Las tumbas de personalidades salvadoreñas en el cementerio de Santa Ana

El lugar inició su servicio al público en 1897, y en ese espacio de 46 manzanas de terreno descansan los restos de muchas personalidades públicas del país y de Santa Ana.

Uno de los mausoleos más destacados en el cementerio es el del general Tomás Regalado, expresidente de El Salvador y uno de los "44". Foto EDH / Ricardo Flores

Por Violeta Rivas

Oct 31, 2018- 19:39

No es necesario tener enterrado a un familiar en el cementerio Santa Isabel, de Santa Ana, para poder visitarlo, ya que está lleno de historia y bellas esculturas elaboradas en mármol, algunas traídas desde Italia en barco.

En este lugar descansan los restos de diferentes personalidades de la historia del país, entre ellas varios políticos, militares, escritores, deportistas y religiosos que vivieron durante los siglos XIX y XX.

Según información de la administración del cementerio, el recinto es parte del patrimonio cultural del municipio.

Algunos de los que descansan en este lugar fueron ilustres personalidades, como el expresidente Tomás Regalado, quien gobernó el país entre 1898 y 1903 y que también fue uno de “Los 44”.

La tumba de Ramón Linares, uno de “Los 44”, que formó parte de la revolución en contra del gobierno del general Carlos Ezeta en 1894, Santa Ana. Foto EDH / Ricardo Flores

Según comentan cuidadores, el mausoleo de Regalado tardó más de un año en construirse. La tumba del expresidente de El Salvador se destaca entre las demás por su imponente altura y sus esculturas italianas.

“Los 44” son personas reconocidas históricamente en Santa Ana y en todo el país por haberse revelado en contra del gobierno del general Carlos Ezeta, en 1894; otro de los que yace en este lugar es Ramón Linares, quien participó en esta revolución.

Varios mausoleos tienen réplicas de La Piedad, de Miguel Ángel. Foto EDH / Ricardo Flores

Entre las tumbas se puede observar varias réplicas de La Piedad, de Miguel Ángel, que adornan los mausoleos de las familias Escalón, Álvarez, Díaz y Lara, entre estas la de Francisco Lara Pineda, que fue alcalde de Santa Ana, y cuyo nombre llevó durante varios años la antigua terminal del municipio.

Según cuenta Rolando Flores, quien tiene 34 años de trabajar en el cementerio, una tumba peculiar en este lugar es la de Ernesto Interiano, que fue declarado “Enemigo público N°1” por el general Maximiliano Hernández Martínez en los años 1930, por revelarse contra su gobierno y ayudar a los pobres.

 

 

Esta sepultura, según narra el cuidador, fue utilizada para ritos satánicos, ya que en muchas ocasiones encontraron artículos extraños y velas, además de que se aparecían personas durante la medianoche, aún estando cerrado el lugar.

Entre las tumbas se destacan también personalidades como el alemán Juan Schlenker, primer maestro cervecero de Industrias La Constancia, quien era el regulador y promotor de la receta de elaboración de la cerveza; Óscar Quiteño, importante jugador del Club Deportivo FAS, cuyo nombre lleva el actual estadio de Santa Ana, y Gloria Salguero Gross, empresaria y política salvadoreña.

Juan Schlenker, alemán que fue el primer maestro cervecero de La Constancia. Foto EDH / Ricardo Flores

Como todo cementerio, el Santa Isabel también tiene historias de miedo que cuentan los enterradores, entre estas la del presbítero Vicente Elías Argumedo, quien falleció en 1928 y dicen que se aparece durante la noche.

Según cuentan los sepultureros, este religioso se le apareció a una integrante del Cuerpo de Agentes Municipales (CAM), quien de la impresión cayó en coma y fue ingresada en el hospital, donde falleció tres meses después.

Otro aparecimiento es el del “Perro Negro”, como lo conocen los trabajadores del cementerio, que siempre a la medianoche se baña en una de las fuentes del campo santo.

Tumba de Ernesto Interiano, nombrado como “Enemigo público N°1” por el general Martínez. Foto EDH / Ricardo Flores

Entre las historias está también la de una niña con vestido blanco, de aproximadamente 7 años, que se aparece cerca de una de las ceibas del cementerio.

“Esa niña a toda hora la puede ver uno, siempre en esa ceiba, vestida de blanco. En la noche se ven bultos blancos entre las tumbas, se escuchan risas, pero yo ya estoy acostumbrado”, cuenta Flores.

El cementerio estará abierto para quienes quieran apreciar la belleza de las esculturas y conocer de las personalidades históricas del país.

Muchas de las tumbas de familias pudientes de Santa Ana fueron adornadas durante principios de 1900 con esculturas de mármol. Foto EDH / Ricardo Flores

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