Pese a lucha de Juan Guaidó, la salida del poder de Nicolás Maduro en Venezuela luce cuesta arriba

Tres expertos venezolanos consultados por El Diario de Hoy auguran un largo camino antes de ver la derrota del chavismo, una cúpula con vínculos estrechos con grupos terroristas y del narcotráfico.

El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, y Leopoldo López, icono de la oposición, el martes 30 de abril. Foto EDH / AFP

Por Ricardo Avelar

Ene 26, 2020- 10:40

“Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como el presidente encargado de Venezuela”, dijo hace un poco más de un año, exactamente el 23 de enero de 2019, el hasta entonces presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó.

Ante una abarrotada avenida Francisco de Miranda, la simbólica calle que en los momentos más álgidos se ha llenado de manifestantes, este joven parlamentario invocó los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución venezolana.

En estos, se establece que la Asamblea Nacional puede declarar vacante la presidencia del país. Esto se hizo en ese momento al considerar las elecciones de mayo de 2018 como ilegítimas por ser carentes de supervisión y sin participación real de la oposición. En estas, como es de esperarse, se “reeligió” Nicolás Maduro, cuyo régimen ha hecho lo posible por sacudirse a los actores críticos u opositores.

Desde ese momento, Guaidó se convirtió en el presidente encargado de su país. Sus tres promesas centrales fueron el cese de la usurpación de Maduro, un gobierno de transición y la convocatoria a elecciones libres.

Con esta proclamación, vino una nueva esperanza para un país que ha estado por años al borde del colapso. Crisis humanitarias, represión desmedida, una economía en ruinas y un gobierno marcado por la corrupción y la incapacidad total han llevado al abismo al otrora país más rico y culto de América Latina.

Pronto, más de 50 países y algunas de las democracias más importantes del mundo reconocieron a Guaidó como el legítimo mandatario de Venezuela. Entre ellos, se encuentra Estados Unidos, España, Alemania, Francia y Reino Unido, entre muchos otros de diversos rincones del globo.

Pese al entusiasmo generado, al apoyo internacional y a una operación cívico militar para deponer al chavismo, Maduro y la cúpula chavista siguen controlando gran parte del poder en Venezuela. A pesar de haber establecido un gobierno con ministros y representantes internacionales, Guaidó no logró el cometido de “cesar la usurpación”, la transición no parece completa y aún no se avizoran elecciones limpias y libres.

Para hacer un balance de este año, El Diario de Hoy contactó a tres venezolanos de reconocida trayectoria política y académica: Rocío Guijarro, líder del principal tanque de pensamiento del país; Jesús Armas, dirigente del partido Primero Justicia y de los principales asesores del opositor Henrique Capriles; y Ana Karina García, quien desde el exilio sigue luchando por los derechos humanos.

Para ellos, la presencia de Guaidó ha sido importante, pero el camino a la libertad parece largo y tortuoso. Este es un régimen, advierten, que difícilmente saldrá “por las buenas” y con aliados peligrosos.

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, durante su discurso ante los venezolanos concentrados este sábado en la Puerta del Sol de Madrid. Foto EFE

Algunas luces de esperanza

Si bien Maduro sigue en su cargo y aún controla al grueso de las fuerzas armadas, no todo en Venezuela es desesperanza.

A juicio de Rocío Guijarro, gerente general del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE), la imagen de Guaidó es clave por su capacidad de “articular esfuerzos especialmente internacionales para presionar por una salida de Maduro”.

El joven político y activista Jesús Armas coincide, pero llama a no solo ver al movimiento opositor al chavismo como alrededor de Guaidó. “También hay que verlo alrededor de la Asamblea Nacional y de las aspiraciones de la mayoría de los Venezolanos”, considera el dirigente del partido Primero Justicia, una de las principales agrupaciones de la oposición del país sudamericano. Sin embargo, entiende el rol de Guaidó como un altavoz de la aspiración de libertad de un país entero.

Tanto Guijarro como Armas consideran que Guaidó sigue bien posicionado y reconocido en el país, pese a que el chavismo sigue conservando su poder.

Por su parte, Ana Karina García, activista en el exilio, es un poco más crítica con el rol que ha jugado el presidente encargado. Ve importante “la estrategia de juramentar un presidente por ausencia absoluta (por la ilegitimidad de Maduro), pues te genera un quiebre en muchos procesos que estaban en manos de la dictadura”, pero recalca que “esta estrategia debe verse como un método para salir del régimen y no la creación de un nuevo estatus quo”.

La experta en derechos humanos considera que Guaidó no ha sabido articular las fuerzas opositoras, uno de los talones de aquiles tradicionales de los movimientos en contra del chavismo. “La falta de inteligencia emocional para incluir y gobernar con el Parlamento llevó a una ruptura, dividiendo a diputados de primera y segunda”, lamenta.

Pese a sus posturas más críticas, García se une a Armas y Guijarro en considerar que el también presidente del Legislativo ha hecho una invaluable labor al posicionar a Venezuela en el discurso de los principales líderes globales y exhibir con mayor vehemencia los abusos y vejámenes de un régimen que consideran dictatorial y criminal.

“El apoyo internacional siempre va a ser trascendental para derrocar a las mafias que tienen secuestrado a Miraflores (sede del Ejecutivo venezolano)”, dice.

“Lo que está haciendo el presidente encargado en este momento es clave para el país. En primer lugar, el mundo necesita entender el riesgo para la seguridad del continente y de otros países que representa Nicolás Maduro”, menciona Armas y añade que se han reforzado coaliciones internacionales.

“Veremos los resultados de esta gira internacional donde se han fortalecido los respaldos” a Guaidó, añade Guijarro. La gerente del principal tanque de pensamiento venezolano alude al viaje del presidente encargado a Davos, Suiza donde los principales líderes globales acuden al Foro Económico Mundial.

Desde ahí, el político venezolano expuso la lucha por derrocar a una dictadura y se comprometió a no bajar la guardia. “Desde 1999 Venezuela ha sido gobernada por un terrible modelo que ha destruido la capacidad productiva del país, que ha instaurado un aparato represor que persigue, que asesina; y a pesar de eso estamos aquí para decirles que tenemos la capacidad de reconstruir Venezuela”, dijo.

Claves para derrocar a una dictadura

“¡Uy! Eso no lo sabemos”, responde Guijarro cuando se le consulta qué hace falta para que el chavismo ceda el poder. Y es que a pesar de los apoyos internacionales y la amplia popularidad de Guaidó, este sigue siendo en esencia el líder de la oposición a un régimen que sigue controlando tropas y colectivos paramilitares armados que actúan violentamente y con impunidad.

“Se habla de elecciones como la salida, pero deben ser transparentes, competitivas, con un nuevo Consejo Nacional Electoral y sin Maduro de candidato”, explica la académica, pero reconoce que “hace falta presión y calle… Está difícil”.

El pronóstico de Armas también es reservado. Si bien los ciudadanos se movilizaron al inicio del año pasado con un renovado ánimo bajo el liderazgo de Guaidó, “la represión del régimen causó muertes, presos y heridos. Eso hizo que el impulso inicial se perdiera y la segunda mitad de 2019 fue muy difícil para todo el país”, recuerda.

Más allá de la ausencia total de conductas democráticas, en Venezuela hay otro problema fundamental: la vinculación del régimen del chavismo y Nicolás Maduro con el crimen organizado, mafias internacionales e incluso grupos terroristas.

“Esta es una tiranía que además de la represión tiene claras vinculaciones con el narcotráfico, la explotación ilegal del oro y el terrorismo como las FARC, Al Qaeda o Hezbollah”, ilustra Armas, quien aclara que este no es un proceso dictatorial normal: “Maduro está más cerca de Pablo Escobar que de Augusto Pinochet”, lamenta.

A esto se suma García, quien advierte que “no estamos buscando derrocar un gobierno, sino encarcelar una organización terrorista, no vamos a lograr avanzar”. Por ello, añade, “al luchar contra una organización financiada por el narcotráfico, nuestra ventana es no descartar ninguna herramienta para encerrarlos tras las rejas y recuperar la soberanía, el territorio y la libertad del país”.

Por ello, como han intuido estos analistas, la salida al régimen no necesariamente está en las protestas en las calles o en mecanismos institucionales internos. El vínculo del gobierno con carteles, sus peligrosos aliados internacionales y la impunidad con la que actúan eleva una pregunta incómoda: ¿será necesaria la intervención militar extranjera para deshacerse de esa corrupta cúpula en el poder?

La respuesta permanece incierta, y el mismo gobierno de Estados Unidos afirma que esta no es la opción primordial, pero no se descarta. Mientras eso pase, Juan Guaidó parece ser la principal apuesta para salir de la dictadura por medio de elevar su mensaje, apostar por una salida pacífica y una normalización de la política en Venezuela. Una tarea que a juicio de los expertos consultados difícilmente aparece en un futuro cercano.

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