Carta narrativa: La milagrosa multiplicación de guerrilleros 

Por Paolo Luers
Periodista

Feb 19, 2021- 14:02

Vamos otra vez a Santa Ana. Esta vez no al cuartel, sino a San Antonio Masahuat, donde tenemos cita con la unidad de ‘acción cívica militar’ de la Segunda Brigada. Todo el lugar lleno de soldados. Reparten medicinas, víveres y cuadernos. Mujeres, niños y viejitos haciendo cola. Pocos hombres y jóvenes. El plato fuerte: Rambo. Un soldado que hace las veces del maestro de ceremonia presenta la película: “Rambo es un guerrero para la libertad, como nosotros…” Pone el video en un televisor. Resulta que es en inglés…

Uno de los pocos hombres se me acerca. “¿Y usted qué hace aquí?” Lo reconozco, hace unas semanas platiqué con él en un meeting en una cooperativa que grabamos con el equipo de video ‘clandestino’ y donde habló Cirilo. Yo traté de entrevistarlo, pero no quiso. Nadie de los asistentes quiso hablar a cámara. 

Ahora, en este lugar lleno de soldados, me mira con desconfianza. Le contesto: “Estamos trabajando, siempre con las cámaras”. El hombre mira la credencial que tengo colgada del cuello: COPREFA, Comité de Prensa de la Fuerza Armada. “¿Entonces, usted está con ellos?” – “No estamos con nadie. Igual que vos, papito, un día nos toca con los muchachos, el otro con los soldados…”

“Viste”, le digo a Víctor, el camarógrafo puertorriqueño de Nueva York, “por esto nuestra película se llamará ‘Doble Cara’. Todos en este país tienen doble cara, para sobrevivir…”

* * *

En el Novo recibo la llamada esperada desde Santa Ana. Es el contacto de Cirilo: “Celebramos el cumpleaños en la noche del sábado, en la finca”. La traducción: Se activa el plan de filmar un combate desde ambos lados. El ataque será a Los Naranjos, el próximo sábado. El equipo de Javier se movilizaría con los compas que se tomarían el puesto militar. Con el equipo ‘legal’, compuesto por periodistas, llegaríamos al lugar en la madrugada. Todo está previamente planificado. Falta ver si funciona la sincronización.

Pasamos la noche en Santa Ana y salimos a las 5 de la madrugada a Los Naranjos, el pueblo cafetero en el punto más alto de la ruta a Sonsonate. Llegamos sin problemas. No hay retenes. En la carretera, ningún movimiento de militares. ¿Será que el ataque no se hizo? Y si se hizo, ¿cómo es posible que la Brigada de Santa Ana no esté mandando tropas?

Llegamos al lugar. En la calle, un montón de gente, civiles y soldados. Nos bajamos, cámara lista. “¡Somos de la prensa internacional! ¿Qué pasó aquí?” Los soldados tienen cara de asustados. “Hubo un combate toda la noche. Vinieron unos 300 terengos, se tomaron nuestro cuartel. Nosotros resistimos como pudimos, luego nos retiramos. Hay un muerto…”

Viene un sargento. Según él, fueron 450 guerrilleros. “No pudimos contra tantos”.

La casa cuartel está destruida. Según los soldados, les dispararon con lanzagranadas RPG. Un vecino me da otra versión. “Llegaron como a medianoche. Hubo un gran tiroteo. Los soldados se corrieron rápido. Luego los muchachos cruzaron la calle y se metieron a la finca enfrente. Hubo unos bombazos, y ya… Se fueron rapidito”. Y su señora agrega: “Hubo un muchacho alto y chele, con una cámara, sólo más chiquita que la de ustedes andan…” – “¿Cuántos guerrilleros andaban?” – “Poquitos. Tal vez unos 20…” Yo sé que el pelotón que mandó Cirilo tiene no más de 15 combatientes…

Al rato entra al pueblo una compañía de soldados. Subieron a pata desde Juayúa. No vinieron para chocar con los atacantes, sino para llegar después. Hablo con el teniente al mando. “Aquí casi nunca chocamos. Ellos tampoco buscan enfrentamientos. Llegan, asaltan una posición pequeña y se retiran. Es más propaganda que otra cosa…” Si supiera que en este caso el ataque estaba planificado para ser filmado… 

Aparece una camioneta. Se baja un hombre y llama al teniente, como si fuera su empleado. A gritos le “pide” que lo acompañe, que hay un problema en su finca. Los soldados se desplazan hacia al otro lado de la carretera. Les seguimos. Entramos en una finca, luego en el jardín de una casona. Ahí está parqueada la camioneta. Nos recibe el dueño de ella y de la finca. “¡Vengan, tomen fotos de esta barbaridad!”

Entramos a la casona. Unas muchachas en uniforme de domésticas, llorando. Resulta que los compas les tiraron un cohetazo, que cayó al baño adjunto del dormitorio principal. No queda mucho del baño y su techo. “Por suerte no estábamos, nos quedamos en nuestra casa en Santa Ana. Imagínense a mi esposa dormida aquí y cae este bombazo…”

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