Carta a los comités de aplauso para el gobierno: Nuevas ideas, mismas mañas

Incorporar y adiestrar a 3 mil policías es más caro y más tardado que agarrar a 3 mil jóvenes y medio entrenarlos a como marchar, obedecer ordenes y usar armas. Pero esto es precisamente la razón detrás de la prohibición constitucional de usar las tropas en tareas de seguridad pública: los militares no son adecuadamente entrenados para tareas policiales

Por Paolo Luers
Periodista

Jul 20, 2019- 05:49


“Obviamente estamos viviendo en una situación de excepción. Si no tuviéramos a los elementos de la Fuerza Armada en las calles, la Policía no diera abasto”.

Con esta afirmación justificó el presidente Bukele su decisión de aumentar en 3 mil efectivos la Fuerza Armada.

El presidente enfrenta un problema de constitucionalidad, porque la Constitución define claramente que la Fuerza Armada no tiene competencias dentro de la Seguridad Pública, que es tarea exclusiva de la PNC. No es suficiente que diga la justificación arriba citada en un discurso o en un tuit. El presidente está obligado a someter a la Asamblea Legislativa una declaración formal en la cual expone los factores de excepcionalidad que justifican la necesidad de transitoriamente usar la Fuerza Armada para tareas de Seguridad Pública. Y luego tiene que brindar informes a la Asamblea de cómo ha logrado superar la emergencia que le ha obligado a recurrir a la Fuerza Armada.

Este problema serio de inconstitucionalidad no es nuevo, no lo creó Bukele. Este problema lo crearon los últimos 4 gobiernos que han usado la Fuerza Armada de esta manera inconstitucional, sin cumplir los requisitos establecidos. Funes y Sánchez Cerén, quienes paulatinamente movilizaron a casi todo el ejército para apoyar a la PNC, violaron sistemáticamente la Constitución obviando las declaraciones razonadas de excepcionalidad y los informes a la Asamblea. Y la Asamblea, lamentablemente, se los dejó pasar.

Irónicamente ahora, siendo presidente, el señor Bukele hace precisamente lo mismo que “los mismos de siempre” que tanto atacó en su campaña. Ojalá que la Asamblea retome su responsabilidad de control.

Pero el plan de Bukele de reactivar el reclutamiento masivo del Ejército para resolver la crisis de inseguridad no solo choca con la Constitución, choca frontalmente con la lógica. Si el punto de partida es, como el mismo presidente dijo, que existe una crisis de inseguridad y violencia que sobrepasa la capacidad de respuesta de la PNC, y que por esto el ejército está desplegado para apoyarla; y si aun con todo el ejército desplegando las fuerzas de seguridad no dan abasto; la única conclusión lógica sería aumentar el número de agentes policiales, no de soldados. Solo aumentando la capacidad de respuesta de la PNC (en números de efectivos, en entrenamiento, en formación profesional…) se resuelve el estado de emergencia y de excepcionalidad que obligó a meter a la Fuerza Armada donde por Constitución no debe estar empleada. Solo reclutando y formando policías adicionales el gobierno daría solución a la excepcionalidad de la Fuerza Armada asumiendo tareas de seguridad pública. En cambio, reclutando a miles de soldados para recuperar el control territorial vuelve permanente lo que la Constitución solo permite transitoria y excepcionalmente.

Claro, incorporar y adiestrar a 3 mil policías es más caro y más tardado que agarrar a 3 mil jóvenes y medio entrenarlos a como marchar, obedecer ordenes y usar armas. Pero esto es precisamente la razón detrás de la prohibición constitucional de usar las tropas en tareas de seguridad pública: los militares no son adecuadamente entrenados para tareas policiales. El modo de operar de la policía es sustancialmente diferente al modo de operar militar. El policía está entrenado para investigar, para persuadir y para arrestar a los delincuentes. El soldado está entrenado y equipado para el enfrentar y matarlos. Por eso los Acuerdos de Paz llegaron a la conclusión que la seguridad pública no puede estar bajo el mando y en manos de militares. Por esto se creó la Policía Nacional CIVIL.

Si el gobierno de verdad quiere resolver la crisis de violencia e inseguridad que vive el país, tiene que regresar al espíritu original de la creación de la PNC, eliminar las tendencias de militarización que los últimos gobiernos han introducido a la policía, depurarla, reorientar su formación profesional y, adicionalmente, formar miles de policías nuevos libres de la historia de la contaminación militarista e ideológica de la PNC.

Todo lo demás es hacer lo mismo que ya sabemos que no funciona, sólo disfrazado de nuevas ideas.

 

Paolo Lüers

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