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En el pleito de la golondrina contra el águila, el salvadoreño sale perdiendo

Una confrontación entre ambos países no puede ser justificada de ninguna manera por el Presidente o partidos políticos en el poder; una relación de tensión con nuestro socio confiable no debería ser considerada ni ayer ni hoy ni siempre.

Por Óscar Landaverde
Diplomático

Casi siempre, para simbolizar una batalla desigual, una pelea entre un poderoso y un débil, se recurre a recordar la historia de David y Goliat descrita en la Biblia. Nos cuenta la Palabra que un sencillo pastor derrotó con onda y piedrecilla en mano a un poderoso guerrero, al más grande y gigante de todos los enemigos. Pero eso ocurrió así porque David estaba ungido por Dios y predestinado para edificar una gran Nación.

Nayib Bukele y su movimiento de la golondrina, junto a sus aliados políticos, Nuevas Ideas, más otros partidos satélites, quieren implantar en el imaginario colectivo la necesidad de declarar una lucha por la dignidad del país dirigido por dicho movimiento, el de “la golondrina”, en contra de un gran imperio, cuyo estandarte es el águila. es decir, una lucha entre El Salvador y Estados Unidos. Y así, una vez más, presentar al pueblo la épica batalla del débil contra el fuerte, para exacerbar los ánimos nacionalistas.

Sin embargo, semejante parangón no se asemeja a la historia de David y Goliat, porque la ira de Bukele contra la nación del Norte no cuenta con la bendición de nuestro Señor y tampoco es impulsada para construir un gran país, sino, todo lo contrario, su único interés es destruir la democracia, para apropiarse de los escasos recursos de El Salvador, en beneficio de su clan familiar y socios cercanos, sin el control de organizaciones anticorrupción nacionales e internacionales y sin el reproche del rol que juegan las naciones democráticas en el concierto internacional.

Por tanto, una confrontación entre ambos países no puede ser justificada de ninguna manera por el Presidente o partidos políticos en el poder; una relación de tensión con nuestro socio confiable no debería ser considerada ni ayer ni hoy ni siempre.

Con base en lo anterior, someto a la consideración de pueblo patriota siete razones por la que un salvadoreño inteligente que viva dentro o fuera del territorio nacional evite apoyar la destrucción de las buenas relaciones entre Estados Unidos y El Salvador por parte del régimen autoritario de Nayib Bukele:

1. El Salvador no tiene moneda propia. Para el intercambio de bienes y servicios nacionales o internacionales utilizamos mayoritariamente la moneda de Estados Unidos, es decir, el dólar.
2. El Salvador recibe anualmente miles de millones de dólares en concepto en remesas desde EE.UU.enviadas por los compatriotas que trabajan arduamente en tierras del “Tío Sam”.
3. EE.UU. es el primer mercado económico de nuestro país. A ese país le vendemos la mayor cantidad de servicios y productos elaborados por manos salvadoreñas, más que a cualquier nación del globo terráqueo. Con este país tenemos el más importante Acuerdo de Libre Comercio
4. Más de dos o tres millones de salvadoreños viven en EE.UU.
5. La cooperación internacional con la que ha ayudado históricamente EE.UU. a El Salvador es la más grande e importante que la ofrecida por cualquier país del mundo. El Salvador no es autosuficiente.
6. EE.UU. junto a otras potencias económicas y agentes financieros, autorizan préstamos internacionales, necesarios para que la dinámica económica de El Salvador pueda balancear los presupuestos nacionales.
7. Muchos salvadoreños están indocumentados en EE.UU. y podrían quedar fuera de una reforma migratoria como sanción al régimen.

Así las cosas y considerado que El Salvador es un país co-dependiente de la gran nación del Norte, una batalla innecesaria entre la golondrina y el águila, como pretende el régimen, afectaría únicamente al pueblo salvadoreño.

Diplomático salvadoreño.

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El Salvador Estados Unidos Opinión Relaciones Exteriores

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