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Por el ojo de la cerradura

Basándose en crear una realidad que prescinde de la historia pasada y reciente apelando solamente a tópicos convenientes, y hablando del presente en aquello que se ajusta a sus intereses, los dictadores consiguen hacer creer a muchos que son dueños del futuro… quizá de ahí su manía de prometer, presentar proyectos, huir de rendir cuentas.

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero @carlosmayorare

Un día de estos leía que tratar de comprender el mundo a partir del conocimiento común y corriente, vendría a ser como mirar la realidad a través del ojo de la cerradura; mientras -para hacer un contraste-, el todo que se vería al abrir la puerta de par en par, vendría a ser lo propio del conocimiento científico.

No termino de estar de acuerdo con la analogía… y me parece que, con poco que uno sepa acerca de lo que es la ciencia, sus métodos y sus objetivos, la comparación funciona mucho mejor si se invierten los términos: es la ciencia particular, en realidad, la que accede al mundo a través de una autolimitación impuesta por su peculiar método (experimental, positivo, hipotético), y no el sentido común el que limita o condiciona.

Precisamente, la ciencia debe su éxito a haber restringido su campo de conocimiento; y su fracaso como modo de acceso a la realidad, viene cuando extrapola a objetos ajenos tanto su método, como sus conclusiones.
Algo así funcionan las cosas cuando en el lugar del conocimiento científico, echamos mano del análisis político como método único de acceso a lo real; al mismo tiempo que apartamos el sentido común.

En el mismo momento en que pensamos que todo lo social-político es exclusivamente cuestión de poder, popularidad, cuota de mercado, presencia en redes sociales, percepciones, etc., nos hacemos víctimas de una gran paradoja: al revés de aquello que se dice del que mucho abarca (que termina apretando poco)… el que pretende reducir todo a una sola variable (la de la popularidad política de un funcionario para juzgar sus actuaciones, ejemplificábamos); puede terminar por ser un experto en mercadotecnia política, en propaganda, al mismo tiempo que es un ignorante (sin ni siquiera saber que lo desconoce), del resto de la realidad, de la amplia gama de elementos que componen el entramado social, económico, de relaciones humanas, etc., y que conforma la sociedad.

A veces, quizá por eso, quizá por lo que se lee en redes sociales, quizá por el bombardeo publicitario de medios oficiales y no oficiales de comunicación, se puede llegar a pensar que entendemos lo real, aun cuando nuestro horizonte de conocimiento no sea más que una burbuja creada por la propaganda.

Dicho lo anterior, se comprende mejor que las raíces de la dictadura, de las pretensiones de cualquier autócrata, son -de hecho- mucho más profundas que la simple propaganda por la que pretende presentar una realidad ficticia a sus conciudadanos: se entierran hasta el deseo de querer dictar qué es realidad y qué no lo es, a querer estar, simplemente, por encima de los hechos, y hasta de las leyes de la sociología o de la psicología.

Y así, en nombre del pueblo, de las mayorías, de evitar caer en vicios del pasado, de lo que sea; pero sobre todo, basándose en crear una realidad que prescinde de la historia pasada y reciente apelando solamente a tópicos convenientes, y hablando del presente en aquello que se ajusta a sus intereses, los dictadores consiguen hacer creer a muchos que son dueños del futuro… quizá de ahí su manía de prometer, presentar proyectos, huir de rendir cuentas.

Quien haya llegado hasta aquí podrá pensar, y no le faltaría razón, que quizá he exagerado un poco. Sin embargo, amparándome en el recurso de caricaturizar, quizá haya dado en uno o dos puntos clave para comprender el alma de algunas dictaduras; o al menos, a exponer un anticipo de cómo podría llegar a ser una sociedad gobernada exclusivamente según el interés político: se convertiría en una comunidad en la que todos sus integrantes solo serían capaces de ver la realidad únicamente por el ojo de la cerradura, y en cuyas mentes jamás tendría cabida la idea de abrir la puerta… de ver las cosas como son.

Ingeniero/@carlosmayorare

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