El aporte de la Ciencia Política

A mediados de la primera década del siglo XXI, América Latina llegó a tener 19 democracias; fue el mejor momento de la tercera “ola democrática” en la región. Actualmente son 15 democracias las que han pervivido

Ago 07, 2019- 18:27

El futuro de los partidos políticos ocupó buena parte de las reflexiones del X Congreso Internacional de Ciencia Política, celebrado la semana pasada en Monterrey, lo mismo que el impacto de las redes sociales en las relaciones entre los ciudadanos y los actores políticos. También se discutió sobre los frenos y contrapesos para garantizar la separación de poderes y acerca del reforzamiento, en la última década, de los sistemas presidencialistas.

Existe un cierto escepticismo sobre las posibilidades que tienen los partidos “tradicionales” de reinventarse. Los datos arrojan una buena dosis de responsabilidad sobre estas organizaciones políticas. El desencanto ciudadano con la democracia, la indiferencia con el tipo de régimen que gobierna a las sociedades, el inmediatismo combinado con el populismo para atender las necesidades más sentidas de la gente y el surgimiento de “nuevos autoritarismos” que prescinden de la ley para mostrar resultados son, de acuerdo con el Latinobarómetro, la consecuencia del acelerado deterioro de los institutos políticos.

La gran interrogante es si los “viejos partidos” tienen espacio en el actual escenario político, en unas circunstancias caracterizadas por modernos sistemas de comunicación en los que es imposible dominar la avalancha de opiniones contrarias a comportamientos que son considerados opuestos a la ética o desalineados de las aspiraciones del “pueblo” y a través de los cuales se imparten órdenes o se dan a conocer importantes decisiones por parte de los gobernantes.

Por otra parte se reiteró la necesidad de controlar al poder en tiempos en los que parece incrementarse el abuso bajo el pretexto de cumplir los planes e iniciativas ofrecidos durante las campañas electorales. Con esta misma excusa los presidentes exigen la mayoría de diputados en los Congresos para eliminar los “obstáculos” que les impiden concretar las decisiones del Ejecutivo que requieren de leyes para su implementación.

En la presentación del X Congreso se señaló que a mediados de la primera década del siglo XXI, América Latina llegó a tener 19 democracias; fue el mejor momento de la tercera “ola democrática” en la región. Actualmente son 15 democracias las que han pervivido y la situación parece empeorar con los acontecimientos políticos en Brasil, Perú y Bolivia, que muestran un escenario difuso para la legitimidad y permanencia del modelo democrático.

Una situación similar ocurre con la calidad de las democracias donde se observa un deterioro notable de indicadores relativos al Estado de Derecho, la desigualdad y la rendición de cuentas. Por otro lado, la preeminencia de gobiernos de izquierda (de diversas índoles) parece haber llegado a su término y asistimos a la asunción de varios presidentes de derecha o centro derecha (Colombia, Ecuador, Argentina, Chile), algunos de los cuales no provienen de los partidos tradicionales sino que son políticos outsiders que se yerguen como alternativas al status quo del sistema de partidos; adicionalmente, la presencia de mujeres presidentas se diluye al no encontrarse ningún país presidido por una mujer.

Todo ello anuncia una transformada configuración de la política latinoamericana para la tercera década del presente siglo. No obstante, la secuencia de elecciones presidenciales continuas aún no termina y veremos nuevos actores y correlaciones que nos pueden seguir sorprendiendo como lo que ha venido ocurriendo en México, Brasil y aquí mismo en El Salvador.

Esta nueva estructura de las relaciones de poder en América Latina, afirma la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) en su documento, es un desafío para los politólogos que se dedican a estudiar la política regional.

El X Congreso deliberó no sólo sobre los cambios políticos actuales, sino además sobre aspectos aún vigentes como la violencia, la corrupción, el clientelismo, la falta de legitimidad de los actores políticos y la desafección ciudadana.

¿Qué otros actores emergen en la región y al interior de cada país latinoamericano? ¿Cómo afecta el término de la bonanza económica a la política y la sociedad en América Latina? ¿Estamos ante una nueva tendencia recesiva de la democracia y una próxima contra-ola autoritaria? Estas y muchas otras preguntas abrieron el panorama de análisis que se desarrolló durante los días del mayor espacio de encuentro de la ciencia política dedicada a América Latina.

Ahora más que nunca la ciencia política cobra relevancia para el estudio de los sistemas políticos y para la construcción de agendas concretas orientadas al fortalecimiento de las instituciones de la democracia. Las asociaciones nacionales e internacionales que aglutinan a los profesionales en esta disciplina representan un eslabón fundamental para realizar investigaciones comparadas y para confrontar los efectos de las reformas que se han aplicado en otros contextos con el propósito de mejorar el funcionamiento de los partidos y del sistema electoral y examinar el comportamiento y la evolución de la cultura política de los ciudadanos.

Doctor en Derecho y politólogo

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