públicas, observemos algunos datos.

Como escribía en una tarea esta semana, la situación fiscal del país es francamente preocupante. El equilibrio fiscal para este año se sostiene en proyecciones optimistas en la recaudación: cifras oficiales estiman una elasticidad de los ingresos tributarios respecto al crecimiento del PIB superior a los dos puntos. Además, se prevé un uso intensivo del financiamiento para poder cubrir los gastos corrientes del Estado. Según expertos, la subestimación de gastos más la sobreestimación de ingresos da cuenta de aproximadamente 1355 millones (USD) para el 2022. En esta línea, se espera que el déficit fiscal al PIB sea superior al 4.2 % contemplado por los datos oficiales y se acerque al 6.0 %.

Estas condiciones generarán que, tarde o temprano, sea necesario adquirir más deuda en un momento en el que las puertas a los mercados internacionales parecen cerrarse al país, debido al manejo irresponsable. Según el Banco Central de Reserva (BCR), la deuda pública se encuentra en el límite del noventa por ciento y se espera que en el mediano plazo continúe su trayectoria ascendente, según proyecciones internacionales. Esto compromete la capacidad de invertir en infraestructuras y programas sociales y, en consecuencia, limita las posibilidades de desarrollo económico y el bienestar social. En esta coyuntura, urge un plan de ajuste fiscal, tal como indicaba el informe del FMI.

Precisamente por esto, necesitamos de líderes políticos con voluntad negociadora. Aunque las señales de alarma resuenan con fuerza, no se puede negar que también hay síntomas positivos como una rápida recuperación económica. Por el momento, nos queda informarnos, auditar y en última instancia exigir un manejo responsable de las cuentas nacionales, basado en un análisis técnico y consensuado. Para ello, informémonos. A los que ostentan el poder: informémonos, dejemos la soberbia, la burla, el poder es pasajero, pero las consecuencias pueden ser perennes.

Estudiante de Economía y Negocios

Miembro del Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

KEYWORDS

El Salvador Finanzas Públicas FMI Opinión

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