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La Biblioteca Nacional de El Salvaor (Binaes) será reconstruida a raíz de un acuerdo entre el gobierno de El Salvador y China. / Foto Por EDH / Eduardo Alvarenga

Sucesos 2021: Cultura entre censuras, hermetismo y retrocesos

El Ministerio de Cultura encabezó polémicas en torno a traslados injustificados de personal, veto a artistas y por la “renovación” de edificios de gran valor histórico.

Por Óscar Orellana / Sara Castro | Dic 25, 2021- 01:00

Sombrío y plagado de censura. Así fue el 2021 para la cultura en El Salvador. Arrastrando aún las dificultades que dejó el inicio de la pandemia, este gremio continuó enfrentado el nulo apoyo de una cartera de Estado que se ciñó —evidentemente— a las líneas de trabajo del Gobierno central, marcadas por el hermetismo y la poca transparencia de sus proyectos.

Grandes dependencias de esta entidad pública se vieron afectadas por planes que parecerían positivos y monumentales, según el Ministerio de Cultura (Micultura), pero bajo las lupas más críticas, reflexivas, equilibradas y de experticia, éstas no mostraban una base sólida. Y ante las voces que daban eco de estos vacíos o injusticias, la condena estaba a la orden.

Desde gremios, sindicatos, colectivos, Organismos no gubernamentales hasta de forma individual se vieron afectados por el veto de esta institución que debe velar por la protección de toda expresión cultural y artística. Sin embargo, y asumiendo las consecuencias, los artistas y gestores nunca perdieron de vista la importancia de garantizar el acceso a la cultura y conservar este patrimonio común.

Es así como el nombre del pintor Renacho Melgar resonó en las redes sociales debido a su clara denuncia ante la detracción de Micultura. Un ejemplo muy particular pero que se replicó constantemente y a grandes escalas.

“Hoy no hacemos milagros” es el nombre de la pieza que Melgar creó para exponerla en la Tercera Muestra de Dibujo Contemporáneo 2021. La temática era libre y este artista decidió que abordaría en su obra temáticas de violencia latentes, como los feminicidios, las desapariciones forzadas, la migración, entre otras. Él entregó su dibujo como correspondía, pero el 30 de septiembre, recibió una llamada donde Micultura señalaba que su creación no cumplía los estándares ni los objetivos de dicha entidad.

Arte Censurado. Una obra del artista Renacho Melgar fue vetada por Micultura por no cumplir “los estándares ni los objetivos” de dicha institución. Foto: EDH / EFE

“Lo que me parece más irónico es que en un mundo en el que está de moda hablar de la ‘descolonización’, todas sus actitudes se vuelven colonizadoras. Ese sentido colonial-conquistador de llegar e imponerse sobre lo que alguien ya trabajó, destruir y vetar lo que no les parece y considerarlo degenerado, satánico, y seguir construyendo desde la forma más canibalista. Creo que entre mis colegas de todos los gremios culturales, en este momento, lo único que ha hecho bien el Estado es generar división, generar conflicto, nos han polarizado más”, expresó el muralista en una entrevista concedida a El Diario de Hoy en torno a su acusación y el veto a su obra.

Ese mismo día de septiembre, en Santa Ana, la Asociación del Patrimonio Cultural de Santa Ana (Apaculsa) fue desalojada del edificio en donde funcionó por más de dos décadas. La razón: Micultura y la alcaldía de la Ciudad Morena utilizarían el inmueble para otros proyectos.

Apaculsa hizo muchos intentos por llegar a un acuerdo y evitar ser trasladados, sin embargo, la actual ministra de Cultura, Mariemm Pleitez, hizo caso omiso a sus peticiones.

La institución, que ganó el Premio Nacional de Cultura 2001, ha realizado una labor significativa en pro del arte y la cultura santaneca. En dicho local no solo funcionaron sus oficinas administrativas, también se encontraba la Biblioteca del Centro —con más de 17,000 títulos donados por instituciones, embajadas y benefactores— y el Centro de Artes de Occidente, que sigue trabajando con miras al fomento de las artes desde 1999, según información detallada en su sitio oficial.

Desalojos. La Asociación del Patrimonio Cultural de Santa Ana (Apaculsa) debió ir contra la corriente tras ser obligados a abandonar la sede donde trabajaron por años. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial https://www.facebook.com/centrodeartesCAO/photos/1938012329698901

“Nos desalojaron. Nos llegaron a pedir las llaves del edificio el día 30 de septiembre y le rogamos al alcalde (Gustavo Acevedo) nos pudiera permitir sacar nuestras cosas. Ahora estamos ubicados en el edificio del Casino Santaneco”, afirmó un portavoz de Apaculsa, luego de abandonar el edificio a petición del gobierno.

Ese 30 de septiembre, también la Asociación ProArte de El Salvador se vio en aprietos, debido a que se le venció el plazo impuesto para cancelar el alquiler de uno de los inmuebles destinados para impartir la formación musical de los integrantes de la Orquesta Sinfónica de San Salvador, que se adeudaba desde hace 13 meses.

La razón del impago se debía a que no habían recibido los fondos mensuales que la municipalidad de San Salvador destinaba a la ONG para el desarrollo del programa social, según convenio firmado el 14 de septiembre de 2017, período en el que Nayib Bukele fungió como edil de la alcaldía capitalina.

Fueron dos los locales que se utilizaron para impartir clases y realizar ensayos: uno en San Salvador y el otro en Santa Ana. Del primero, para ese entonces, se debían siete meses de arrendamiento y del segundo, 13, según lo detallado por dicha organización apolítica y sin fines de lucro.

Estos inmuebles fueron alquilados por la ONG en nombre de la alcaldía de San Salvador para poder continuar con el proyecto de formación musical creado por la Fundación Azteca en 2011 y que en 2017 fue retomado por el ahora presidente de la República.
El proyecto continuó de la mano de ProArte hasta julio de este año, después que la administración municipal de Mario Durán dio por finalizado el convenio que se firmó con Bukele.

Y a ocho meses de gestión del edil capitalino “sigue pendiente la deuda de más de $100,000.00, incluyendo los arrendamientos de los inmuebles, a pesar de haber recibido el Fodes (Fondo para el Desarrollo Económico y Social de los Municipios) atrasado con el cual la administración anterior nos manifestó que por eso no nos pagaban. Hemos enviado desde mayo diferentes cartas al alcalde y ninguna nos ha respondido”, manifestó ProArte a El Diario de Hoy.

“Nosotros desde julio entregamos la Orquesta Sinfónica de San Salvador a la alcaldía, únicamente nos hemos quedado realizando el cobro de la deuda, por ende, entregamos los inmuebles que teníamos arrendando para el proyecto”, agregó la institución.

El desconcierto y los sinsabores que dejó la gestión de Micultura también los experimentaron algunos docentes y agremiados del Centro Nacional de Artes (Cenar). Estos empleados se manifestaron y denunciaron la reestructuración que la cartera de Estado hizo de manera sigilosa en esta institución. Algunos de ellos fueron entrevistados por este rotativo, sin embargo, por temor a las acciones de la institución pública prefirieron que sus declaraciones se mantuvieran off de récord.

Lo que sí salió a luz sobre este caso es que una veintena de profesores fueron reubicados sin previa consulta a escuelas públicas con el propósito de educar en las ramas artísticas a la población estudiantil salvadoreña. Sin detallar porqué y cómo sería esta nueva estructura organizacional, el Cenar quedó “desmembrado” y algunas de sus áreas serían transformadas para recibir al Ballet Nacional de El Salvador, un proyecto creado por el Gobierno.

Tras la manifestación, Micutlura anunció una desinfección en los edificios del Cenar por supuesto nexo epidemiológico, por ello las actividades quedaban canceladas. Docentes detallaron que la notificación era para obstaculizar su denuncia.

Edificios culturales sin protección
También algunos inmuebles declarados Bienes Culturales sufrieron cambios debido a decisiones poco meditadas, vulnerando su valor histórico, arquitectónico y cultural. Los casos más sonados fueron el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes, el Edificio de Bellas Artes de Santa Tecla y la Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes).

Un anuncio en Twitter del alcalde tecleño, Henry Flores, informaba que las edificaciones de esa ciudad estaban siendo “remozadas”, pero las fotos compartidas revelaron que estaban siendo pintados de celeste, una tonalidad que asemejaba al color del partido de Nuevas Ideas, a la cabeza de dicha municipalidad.

Captura de pantalla del tuit publicado por el edil tecleño, donde informaba sobre los trabajos de "mejoramiento" en el palacio de dicha ciudad.

El debate estaba servido: ¿por qué de ese tono? ¿Se han amparado en la ley de conservación de Bienes Culturales? ¿Hizo la municipalidad una consulta ciudadana para ese cambio?

Fue la presión de los salvadoreños en redes sociales y los pronunciamientos de expertos los que frenaron las remodelaciones de color.
Por otra parte, el histórico edificio que albergó a la Binaes desde 1994 —y que anteriormente fue sede del Banco Hipotecario desde su inauguración en 1962— está a punto de desaparecer, y con él la historia y el valor cultural que se le atribuyó cuando fue declarado patrimonio de El Salvador por el Decreto Legislativo Nº 680, de 2008.

A pesar de ser un tesoro histórico, que marca una época, y los constantes señalamientos de gestores culturales por buscar una solución para no destruir la edificación, pues consideraron que era un atentado al patrimonio del país, el gobierno de Bukele se enfrascó en su demolición para construir otro edificio en el mismo lugar, cuyos trabajos iniciaron a mediados de octubre.

El inmueble que albergó la Binaes fue el primero en construirse en el país con estructura de hierro, y en él también se instalaron las primeras gradas eléctricas; posee murales significativos, como el del pintor Carlos Cañas y un pequeño teatro que muy pocos sabían de su existencia.

La nueva construcción será parte de los seis proyectos de cooperación no reembolsables que prometió la República Popular de China al gobierno de Nayib Bukele en diciembre de 2019, el cual costará $54,000,000 y cuya construcción se demorará aproximadamente dos años.

Es indiscutible que la cultura en El Salvador, desde todas sus vertientes, sigue naufragando. Y las voces que velan por todas las expresiones de arte, por los sitios prehispánicos y los pueblos originarios, las Casas de la cultura, los monumentos históricos, las tradiciones, siguen pronunciándose fuerte en el plano virtual y real, aunque se les silencie;esperando que el 2022 sea más esperanzador.

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