Más claro no canta un gallo

Feb 08, 2019- 20:33

¡Albricias! La democracia en El Salvador se consolida: el TSE ya casi aprendió lo que sí y no tiene que hacer, los partidos han entendido y respetado las reglas del juego, la población se emociona pero no come ansias, los resultados son aceptados. Nos falta, pero lo hicimos todos muy bien. El domingo 3F nos dejó tres tristes excandidatos (a quienes me dirigí el sábado pasado), cuatro partidos en alitas de cucaracha (PCN, PDC, ARENA, FMLN), uno que escogió mal su momento para debutar (VAMOS), otro que se relame los bigotes pues, solo por dejarse usar, gozará de la deuda política y lo sentarán a la mesa (¿?) sin haberse ganado el puesto (GANA), otros dos en ciernes (NI, NT) que ahora, sin excusas ni prisas, sí tendrán tiempo para lo que deben hacer. Nos dejó a un presidente electo para quien, hasta hoy, las cosas no le habían resultado excesivamente difíciles, mal que escogiera el camino (¿lo orillaron a ello?) de pelearse con todos y recoger exiliados de otros bandos, que no debe ser fácil controlar esa olla de vedettes.

La papa se estaba calentando. Hoy no hay vuelta atrás: la papa ya está en sus manos ¡y caliente! No creo que nadie querría estar en sus zapatos desde el lunes que se despertó, cuando le toca empezar a restaurar los puentes rotos en los meses anteriores, a tomar decisiones que ya nos conciernen a todos, a separar el grano de la cizaña: ¡cuánta gente se le acercará, ahora que ganó, queriendo “prestar sus servicios para un mejor El Salvador” y cuánta gente de la que le colaboró tendrá que dejar de lado hoy que el asunto es distinto! Buena cosa para el país que ganara en primera vuelta, varios dineros fueron ahorrados; mala cosa que tan poca gente llegara a votar, ni es tan grande su hueste ni estamos tan comprometidos los salvadoreños con nuestra democracia.

El gallo les cantó claro a derechas e izquierdas. No es la primera vez que lo hace. Ojalá y los partidos se hayan limpiado el cerumen que no los deja oír un canto que todos los demás escuchan. Habrá que ver si los excandidatos ahora se toman en serio las promesas hechas y empiezan a limpiar sus respectivas casas. La noche del domingo, Calleja dijo que regresará a sus negocios (¿se rajó?) y Hugo trató de decir algo, pero en ese su lenguaje tan diplomático que no dice nada. Tiene que ubicarse: ya no es canciller, que se deje de… cosas y se proponga salvar al FMLN (¿le toca a él que no logró “remontar”? ¿Quiénes otros pueden ayudar?) de su inexorable desaparición si sigue como hasta ayer. No es la primera vez que pierden, pero sí es la última vez que se pueden permitir no cambiar. Se los ha dicho claro un exfuncionario de su primer gobierno: deben hacer de la democracia un objetivo estratégico y no solo uno táctico, deben comprometerse en serio. Habrá que ver cómo se mueven en los meses por venir. Ojalá no escojan las manifestaciones callejeras: tenemos 10 años sin ellas. Si ahora resurgen, todo el mundo sabrá de dónde vienen. Y entonces sí, ¡kaput!

No creo que los dirigentes partidarios hayan tenido tiempo de ver, ese mismo domingo, el Super Bowl; si lo hubieran visto, habrían aprendido que los “Patriots” ganaron porque su defensa fue mejor durante todo el partido. A su mariscal de campo —el líder— le bastó una sola jugada extraordinaria (un exquisito y preciso pase de globito que los puso a 2 yardas del touchdown) para ganar partido y campeonato a los Rams. Un esquema poco vistoso, pero altamente efectivo. Pan para su matata, partidos políticos: el voto no se gana a último momento ni se defiende en las mesas el día de la elección, el voto se asegura en el terreno todos los días durante varios años. De lo contrario, les pasará lo que les pasó ahora: cualquier neófito les hará “tusquia” a sus votos.

En su breve alocución en televisión el presidente electo dijo que su triunfo demuestra que la guerra civil ha quedado atrás. No creo tanto. Hasta que el respeto a la vida y a los más débiles no impere entre nosotros, es más propio decir que los actores del pasado conflicto perdieron vigencia y que deben dar varios pasos al lado. Se demostró que las formas tradicionales de conseguir votos están cambiando, que la gente sigue votando más motivada por la ilusión de un mejor futuro que por el miedo de lo que pueda venir, que los ciudadanos estamos todavía aprendiendo los procesos racionales para discriminar entre las opciones y que el hígado es el órgano que más se activa para las elecciones. Incontestable: se resquebrajó el bipartidismo. Desde julio de este año, todos los partidos tradicionales habrán ostentado el poder y todos habrán sido oposición. ¿Habrán aprendido que gobernar no es cuestión de “soplar y hacer botellas”? ¿Serán más humildes? Lo dicho, más claro no canta un gallo.

Psicólogo

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