El tormento de Karla para huir de amenazas de la MS

Una trabajadora social, que ayudó a una víctima a denunciar el maltrato que sufría por un pandillero en su hogar, fue amenazada de muerte por pandilleros al sur de San Salvador.

El hijo adolescente de Karla huyó a Estados Unidos después de ser amenazado por las pandillas. Ella se dedica a trabajar en programas de prevención de violencia. Foto/ Lissette Lemus

Por Oscar Iraheta

Jun 09, 2018- 21:32

Karla ha trabajado durante siete años muy cerca de la pandilla. Su labor como trabajadora social le permite luchar contra las injusticias, amenazas y maltratos de sufren las mujeres en los hogares con los pandilleros. En uno de esos acompañamientos a las víctimas para buscar justicia, se encontró con una amenaza de muerte, un ultimátum que le cambió la vida y se convirtió en un infierno en pocas semanas. Esta es su atribulada historia que comenzó en 2017.

Su pecado fue acompañar y orientar a una mujer a una oficina fiscal para denunciar que había sido amenazada constantemente por su pareja. Era su trabajo y por eso no pudo negarse. Sin embargo, en menos de 24 horas, la información se filtró y los pandilleros se enteraron y arremetieron su enojo contra la trabajadora.

Desde ese momento comenzaron las incontables llamadas y mensajes que llegaron a los teléfonos de Karla y rompieron con la tranquilidad que vivía junto a su familia. Todos los días, bajo su puerta, encontraba escritos para atemorizarla y en las calles los pandilleros le acechaban con miradas amenazantes.

Un par de zapatos y pinturas es de lo poco que conserva de su hijo. Foto/ Lissette Lemus

Con el paso de los días, la pandilla le buscó el lado más débil a Karla: sus hijos. Entre tanta amenaza, los mareros le exigieron que debía entregar a uno de ellos para que sirviera a la mara, sino, tenía que entregar 8 mil dólares en efectivo. Karla se negó y la pandilla la acorraló. Tuvo que escapar como pudo, ya que sabía perfectamente que los pandilleros asesinan con barbarie por negarse a cosas menores que eso.

La trabajadora social se preocupó y para evitar comunicación con los pandilleros, cambió su número de celular, rutas hacia su trabajo, mientras confiaba en que la pandilla olvidaría la amenaza.

La profesional es de escasos recursos económicos, no tiene casa propia y le pagan un salario que no supera los 500 dólares. Cuando los proyectos terminan, ella sigue trabajando con mujeres en programas de prevención de violencia sin recibir salario.

 

Después de varias semanas, los pandilleros arremetieron otra vez y y le exigieron el dinero. Entre tanta presión de la pandilla, consiguió 350 dólares para negociar con ellos. Era lo único que tenía y que podría pagar. No hubo “negociación” y menos tregua, siguieron las amenazas.

Una tarde cuando su hijo regresaba de estudiar, varios jóvenes, abordo de un vehículo, lo interceptaron, raptaron y llevaron hacia una colonia al sur de San Salvador. Los pandilleros cuestionaron al joven acerca de la supuesta denuncia que hizo su madre, pero él ignoraba todo. Karla nunca le contó a sus hijos sobre lo relacionado a su trabajo. Después de varias horas, los mareros liberaron al joven.

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Una semana más tarde, los pandilleros llegaron a la casa de Karla a pedirle el dinero que le habían exigido. En esa ocasión sí golpearon a su hijo. Todos tenían miedo de que los mataran por que no se les entregó la cantidad de dinero que pedían. Sin embargo, los delincuentes, al parecer, se conformaron con lo que la trabajadora social les entregó.

Karla sacó de inmediato a su hijo hacia Estados Unidos, lo que la dejó afectada emocionalmente y con una preocupación mayúscula. Dice que en las comunidades asesoraba a las personas sobre migración y violencia, pero nunca pensó que un día ella viviría esa dura realidad.

Ella luchó mucho en la vida para darle estudio a sus hijos, a uno de ellos estaba a punto de graduarlo de bachiller. Sin embargo, se enfrentó a tomar una difícil decisión, o dejaba que los pandilleros asesinaran a su muchacho o lo dejaba ir para enfrentar todos los peligros que viven los inmigrantes para buscar llegar a Estados Unidos.

Karla decidió lo segundo y pagó más de 5,000 dólares a un hombre que realizaba viajes al referido país. El muchacho salió de madrugada con un poco de ropa y varios dólares en su bolsa. Al llegar a la frontera de México y Estados Unidos fue detenido y estuvo preso por meses. Ahora tiene un proceso legal en ese país esperando una respuesta de una Corte de Migración.

Los cuadros que su hijo pintó antes de huir a Estados Unidos. Foto/ Lissette Lemus

El calvario siguió en la familia de la mujer.

Su otro hijo, un estudiante de mecánica, sufrió un accidente en su ojo derecho mientras realizaba una reparación de un vehículo. Fue hospitalizado de emergencia y hasta la fecha lleva tres operaciones, ya que necesita un trasplante de córnea fuera del país. Su mayor sueño de ser un ingeniero automotriz y estudiar aeronáutica se acabó. Su madre lo atendió semanas enteras en el hospital.

Así, la mujer huyó del lugar donde residió por años. En más de siete lugares ha estado y ahora vive de posada en casas de amigos y familiares. Sus problemas le generaron una enfermedad nerviosa, sufre de la presión arterial.
Sigue en la huida. No duerme y vive pensando que le harán daño en algún momento. Desde el primer día que fue amenazada, ha gastado 22 mil dólares aproximadamente hasta la fecha en pagar taxis, alquileres, pagos de abogado de su hijo y otros desembolsos. Pese a todo, sigue trabajando en las comunidades. Afirma que lo hace por el amor hacia las mujeres y a las personas que necesitan ayuda y una segunda oportunidad para salir del círculo de la violencia.
*La identidad completa de Karla ha sido reservada para preservar su seguridad.

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