Cada quien su mundo

La diseminación de desinformación, propaganda y mentiras para favorecer grupos, corporaciones y organizaciones se ha vuelto un negocio millonario en las redes sociales.

Por Carlos Ponce
Criminólogo

Nov 06, 2019- 18:24

La frase “cada quién en su mundo” ha adquirido una renovada relevancia en este momento de la historia. Muchos argumentan que nuestra percepción de figuras públicas, entidades y hechos no son una construcción propia y acertada de la realidad sino una ilusión, un engaño ejecutado a la perfección por quienes están detrás de los algoritmos y compañías dedicadas a encapsularnos en la realidad fabricada a través de la manipulación de la información que consumimos y la narrativa con la que ésta se discute.
Hace unos meses, durante un viaje a El Salvador, pedí un Uber para trasladarme del hotel a una oficina en la parte norte de la capital. El conductor era un joven muy amable de Santa Tecla que aprovechaba las horas libres antes entrar a su trabajo y después de salir para uberear. Nuestra conversación fue amena. No tardamos en toparnos con el tráfico matutino. Entonces, el tema central de nuestra conversación cambió. Nos pasamos a hablar sobre los congestionamientos y el mal estado de las calles. Esto, por supuesto, no tardó en llevarnos a discutir a los políticos y la corrupción. Me sorprendió como fundamentó sus posturas exclusivamente con información que había leído en Facebook o Twitter. Sus argumentos empezaban con un “hace unos días leí en Facebook que…” o “vi un meme en Twitter que…”.
Las redes sociales transformaron la forma en que consumimos, interpretamos y propagamos información. La manera en que nos informamos sobre nuestro entorno y lo discutimos ha cambiado radicalmente. Esta nueva forma de comunicarnos abre varias oportunidades adicionales para manipular percepciones. Algunos argumentan que lo han hecho más fácil.
Compañías como Twitter y Facebook, por ejemplo, emplean algoritmos para identificar nuestras preferencias y, así, alimentarnos principalmente información que se adecue a estas. Por ejemplo, la información que le aparece en su cuenta a un adolescente es diferente a la de un anciano y la que le aparece a un simpatizante de izquierda es muy diferente a la que le aparece a uno de derecha. Bajo este esquema, es muy fácil radicalizar las posturas y mensajes, encapsulando a los usuarios en burbujas artificiales en las que se replica y amplifica la misma información y discurso. Hay empresas y entidades que se dedican a manipular estas burbujas para controlar la forma en que discutimos temas, endurecer posiciones y despertar emociones.
Estas compañías se encargan de crear realidades que favorezcan a quien les paga, sin importar quien sea. Tampoco les interesa si su trabajo afectará a la ciudadanía. Un estudio recientemente publicado por Signa Lab, un centro de investigación multidisciplinario adscrito a ITESCO en México, ilustra perfectamente el trabajo de estas empresas. El documento identifica cómo la discusión alrededor de la reciente captura fallida de Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, en pocas horas fue monopolizada por mensajes y hashtags artificiales de connotación política. Unos buscaban manipular la discusión a favor del presidente de México, Manuel López Obrador, y otras en contra.
La diseminación de desinformación, propaganda y mentiras para favorecer grupos, corporaciones y organizaciones se ha vuelto un negocio millonario en las redes sociales. Estas compañías utilizan programas automatizados, ejércitos de usuarios troles, sitios web que aparentan ser periódicos y microcelebridades para manipular la narrativa alrededor de figuras, entidades o temas de interés.
El peligro que esto representa para la democracia ha llevado a que varios países incluyan el pensamiento crítico como componente central de la educación secundaria. También ha propiciado la aprobación de leyes para evitar la manipulación política en las redes sociales y el surgimiento de organizaciones encargadas de investigar y denunciar este tipo de prácticas. Los salvadoreños necesitamos protegernos del lado oscuro de las redes sociales. Es hora de empezar.

Criminólogo.

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