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Cooperación: basada en evidencia y en ética

Por Óscar Picardo Joao

Muchos proyectos de cooperantes, convenios de préstamos y otras iniciativas multilaterales de apoyo a los países en vías de desarrollo, antes de ejecutar, realizan diagnósticos, notas técnicas, planificaciones y utilizan las últimas herramientas de análisis; posteriormente presentan sofisticados documentos de ejecución sustentados en Marcos lógicos, indicadores de desempeño, Monitoreo y evaluación.

Al final, se ejecuta cerca de un 90%; de este monto fácilmente el 30% se gasta en burocracia del propio sistema (alquileres, salarios, vehículos, seguros, consultores); otro 30% regresa al país de origen a través de los proveedores condicionados; y a final sólo el 30% culmina en un impacto “parcial”, el cual se busca visibilizar en algunas obras físicas; pero la esencia no cambia, no se toca y no impacta, por eso estamos como estamos.

Por ejemplo, Corporación del Reto del Milenio y Fomilenio I y II (desde 2007 a 2021) mide diversos indicadores para ejecutar: Derechos Políticos, Control de Corrupción, Inflación, Calidad Regulatoria, Política Comercial, Género en la Economía, Derecho y acceso a tierras, Acceso al Crédito, Política Fiscal, Iniciar un Negocio, Gasto en Salud, Tasa de Inmunización, Tasa de matrícula de niñas en educación secundaria, Salud en Infantes, Gastos en Educación Primaria, Protección de Recursos Naturales, Derechos Políticos, Libertades Civiles, Libertad de Información y Efectividad Gubernamental. Muchas de estas realidades no cambian en absoluto, y a pesar de ello se ejecuta. Son 14 años…

Los proyectos dejan edificios e infraestructura, carreteras, equipos, generan cientos de horas de capacitaciones, pero recurriendo a categorías aristotélicas hilemórficas: no afectan o impactan en la “esencia” de los verdaderos problemas del país…

¿No se han dado cuenta que la gente sigue migrando?, ¿no se percataron que la PAES durante 23 años no cambió?, ¿saben que de cada 10 estudiantes que terminan educación básica sólo 4 culminan el bachillerato y, de estos sólo 2 ingresan a la universidad?, ¿se habrán preguntado dónde están esos 6 de cada 10 estudiantes que abandonan la escuela en tercer ciclo?, ¿sabrán que esos 6 de cada 10 estudiantes representan cada año unos 200,000 jóvenes sin oportunidades?, ¿se habrán dado cuenta de los entresijos de la corrupción?, entre otras preguntas.

Todo esto indica que hace falta una cooperación más científica y menos política, “basada en evidencia” y no en documentos maquillados y en presentaciones de power point o Prezi impecables.

También sería hora que se coordinen mejor los cooperantes, creando una mesa de diálogo e incidencia de los proyectos. Cada uno de los principales cooperantes USAID, AECID, KOICA, JICA, UE, GIZ, más Banco Mundial, BID, BCIE, e inclusive otras iniciativas de fundaciones y organismos internacionales (UNESCO, UNICEF, PNUD, Catholic Relief Services, Save of de Children, Plan Internacional, EDUCO, International Justice Mission, OXFAM, Gobierno de Luxemburgo, etcétera), cada año invierten cientos de millones de dólares, pero cada uno con su agenda; a veces se rozan las aristas o trabajan en lo mismo con otro nombre. En teoría, existe una “Agenda Nacional para la Eficacia de la Cooperación”, pero insistimos: los problemas no se solucionan y la gente sigue migrando.

Sin invertir en otros diagnósticos -estamos “sobrediagnosticados” decía Hato- los cooperantes deberían discutir cómo incidir en un sector o área específica para generar verdaderas oportunidades para los jóvenes; esto implica mejorar eficazmente el sistema educativo con una visión de largo plazo. Para ello, deberían exigir, en primer lugar, una política de Estado de al menos 30 años. Luego, dignificar al docente y a la escuela, pero de verdad. Por último, trabajar en la articulación entre el sistema educativo y el mercado laboral. En síntesis, hacer lo que hacen sus países…

Como sabrán, ahora ingresamos en una fase de retroceso y entropía; no hay datos, no hay estadísticas, todo está reservado, será más difícil diseñar políticas públicas eficaces. Aparentemente hay una inclinación a trabajar con la sociedad civil, y creo que nada va a cambiar… Como lo anoté hace algunos años, en la época de reformas de los 90, los que mejoraron fueron los ejecutores y no las escuelas, ojalá no se cometa el mismo error.

Los cooperantes deberían ser más exigentes y serios con los gobiernos de los países en vías de desarrollo. Para comenzar no tolerar la corrupción y la opacidad, de ahí en adelante todo puede cambiar y mejorar. Aquí decimos: “No se hagan los del ojo pacho”, si en realidad buscan una cooperación eficaz, primero lo primero: la ética.

Las preguntas esenciales son: ¿Cuál es el objetivo de la cooperación?, ¿qué pretenden?, ¿qué buscan?, ¿desean cumplir una meta de cooperación y ejecución o transformar el país para que sea mejor? Muchos de Ustedes tienen buenas intenciones y reconocemos su importante apoyo, pero recuerden a Lord Kelvin: “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.” Definan, midan y mejoren con honestidad…

Investigador Educativo/ opicardo@asu.edu

KEYWORDS

Cooperación Al Desarrollo Fomilenio II Opinión Préstamos

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