Carta al gobierno y los diputados: No malgasten el último cartucho

Por Paolo Luers
Periodista

Mar 20, 2020- 16:02

Este viernes cinco periódicos salvadoreños salieron con portadas casi idénticas, dedicadas a un mensaje motivacional: #JuntosSaldremosAdelanteElSalvador, decorado con la bandera nacional. El Diario de Hoy salió en su portada con un titular noticioso: “Economía en grave peligro”. Y a este tema, la crisis económica y social provocada por el Coronavirus y la necesidad de contener su propagación con medidas drásticas, el Diario dedicó (desde hace varios días) buena parte de sus páginas de noticias y opinión.

La reacción del presidente fue publicar en Twitter las tres portadas y el siguiente comentario: “Hay unos que han entendido lo que enfrentamos todos. Otros no. Ojalá entiendan pronto”.

Lamentablemente, es el presidente el que no entiende. No entiende el gran valor que es la libertad de prensa, la diversidad, la pluralidad, el respeto y la tolerancia. Y tampoco parece entender que a esta altura de la crisis tal vez lo más patriótico no es cerrar el debate para invocar la unidad, sino promover que todos participen constructivamente en el diseño de una estrategia viable para evitar que la crisis económica quiebre al país y nos lleve a una crisis social profunda más letal que la epidemia.

Casi todos los actores nacionales estamos de acuerdo con el concepto que escogió el gobierno para contener la epidemia: poner al país en cuarentena y limitar todas las actividades que facilitan la propagación del virus. Pero estar de acuerdo no significa cerrar los ojos ante las consecuencias que estas medidas tienen para la economía y el empleo. Empresas de todos los tamaños, de las más pequeñas hasta las más grandes, van a quebrar si el gobierno les ordena cerrar sus operaciones y al mismo tiempo seguir pagando sus planillas. 

El gobierno ordenó el cierre de operaciones de call centers y maquilas. Los clientes internacionales de estos dos rubros inmediatamente van a contratar empresas en otros países y cuando pase la emergencia sanitaria y nuestras empresas quieren retomar sus operaciones, estarán quebradas financieramente y ya no tendrán clientes. 120,000 empleos están en juego en estos dos rubros. En estos casos, antes de ordenar su cierre, el gobierno debería haberles ordenado a los call centers y maquilas, con la necesaria ayuda financiera del Estado, adaptar su forma de trabajar a las necesidades de contención del virus.

Hablando de la ayuda financiera estatal: el gobierno tiene toda la razón del mundo para exigir la aprobación de un paquete de rescate económico de 2,000 millones de dólares. El problema es: ¿Qué hacer con este dinero, dónde invertirlo? 

Hay que tener claro: Este fondo de rescate es el último cartucho que nos queda para evitar que el pinche virus deje al país en la quiebra. Si lo gastamos mal, no habrá otro.

El plan de rescate financiero no puede, como originalmente planteó el gobierno, concentrarse en dar a las alcaldías fondos para crear empleos en sus municipios. Esta idea hay que posponerla, primero hay que sobrevivir.

Los 2,000 millones tienen que focalizarse evitar que los cierres necesarios de operaciones de muchas empresas las lleven a la quiebra. De nada nos sirve que el gobierno decrete que durante un mes los empleados de estas empresas reciban su salario, si esto lleva a su quiebra definitiva. Las medidas contra la epidemia no van a terminar en tres semanas o un mes. Las vamos a tener que mantener el tiempo que sea necesario, o sea hasta que la epidemia se agote. Ahora en El Salvador ni siquiera ha comenzado a propagarse el virus…

Hay una necesidad social de que la gente que no puede seguir trabajando no quede sin ingresos. En el caso de la economía formal, el gobierno tiene que asumir la continuidad de los salarios. A través de las empresas, reembolsándoles las planillas, o a través del Seguro Social.

En el caso de la economía informal, no hay otra forma que dedicar otra parte del fondo de rescate a programas sociales de transferencia financiera a las familias por las medidas gubernamentales. Si no, este sector cae de la pobreza a la miseria y hambre en cuestión de días. 

Teóricamente, no deberíamos de hablar de un “fondo de rescate económico”, sino de un “fondo de compensación”. Si logramos que las empresas no quiebren y los empleos no se pierdan, el rescate será automático, una vez que salgamos de esta emergencia.

En cambio, si malgastamos este último cartucho que nos queda con mala puntería,  las consecuencias serán graves. 

Saludos, Paolo Lüers

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