Carta al ’emisario’: Se reventó la burbuja de jabón que levantaste

Por Paolo Luers
Periodista

Sep 02, 2019- 17:31

Los salvadoreños reconocemos a un vivián cuando lo vemos. No nos pueden dar paja. Demasiados ejemplares de esta especie los hemos encontrado en todas las esferas del poder y alrededor de los poderosos. Algunos simplemente dan risa por el contraste tragicómico entre su ego inflado y la limitación de sus capacidades reales; otros dan rabia por su capacidad de joderle la vida a otros.

El denominador común entre todos los vivianes es su afán de andar cerca del poder y de usar el poder al que se arriman para avanzar en su propio fin: llevar una vida cómoda sin esforzarse mucho.  

Viajar por todo Europa como emisario de un líder emergente significa ser recibido por grupos de la diáspora entusiasmados por la promesa del cambio positivo, pero también por líderes extranjeros que quieren saber qué ondas con esta nueva estrella en el firmamento centroamericano; significa también que le busquen quienes sienten que deberían ser nombrados cónsules o ministros consejeros. Todos ellos quieren estar cerca y le ofrecen cualquier ayuda que necesite a un hombre que está cerca del nuevo centro del poder, del hombre que han visto en fotos con el presidente electo y la futura canciller. Algunos buscan huesos, otros simplemente quieren quedar bien con el emisario para sentirse parte de un proceso que promete hacer historia.

Y así nuestro vivián va deambulando de España a Suecia, de Suecia a Italia, de repente a un viaje relámpago a El Salvador para reunirse con el nuevo presidente, para regresar luego investido con aun más autoridad, portador de secretos del Estado…

Así va surgiendo (o más bien construyéndose cuidadosamente) una personalidad de peso: importante en Europa por sus supuestas conexiones en palacio en San Salvador, importante en palacio por sus conexiones en toda Europa. Todo esto funciona, porque en el palacio no tienen idea lo que realmente está haciendo en Europa, y en Europa no pueden saber qué realmente está haciendo en El Salvador.  

Se puede dar paja a todo el mundo, pero solamente por un rato. 

En Milán, en Madrid, en Estocolmo y otras ciudades europeas hay gente que cree que el emisario, tan amigo del presidente y de la canciller, les va a dar chance en el consulado. Pero al rato se darán cuenta que así no funciona un gobierno…

Y de repente se dan cuenta que, mientras el emisario prometía puestos (y amenazaba a otros con despidos si no se portaban bien), él secretamente se había asegurado uno. Se filtró un memorándum de la embajada de Viena informando que el Señor Silvio Aquino, nombrado ministro consejero en esta misión diplomática, no había aparecido en Viena para asumir sus responsabilidades.

Su reventó la burbuja de jabón elevada por el emisario. Al fin, el misterioso amigo del presidente, resulta un aprovechado de siempre como se conocen desde siempre.

Pero aparte de la historia de un vivián es la triste historia de un partido nuevo, surgido con la promesa de ser inmune a la corrupción, pero que comete el mismo pecado de los mismos de siempre: confundir el Estado con el partido. Todo lo que hace el emisario en Europa, si no es en beneficio propio es trabajar para su partido. No es emisario del presidente, sino del líder de Nuevas Ideas. Su tarea es organizar apoyo para Nuevas Ideas, no para El Salvador. 

La defensa que hace el emisario luego de que se filtrara el memorándum de Viena es que él sí está trabajando para la causa. No entiende la diferencia entre el servicio público que desempeña un miembro del servicio exterior y el trabajo partidario de un emisario de Nuevas Ideas. No comprende que asumir un cargo público para que con esta cobertura puede dedicarse a otra cosa (la personal de un vivián y la partidaria de Nuevas Ideas) es el primer paso a la corrupción. 

Es la práctica de los mismos de siempre. Pongámosles atención a los otros ‘emisarios’. 

Saludos, Paolo Lüers

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