A solas… “con el Operativo Control Territorial”

Los réditos políticos son evidentes. Por acción u omisión, todos hablamos desde la emoción, un juego peligroso mientras las políticas públicas de seguridad están a un lado o postergadas a un segundo plano.

Ene 10, 2020- 19:30

Luego de siete meses de gestión del actual gobierno es pertinente revisar la labor en materia de seguridad, el ofrecimiento de “un combate a la inseguridad desde las causas estructurales”. ¿Qué ha pasado al 31 de diciembre de 2019?
Los planes deben ser conocidos, no en aquello que afecte su operatividad, pero sí en los controles financieros y mecanismos de rendición de cuentas. Encuentro una operación, un operativo, pero no diagnóstico ni plan, no hay calendario específico, ni medición de resultados; si existen, son secretos y los factores de éxito de los mismos dependen de la velocidad de los tuits del Gobierno. La manipulación mediática sigue siendo un rasgo inamovible de su abordaje. Es una fiesta de cifras.
Es fácil dar ejemplos de los últimos 45 años, para ilustrar cómo se construyeron narrativas: “Mano dura”, “Súper dura”, “Mano amiga”, “ultra dura” y la de AMLO: “más abrazos, menos balazos”, para alcanzar objetivos políticos. Todo nos indica que las actuales autoridades siguen esa misma práctica.
El miedo al delito nubla y transforma y nos hace sentir atacados, desprotegidos, solos; esto es carne para la carroña política que encuentra el espacio de la inseguridad para auto afirmarse; el problema es que esa autoafirmación controlada no coincide con la realidad. Necesitamos revisar la prioridad de la seguridad.
Se sigue con el pensamiento supresor de la realidad, con una actitud simplista e incoherente con la realidad (populismo) aceptada por la generalidad, dirigida al dominio de la Asamblea Legislativa, donde por ahora se está sometido a una estrategia de comunicación; así cualquiera posible opositor cae en el supuesto de que al no votar, está del lado de los pandilleros y terroristas. Se priva la razón de ser del debate público, que permita a la población conocer qué lleva a relatos fanáticos.
El gabinete de Seguridad y la institucionalidad pública han asumido el papel que solo le corresponde a la Fuerza Armada: “La obediencia y la no deliberancia”, “ordene, presidente”. Todos le son obedientes al presidente y no son deliberantes, entramos en el culto a la personalidad, la plaga de siempre, con el problema que el exceso de personalidad, choca con la racionalidad, sobre todo que primero el culto y luego cuadrar con la realidad. Esto no es un negocio propio, ni familiar, ni de amigos, hay que dejar las ocurrencias para las reuniones familiares.
Según el Gobierno, la cantidad de homicidios ha disminuido por el Plan Control Territorial. La baja de los homicidios es positiva, pero las estadísticas se interpretan, se analizan para mejor comprensión del fenómeno, si no se corre el riesgo de una reversión. Nada nos explica cómo se vive en todos lados, son 262 municipios, solo 22 intervenidos; nos hablan de días cero homicidios pero callan cuando suman 8.5 en períodos aislados; entonces, ¿cómo se construye la seguridad al interior del país? No tenemos respuestas honestas, serias y responsables.
Nos están hablando más de emociones, como rasgo que le entregue legitimidad al líder populista que busca apoyo personal antes que seguridad y tranquilidad. Eso se llama humo en la agenda política, regresando a los instintos básicos, más emociones que realidades, lleno de medidas y acciones efectivistas: aumentar castigos, penas, más soldados y policías, apoyo en nuevas tecnologías, instalar cámaras, drones, botones de pánico, cercas eléctricas, pero no olvidemos que no tienen el objetivo de bajar el delito, sino enfrentar la ansiedad ciudadana que genera la situación, con el apoyo de las redes que cambiaron la manera de crear relatos públicos, con un torbellino de información con datos militantes y verdades paralelas, historias falsas para ganar réditos políticos y hundir personajes críticos, por lo que debatir no solo se vuelve complejo, sino difícil porque están jugando en la cancha del sentir. Es una batalla en la cancha del sentir, no de la efectividad e integralidad del combate a la inseguridad.
Los réditos políticos son evidentes. Por acción u omisión, todos hablamos desde la emoción, un juego peligroso mientras las políticas públicas de seguridad están a un lado o postergadas a un segundo plano. La política necesita un poco de humo, pero eso sí “más acción”. Solo humo nos dará más temprano que tarde, más violencia y criminalidad. Si estoy viendo al igual que AMLO una acción de más abrazos y menos balazos, donde las soluciones no están basadas en lo que digan los expertos sino en lo que sienta y diga la gente, se está tratando el fenómeno de la violencia con base en el diálogo y asistencialismo estatal. Es un desatino plantear soluciones desde lecturas precarias de nuestra situación; equivocada para atender el problema, sí para solucionar otros problemas no relacionados con la seguridad, pero sí con la venta de soluciones inexistentes a cambio de apoyo, hablándoles desde la emoción. El actual Gobierno consolida este sentimiento.

General retirado y diputado de ARENA.

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