Conoce a Emma, la teniente y piloto de aviación que borra estigmas laborales

Cinco mujeres que realizan tareas tradicionalmente desarrolladas por hombres.

Emma Valentina Iglesias, piloto. Foto Húber Rosales / EDH

Por Húber Rosales

Nov 22, 2018- 21:17

El Diario de Hoy elaboró una serie fotográfica de mujeres que laboran en circunstancias difíciles, en distintos puntos del país. Así como se vuelve cada vez más usual ver a hombres en la cocina o en trabajos de enfermería, también hay jóvenes y señoras al frente de actividades que, antes, eran consideradas exclusivas de hombres. Mecánica, llantería, electricidad residencial, mantenimiento de aire acondicionados y hasta aviación son algunas de las profesiones que están comenzando a ser ejercidas por el “sexo débil”, una frase que con el tiempo va quedando en el olvido. Estas son sus historias:

Nereida Osorio, llantera

“Para este trabajo se requiere fuerza y maña”

Nereida Osorio, se dedica a la reparación de llantas. Foto EDH/ Huber Rosales

Nereida Osorio aprendió en las aulas secretariado ejecutivo bilingüe, pero en la calle la necesidad le hizo toparse con un oficio nada relacionado con los escritos, computadoras y agendas.

Desde hace tres años ayuda a su madre en el negocio de reparación de llantas, donde aprendió el oficio a falta de interesados en ocupar una plaza dentro del local.

“Siempre necesitamos de una persona, pero como no aparece nadie, yo tomo las herramientas cuando viene algún cliente y necesita de la refacción de una llanta”, contó la joven de 25 años.

Para ella, trabajar como llantera no le resta mérito a su profesión de secretaria, la cual se vuelve por momentos aburrida, soñolienta y de baja actividad, señaló. “Y yo soy una persona que siempre quiero estar en actividad”, afirmó.

FOTOS:

Mujeres que borran estigmas y destacan en trabajos de hombres

Estas imágenes muestran a salvadoreñas que realizan trabajos que eran considerados exclusivos de hombres, algunas jefas de hogar que sacan adelante a su familia. Sembrar la tierra, cambiar llantas, manejar un avión son labores que cada vez más son realizadas por mujeres.

Para ganarle al cansancio que provoca el trabajo duro de reparar y cambiar neumáticos, sólo es cuestión de costumbre. “Se requiere de fuerza y maña, pero con el tiempo, el trabajo del primer día que fue pesado se vuelve fácil, solo es cuestión de costumbre y de querer hacerlo”, apunta.

Nereida dijo, convencida, que no existen barreras para trabajar en cualquier cosa que las mujeres se propongan hacer, pues “trabajo hay, solo es cuestión de tiempo y de querer salir adelante”.

La vieja frase de la debilidad del sexo femenino no pega con Nereida. Su forma de ver la vida va más allá de los géneros. “Si no, vea cómo cada vez hay más hombres en la cocina, enfermeros, secretarios, incluso hace unos día vi en la tele a un muchacho que hace tortillas. La desigualdad de derechos cada vez se acorta”, afirmó.

Según relató, la mayoría de su familia ha vivido de la llantería, algo de lo que se siente orgullosa. “Como ve, ya lo traemos en la sangre”, concluyó. La llantería Osorio está abierta al público desde las 6:30 de la mañana sobre el bulevar Tutunichapa.

 

Vilma Aída Argueta, electricista

“Estamos capacitadas para cualquier labor”

Vilma Aída Argueta, se dedica a ser electricista. Foto EDH/ Huber Rosales

Por costumbre arraigada, cuando se habla de reparaciones eléctricas en residencias se acostumbra llamar “al eléctrico”. Este uso, sin embargo, se pierde cuando Vilma Aída Argueta entra en acción.

Mujer soltera y madre de tres hijos, Vilma ha tenido que abrirse camino en el duro mundo de los hombres, en una profesión donde la adrenalina es el principal motor.

Ella recibió un curso sobre electricidad con una compañía, a través de Ciudad Mujer, el cual conoció gracias a su madre, ya beneficiaria de otra capacitación sobre cocina. Concluyó el primer año y seis meses de curso, con el que se capacitó para iniciar sus trabajos de electricidad residencial, con la instalación de cableado interno, tomacorrientes, entre otros.

El primer trabajo fue en casa de su tía, cambiando una luces, y desde ese momento se dijo que sí podía, recordó.
“Un vecino se dio cuenta que estudiaba electricidad y me buscó para hacer unos trabajos en su casa”, comentó. Es un trabajo de adrenalina pura, dijo, pues se debe buscar de qué manera hacer mejor la instalación para sacar los mejores resultados al trabajo.

“Las mujeres estamos capacitadas para cualquier trabajo, pero algunas veces las barreras la detienen a una”, comentó Vilma, luego de terminada una conexión en su casa. “Ya ingresé a estudiar la tercera categoría, que es tirar líneas secundarias y conexión de motores; luego pasamos a la segunda categoría, donde se trabaja con líneas primarias y transformadores, hasta llegar al primer nivel, que ya son estudios universitarios”, manifestó.

Vilma espera con paciencia a que le llamen de alguna empresa de electricidad, ya sea pública o privada, que requiera de sus servicios. Por el momento, se gana la vida y la de sus hijos con la confección de uniformes.

 

Emma Valentina Iglesias, piloto

“Las 150 horas de vuelo en mi carrera hablan de mí”

Emma Valentina Iglesias, piloto de la Fuerza Aérea Salvadoreña. Foto EDH/ Huber Rosales

“Siempre me llamó la atención el sonido que hace el rotor de los helicópteros UH1H”, explicó la teniente y piloto de aviación Emma Valentina Iglesias, con una ilusión en los ojos.

Emma Valentina recordó que durante un día de adiestramiento en la Escuela Militar, aterrizó una de esas máquinas que tanto le atraen, y, para su sorpresa, una mujer era parte de la tripulación. “Ese día pensé en la posibilidad de ser piloto de la Fuerza Aérea Salvadoreña”, relató.

Para la experta en aviación, eso de ser militar no le viene difícil, ya que su padre también cursó la carrera de las armas. Aunque lo trae en los genes, Emma Valentina explicó que a su padre no le cayó en gracia la noticia de su vocación, que para algunos no encajaba con el perfil de una mujer. “No es muy usual en las mujeres, sin embargo ya las 150 horas de vuelo en mi carrera hablan mucho de mi persona y mi experiencia”, señaló.

Hace cuatro años que Emma Valentina se graduó de la Escuela Militar como piloto. Con cuatro años de experiencia, el camino recorrido ha tenido sus momentos de dificultad, pero le queda la satisfacción de que se abrió un hueco en el mundo de la aviación, generalmente destinada para los hombres.

“Hay muchas mujeres en la Fuerza Armada y en otras áreas donde difícilmente se veía una mujer”, explicó.
Explicó que una de sus mayores satisfacciones fue el día en que “me colocaron mis alas de piloto, mis horas de estudio y desvelo valieron la pena. Aquella mujer que se bajo del UH1H fue la inspiración que me volvió una profesional de la aviación”.

Su forma de volar fue de las cosas que llamaron la atención de sus instructores, pues las destrezas las realizaba como si detrás del volante estuviese el más experimentado de los aviadores. “A mi instructor le pareció esa actitud y destreza con la que me desempeñaba pilotando el helicóptero”, aseguró con satisfacción.

Ahora se dedica a realizar vuelos de evacuación en coordinación con el Comando de Fuerzas Especiales (CFE), además de los bambi bucket, que son vuelos donde se transporta agua para apagar incendios. Ella es de las pocas oficiales que están activas y la primera de la lista para actuar en cualquier emergencia, según explicó.

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Participará, además, como copiloto de helicópteros en las operaciones de paz de la Fuerza Armada de El Salvador con la ONU, y formará parte del contingente que partirá a Mali como copiloto de la unidad de helicópteros armados “Gavilán”. El contingente esta formado por 63 personas, entre ellas 13 pilotos. Emma Valentina sigue recordando, hasta el día de hoy, a aquella mujer que bajó del helicóptero UH1H, como un imagen indeleble en la historia de su vida.

 

Rebeca Abigaíl Hernández, mecánica

De enfermera a aprendiz en un taller de autos

Rebeca Hernández , mecánica. Foto EDH/ Huber Rosales

A Rebeca Abigaíl Hernández le tocó suspender su trabajo de enfermera por un capricho del destino: su hermano enfermó de apendicitis y ella era la única que podía cuidarlo. Nunca imaginó que esos azares le dieran un giro a su vida, para cambiar los hospitales por un taller de mecánica automotriz.

“Mi mamá ya no está con nosotros y tuve que tomar la decisión de cuidar a mi hermano”, comentó.

Con el tiempo, Rebeca tuvo que aceptar el trabajo como ayudante de mecánico que le brindaba un vecino. “Me dijo que si quería trabajar como ayudante de él, pero como yo nunca me he negado a las oportunidades, acepté porque además era conocido de mi padre, quien también es mecánico”, relató.

Fue entonces que su curiosidad hacia ese mundo de reparaciones automotrices se fue acrecentando. Mientras más escuchaba de términos relacionados con la mecánica, más le crecían las ganas de aprender el oficio. Y en serio.

Abigaíl se metió, entonces, a estudiar un técnico de mecánica general en Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (Insaforp), pero no se quedó allí, pues continuó con un diplomado en ajuste y reacondicionamiento de motor.

“Cada vez quería saber más, porque yo estaba como ayudante y me dije que no es posible que me quede así nomás, y mejor estudié para saber más”, contó la experta en mecánica general.

No oculta que, al principio, aprender el oficio le costó, sobre todo porque tuvo que aprender a “bajar” los pesados motores de furgones y cabezales, pero “claro, con el tiempo y la técnica todo se ajusta y seguimos trabajando”.

Eso sí, considera que entre la enfermería y la mecánica no hay diferencias abismales. A su juicio, ambas profesiones pueden salvar vidas humanas, porque en ambos trabajos, si se aplica mal un remedio, se pueden ocasionar daños irreparables para las personas.

Al final, relató que la relación con sus compañeros es de respeto. “Nos llevamos bien y siempre me pasan diciendo que siga adelante y que si ellos pueden, ¿por qué yo no?”, relató, desde las instalaciones del Taller Romano, ubicado en la 17 avenida Norte, entre la 27 y 25 calle de la colonia Layco, donde atiende de lunes a sábado.

 

Ana Vaquero, mantenimiento de aire acondicionado

“Soy una persona a la que le gustan los retos”

Ana Vaquero, se dedica al mantenimiento de aire acondicionado. Foto EDH/ Huber Rosales

“Aunque aprendí de una forma empírica me gustan los retos y aquí todos los días tenemos uno”, con esas palabras, Ana Cecilia Vaquero describió el ímpetu con el que enfrenta, a diario, su trabajo como experta en mantenimiento de aire acondicionado automotriz.

A eso se dedica desde hace 15 años, cuatro de los cuales pasó en entrenamiento de la mano de su padre. Dijo sentirse muy orgullosa y segura en su trabajo, y también agradecida con las personas que han confiado en su desempeño a la hora de llevarle sus vehículos.

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Aunque no logró graduarse como bachiller en opción de contaduría, estuvo esperando una oportunidad en esa rama. Sin embargo, al ver a su padre trabajando en el taller, comenzó a picarle la espinita y a interesarse en armar y desarmar las piezas del aire acondicionado de los vehículos. “Mi primer taller fue con mi papá, porque con él aprendí esta profesión”, afirmó.

A pesar de todo, dice que por momentos se siente frustrada cuando no logra encontrar la falla de alguna pieza. “Ya me ha tocado cambiar hasta tres veces una pieza, ya sea porque se rompe o porque no es la adecuada; pero, como le dije, me gustan los retos”, manifestó.

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