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Carta a los jueces: Federico el Grande y Nayib el Flaco

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Por Paolo Luers
Periodista

En Alemania hay un dicho: “Todavía hay jueces en Berlín.” Surge de una leyenda sobre el rey Federico el Grande de Prusia, símbolo del absolutismo: gobernante “por la gracia de Dios”, con poderes absolutos, no sujeto a la voluntad de ningún otro poder...

Va la leyenda que a Federico el Grande le molestaba la vista de un viejo molino en frente de su palacio. Le hizo varias ofertas al molinero de comprarle la propiedad.

El hombre las rechazó, quería mantener su molino y su oficio. Entonces, el rey decretó confiscar el molino y destruirlo.

Al recibir el molinero la orden real, fue al juzgado y el juez, desafiando al rey, le dio un amparo, revocando la orden emitida por el monarca. El buen hombre fue al palacio y pidió una audiencia con el rey. Este lo recibió, pensando que el molinero se retractaba y aceptaba venderle su propiedad. Pero el molinero le presentó la orden judicial, con las palabras: “Todavía hay jueces en Berlín.” Dice la leyenda que el monarca absolutista acató la orden del juez. Ya estaba influenciado por las subversivas ideas de la democracia...

Aquí en El Salvador, en el reino de don Nayib Bukele, este cuento tendría otro final menos feliz. Aquí no decimos “Aun hay jueces”, sino “Hay jueces y jueces”.

Aquí, a 233 años de la Revolución Francesa, que dio al traste con el absolutismo, nuestro gobernante mandaría a un magistrado de cámara a revocar la resolución del juez, y a trasladar a este sujeto que se cree independiente al juzgado de paz de Lislique. No se ofenda el bravo pueblo del Norte de La Unión...

En El Salvador también hay jueces. Son valientes, a pesar de todo. Pero nadie les hace caso, porque hay otros jueces, que se prestan a obedecer las órdenes del gobernante y no la ley.

La comparación es muy hipotética: un molinero salvadoreño, con una orden judicial en mano que revoca un decreto presidencial, nunca entraría al palacio, el presidente nunca lo recibiría y mucho menos acataría la resolución.

Hablaría a Javier Argueta para que hable al fiscal general para que apele la sentencia, y al magistrado presidente de la Corte Suprema para que asegure que la cámara la revoque.

Para poder hacer esto han ejecutado el golpe de Estado contra la independencia judicial, que está consagrada en nuestra Constitución.

El presidente pagó el altísimo costo político por este golpe, para tener el poder absoluto, sin ser sujeto a ningún otro poder. Sólo a Dios, hubiera dicho Federico el Grande. Sólo al pueblo, diría Nayib el Flaco...

Porque las revoluciones burguesas, liberales y republicanas no lograron abolir el absolutismo de manera irreversible, ni la francesa de 1789, ni la americana de 1775, ni las alemanas de 1848 y de 1918, ni la rusa de 1918 lograron erradicar por siempre los regímenes absolutistas. Porque luego vinieron Napoleón, Mussolini,

Hitler, Stalin, Mao, Pinochet, Castro, Chávez, Ortega.... - y Bukele. Hago esta lista para que vean que el absolutismo no tiene ideología. Usa las ideologías a su gusto.

Lo primero que hicieron todos ellos es erradicar la independencia judicial. Algunos se tardaron años de lograrlo, Bukele lo hizo a dos años de llegar al poder. Tiempo récord.

Nos honra poder decir que “todavía hay jueces”, también en El Salvador. Pero perdieron el poder de ejercer su mandato con independencia y apegado a la ley.

Ya entramos en un régimen, bajo el cual la justicia está sistemáticamente usada para perseguir a opositores, críticos, empresarios que no se arrodillan ante el poder - y jueces. No son casos aislados, no se deben a errores o corrupción de determinados jueces y fiscales. Son sistémicos.

Saludo con mucho respeto a pocos los jueces que todavía hay, los decentes, los valientes, los independientes. Sin ellos, no habría ninguna esperanza.
Saludos, Paolo Luers

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