¿Qué es la economía del conocimiento?

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Abr 29, 2021- 20:07

Por muchos años he escrito artículos promoviendo la inversión en capital humano cualquier país que quiera progresar. He escrito dos libros sobre el tema: The Triumph of the Flexible Society, publicado en 2003, e In Defense of Liberal Democracy, publicado este año. Cada vez toco el tema con más urgencia, porque cada vez se vuelve más obvio el giro que el mundo entero está tomando hacia la economía del conocimiento, porque cada vez el crecimiento del conocimiento es más rápido, y porque, por lo tanto, el costo del retraso se está incrementando exponencialmente.

El comentario que mas comúnmente he recibido en El Salvador es que no es posible que la sociedad se torne completa hacia el conocimiento, que todos los pobladores se vuelvan científicos, o profesores de universidad, o programadores de software o diseñadores de robots. Siempre será necesario, me dicen, que haya agricultura para producir comida y materias primas, e industria, para producir maquinarias y bienes de consumo, y servicios, para acomodar necesidades no cubiertas por las anteriores.

Este comentario evidencia que la naturaleza de la economía del conocimiento no está bien comprendida porque siendo bien cierto que el conocimiento en el que se apoya la nueva economía se genera y se difunde a través del cerebro humano, su expresión final se da en productos y tecnologías muy concretas en todas las actividades económicas, incluyendo las más viejas en la historia como la agricultura.

No es que el conocimiento no haya sido importante. Las máquinas, que fueron la base de la revolución industrial, son manifestaciones materiales de conocimiento. Pero la fuente principal de la riqueza eran las máquinas hechas con ese conocimiento. Lo que está pasando ahora es que el conocimiento y la capacidad de coordinar tareas complejas a distancia se han vuelto más importantes que las máquinas mismas para generar riqueza. Lo que le da la riqueza a las empresas ahora es el conocimiento y la creatividad de su personal, no las máquinas o los edificios que tiene.

Así, en 2012, Facebook compró Instagram por mil millones de dólares. La empresa no tenía más que 13 empleados, unas computadoras y unos cuartos alquilados para trabajar. No era eso lo que Facebook estaba pagando. El valor de la empresa estaba en sus empleados, capaces, con su conocimiento, de producir mucha riqueza. Facebook pagó $76 millones por cada uno de ellos.

Por otro lado, la enorme empresa Chiquita Brands International, la famosa United Fruit, que tenía muchos barcos, camiones, tractores, plantaciones, y maquinarias en 70 países, se vendió en 1,300 millones de dólares. Tenía más de 20,000 empleados, de modo que su valor fue de apenas $65 mil por empleado.

Calcule usted la diferencia en valor agregado por trabajador, y lo que se le puede pagar a cualquiera de ellos en salarios por lo que producen. La riqueza está en la gente. Pero la comparación entre Instagram y United Fruit no significa que el futuro esté en el software y no en otras actividades.

Hay miles, si no millones, de ejemplos de otras empresas que han aplicado conocimientos cada vez más sofisticados a la agricultura, la industria y los servicios para lograr éxitos tan o más espectaculares, como en el caso de Holanda, que es el segundo exportador de productos agrícolas en el mundo entero, cuando es un país pequeñito y con un suelo que se congela por varios meses en el año. Lo que exporta en realidad son los conocimientos que, aplicados, vuelven rentables las empresas agrícolas aun si trabajan en condiciones que normalmente no son conducentes a serlo por el suelo y el clima que tienen.

La economía del conocimiento aumenta la rentabilidad de todas las otras actividades, permitiendo que se obtengan más utilidades pagando salarios más altos. El otro lado de la medalla es que, en el largo plazo, la economía mundial está pagando cada vez menos por los trabajadores sin conocimientos, y el desempleo entre éstos es cada vez más alto. Son los primeros que se despiden y los últimos que se contratan.

Esto quiere decir que si El Salvador no invierte masivamente en la educación y la salud de su población el país se irá volviendo cada vez más pobre, no sólo relativamente sino en términos absolutos. Su trabajo valdrá cada vez menos. Este es un problema enorme y urgente. Es hora de despertar a lo que está pasando en todo el mundo.

Máster en Economía Northwestern University

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