Evitar el contagio: una tragedia de los comunes

Tenemos la capacidad de entender que perseguir nuestro interés individual en muchos casos no es lo más beneficioso en el largo plazo. Seguir pretendiendo hacer vida normal y salir a la calle, por mucha gel sanitaria de por medio que haya, pone en riesgo el bien colectivo

Por Cristina López
Lic. en Derecho de ESEN

Mar 22, 2020- 17:24

Hay un concepto de la economía llamado “tragedia de los comunes” que describe a aquellos recursos difíciles de dividir individualmente entre una comunidad y la situación en la que cada miembro, al hacer uso del recurso en base a su interés individual, termina agotándolo.
El ejemplo que normalmente usan los economistas para hablar de este concepto dentro del salón de clase es el caso de las zonas de pesca: cuando cada pescador usa el recurso buscando maximizar su propio interés individual, es decir, pescar lo más posible con el menor de los costos, se acaban los peces. Y después de esa bonanza individual nadie puede beneficiarse nunca más, ni mucho, ni poco, puesto que el recurso se ha agotado. En el ejemplo, la solución más eficiente es que cada pescador “compre” derechos de pesca que limitan en cuotas lo que cada quien puede pescar, dejando suficientes peces que continúen reproduciéndose para que el ecosistema no pierda su continuidad, garantizando su uso futuro y beneficio hacia la comunidad sin agotarlo para siempre.
La tragedia de los comunes viene a la mente en estos momentos de disrupción casi total en el orden social debido a la amenaza del coronavirus y la enfermedad que genera al infectar organismos humanos, el COVID19. La ciencia parece indicar que la única manera de hacerle frente a la pandemia y aminorar sus efectos en las economías y aparatos de salud pública es, simplemente, reduciendo los casos de infección y evitando el contagio. Se nos pide, en nombre de la salud pública, hacer el sacrificio individual de quedarnos en la casa en la medida de lo posible. La tragedia de los comunes aquí es, en abstracto, el recurso compartido de la salud pública, y el problema, lo difícil que es poner hacia un lado el interés personal y con tal de beneficiar al colectivo, encerrarnos y limitar el contacto social.
Claro, hay quienes no tienen la opción de quedarse en su casa. Pero con que los que la tienen acaten las medidas sugeridas por las autoridades médicas del globo y se queden en sus casas, desaceleraríamos las tasas crecientes de contagio y liberaríamos recursos para los potenciales contagiados.
Pero, como centros de nuestro propio mundo, pensamos que nuestra razón para salir es excepcional. Pensamos que con “tener cuidado” basta, y continuamos lanzando excusas de lo que en verdad es, simple y llanamente, rehusarse a hacer lo propio en beneficio de alguien más. Es natural: estamos programados para maximizar nuestro propio beneficio individual. Detrás de eso, está nada más la natural gana animal (gasolina del ciclo evolutivo) que tenemos todos de buscar siempre la supervivencia propia.
Pero por suerte, no somos animales. Tenemos la capacidad de entender que perseguir nuestro interés individual en muchos casos no es lo más beneficioso en el largo plazo. Seguir pretendiendo hacer vida normal y salir a la calle, por mucha gel sanitaria de por medio que haya, pone en riesgo el bien colectivo. Apliquemos lo aprendido de la teoría detrás de la tragedia de los comunes: para maximizar las posibilidades de supervivencia propia, en este caso, tenemos que pensar antes en la supervivencia del otro, del ajeno, del que no conocemos. Pocas veces se nos presentan en la vida oportunidades tan concretas para hacer actos de servicio público con efectos tangibles. Esta es una de ellas: usémosla. Quedémonos en la casa.

Lic. en Derecho de ESEN, con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. @crislopezg

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