Expansión del Covid 19: entre prevención y pánico

En este contexto tenso, los poderes públicos tienen un papel grande: con acciones llevadas a cabo, reinstalando la palabra del Estado en una lucha para el interés general, puede administrar el miedo colectivo y tranquilizar a las masas.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Mar 06, 2020- 19:13

En pocas semanas se puede medir la expansión mundial del Covid 19 viendo su propagación desde su base de partida en China, atravesando una parte de Asia central y de Europa. Ya fueron detectados unos casos en las Américas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aumentó el nivel de amenaza de este virus que logra desestabilizar la economía mundial. La OMS tuvo el mérito de afirmar que sentirse seguro frente a la enfermedad sería “un error fatal”.
Esta apreciación revela el peligro que representa el Covid 19 : a nivel sanitario obviamente, pero también en términos económicos, sociales, psicológicos.
Mas de 3000 muertos en China, 594 en Corea del Sur (segundo país más impactado por el momento en el mundo), 210 habrían muerto en Irán a pesar de que la cifra fue desmentida por las autoridades iraníes. En Italia, casi 900 casos fueron declarados, 21 personas murieron. En Francia son 423 las personas enfermas, 7 los muertos; 62 casos han sido detectados en los Estados Unidos. Arabia Saudita ha suspendido la entrada de los peregrinos en las ciudades santas de La Meca y Medina. La expansión gana el planeta. En términos de imagen, da la impresión de una manga negra que esta invadiendo los espacios, paralizando todo a su paso.
En Europa esta tendencia puede parecer impresionante para un extranjero: en Francia tanto como en Italia, cancelación de eventos públicos. El propio presidente francés canceló todos sus viajes esta semana. En Italia, establecimientos escolares quedarán cerrados hasta la mitad de marzo por lo menos. La conciencia de la amenaza de una epidemia peligrosa para los seres humanos está contaminando las conciencias. Impacta la movilidad que fuese urbana a través de los trenes, metros o aérea, de unos países o otros, incluyendo a los continentes. En Nueva York, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, afirmó que teníamos que “prepararnos plenamente en contener la propagación del coronavirus”.
Las consecuencias más visibles son los comportamientos cotidianos: más personas llevando máscaras, menos contactos directos. Planes nacionales de requisición de materiales de salud están aplicados. Medidas de cuarentena están tomadas, por ejemplo, para controlar a viajeros que han sido en relación con países contaminados. Por ejemplo, el Congo-Brazzavile, en África Central, decidió aplicar esta medida para los llegados de Francia, Italia y China. Más allá del virus, es una forma de posible desestructuración social que estamos observando: en caso extremos, la contención de poblaciones en ciertas ciudades tendrá consecuencias sobre el modo de consumo. El riesgo de propagación revela las debilidades sanitarias que pueden tener unos países. Obviamente, las economías reaccionan : las Bolsas pierden valor desde varios días. La Bolsa de Nueva York vio, por ejemplo, el Dow Jones perder en pocos días 12% de su valor, peor resultado desde la crisis financiera de 2008.
Estamos asistiendo, callados y con los ojos bien abiertos, a una forma de paralización global de las actividades humanas: cierre de centros comerciales, de escuelas, mientras salones internacionales de eventos están cancelados de manera precipitada en muchos casos. El mundo parece inmovilizarse.
Y frente a este fenómeno inédito de paralización se debe cumplir con metas importantes sobre la cohesión del tejido social. Como el riesgo no tiene apariencia visible, se está desarrollando un sentimiento de incertidumbre y de peligro. Aumentan la sensación de un margen de acción bastante bajo cuando no es el caso. En China, el pico de la crisis ya pasó. Instalándose el temor en las sociedades, se está compartiendo una emoción negativa que contribuye, de manera paradójica, a tranquilizarse.
En este contexto tenso, los poderes públicos tienen un papel grande: con acciones llevadas a cabo, reinstalando la palabra del Estado en una lucha para el interés general, puede administrar el miedo colectivo y tranquilizar a las masas. Actuando así se está luchando también contra las aprensiones, demostrando que no existen razones para pensar de manera negativa. La paralización puede ser una forma de prevención. Pero la solución vendrá de los poderes públicos que pueden demostrar cuánto la fuerza pública sirve a la causa común, reforzando una nueva forma de solidaridad. Más que nunca, delante de este peligro, cada quien presta atención al otro por preservarse a sí mismo. Tendremos mucho que aprender de esta prueba que estamos atravesando.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr

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