Yuli, la historia del triunfo de un bailarín descendiente de esclavos, llega a El Salvador

El director artístico del famoso show del Cabaret Tropicana en Cuba, Santiago Alfonso, se transformó en el padre del primer bailarín afrocubano del Royal Ballet de Londres, Carlos Acosta.

Por Rosemarié Mixco

Nov 10, 2019- 08:50

El balletista Carlos Acosta es considerado en su tierra natal el “dios negro del ballet cubano”. En diciembre de 2018, como un regalo para la isla y sus ciudadanos, la directora española Icíar Bollaín estrenó su filme de tintes biográficos Yuli, en el marco del 40 Festival Internacional de Cine de La Habana.

La proyección se realizó en el Teatro Karl Marx , donde más de 5,000 almas se dejaron seducir por el proyecto cinematográfico que, entre ficción y realidad, narra la vida del talentoso bailarín.

Yuli es protagonizada por Acosta, quien se interpreta a sí mismo en la plenitud de su carrera. Su infancia y juventud reviven a través de las actuaciones de dos actores amateurs: el pequeño Edilson Manuel Orbera y el joven Keyvin Martínez.

Las dos piezas claves detrás del éxito del balletista afrocubano fueron su padre y una de sus profesoras: Pedro Acosta y Ramona de Sáa. La docente es caracterizada por la consagrada actriz Laura De la Uz y su obstinado progenitor, por el Premio Nacional de Danza cubano de 2006, Santiago Alfonso.

El también coreógrafo es uno de los mejores bailarines de danza contemporánea en la historia del baile cubano. En un principio, el proyecto cinematográfico de la realizadora española le fue ajeno.

Carlos Acosta y Tamara Rojo en el Royal Ballet de Londres, interpretando La Bella Durmiente, en octubre de 2006. Foto EDH / AFP

La propuesta le llegó a través de su amiga, colega y compañera de trabajo Susana Pous, directora de la Compañía danzaria, con quien compartía el jurado de un programa de televisión enfocado en la danza. Claro, Pous y Bollaín eran amigas y la coreógrafa cubana se encargó de contar a Alfonso los pormenores de la filmación de Yuli, en la isla.

Al respecto, Yuli, el título de la producción, es el apodo que desde pequeño recibió Acosta “de su padre, un camionero humilde, descendiente de esclavos, que reconoce intuitivamente el enorme talento de su hijo y lo obliga a cursar ballet, una carrera que en Cuba goza de prestigio a nivel mundial y se estudia de forma gratuita”, detalló en su oportunidad una nota de la agencia EFE. Pero además, el ballet era en Cuba una disciplina artística reservada para la gente blanca.

Santiago Alfonso accedió a responder algunas preguntas de D7, vía correo electrónico desde La Habana, ante el próximo estreno de la película en el VI Festival Internacional de Cine Suchitoto, este 16 de noviembre, en El Salvador.La cinta abarca desde la dura infancia de Acosta hasta su madurez, cuando a pesar del éxito y el reconocimiento internacional, nunca olvida sus orígenes. Yuli ya recibió siete premios Goya en España.

Santiago Alfonso es Pedro Acosta en el filme “Yuli”, el padre obstinado del bailarín afrocubano. Foto EDH / Morena Films

¿Qué significó para ti tener la oportunidad de ser parte del filme Yuli?
Inicialmente no tuve conocimiento de la película (…) yo no sentía embullo alguno sobre el tema. Pasados varios días fui a ver una obra de teatro de una de las compañías más prestigiosas de nuestro país, en la que el personaje protagónico lo interpretaba el esposo de Susana (Pous) y cuando estaba parado en la puerta esperando entrar, se me acerca ella y me dice: “Santi, te acuerdas de la directora de la que te hablé. Es ella”. Y me presenta a una señora. Me viré y la saludé, pero sin el menor entusiasmo. Entramos y me senté a ver la puesta en escena. Esta obra, llamada Los Diez Millones, me impresionó mucho, porque de los temas que narra —basados en hechos reales— fui testigo, y al final me sentí muy mal. Susana se acerca y me dice que los actores quieren que les de mi opinión, y le respondo: “Susana, me siento muy mal y no puedo hablar con nadie”. Me dice que además su amiga quiere hablar conmigo, y le respondo: “No Susana, hoy no puedo”. Y me voy. Así fue mi contacto con Icíar Bollaín, la directora de Yuli.

¿Cómo te llegó la propuesta para interpretar al papá de Carlos Acosta?
Pasados unos días, alguien me llama para decirme que la directora de la película quería reunirse conmigo, que si podía venir a mi casa. Le dije que sí, que viniera al día siguiente, y así lo hizo, acompañada de una directora de nuestra televisión. Me trajo un libreto enorme y cuando lo hojeo le pregunto: “¿Y usted quiere que yo me aprenda todo esto?”. Me responde: “No, no, solo quiero que leamos algunos párrafos”. Me indicó lo que quería que leyera y así lo hice. Al terminar, me dijo que me avisaría y se fueron. Pensé que no la volvería a ver, pero al día siguiente me llama temprano la directora cubana y me pide reunirse conmigo ese día más tarde. Acepto. Ella viene y desde el primer momento me aclara que viene porque Icíar se lo ha pedido, para que me diga como quiere que se interprete el personaje. Le digo: “Ok’”. Vamos, es esta señora la que en realidad me lo montó, estuvimos trabajando varias horas y es ahí donde me entero de que el filme está basado en la biografía de Carlos Yunior, que es como lo conocí de adolescente, y que el personaje que Icíar quiere para mí es el del padre. La directora cubana me propuso repetir el trabajo de mesa y acepté, ya me sentía embullado porque no era ni un esclavo ni un negro criado; estuvimos trabajando varios días y al final me dijo que me citarían para que Icíar me viera haciendo alguna escena. Pasaron varios días y me llaman a una casa para una audición con actores. Fui a la audición e hice una escena. No me dijo nada y me indicó que volverían a citarme. Estas audiciones se repitieron, pero no me decían nada…

El elenco masculino de la película es en su mayoría amateurs. Mientras el reparto femenino sí es profesional. Foto EDH / Morena Films

Justo en esos días, La Habana fue golpeada por el huracán Irma. Los fuertes vientos y la intensa lluvia destruyeron la isla. La directora cubana y su equipo le hicieron frente y continuaron con su trabajo de producción. Una mañana, Alfonso recibió su llamada.

“… me dice que quiere venir a verme en mi casa. Le digo que como ella sabe vivo frente al mar y mi zona ha quedado en muy malas condiciones. Me dice: “No importa voy”. Vino y me hizo hacer algunas escenas, antes de decirme: “esta noche me voy a España. Regreso en un mes y nos vemos”. Salió y con ella se fue mi esperanza, porque pensé: “Esto no le gustó y me esta dando largo, a esta no la veo más”.

Sin embargo, el también director artístico del famoso show del Cabaret Tropicana pasó las pruebas y, finalmente, le informaron que el papel era suyo.

¿Ya tenías experiencia actuando en cine? ¿Cómo te preparaste para caracterizar al padre de Acosta?
Sí, ya había hecho varias actuaciones en cine. La primera fue en 1961 como bailarín solista, en un documental de José Massip —uno de nuestro grandes documentalistas—, basado en una obra de mi maestro y padre de la danza moderna en Cuba, Ramiro Guerra. La obra se llama Suite Yoruba y el documental Historia de un Ballet. Después, en 1969, participé en la filmación de la misma obra en Hungría. He hecho muchas coreografías para cine. En 1999, hice un coprotagónico en la comedia musical de Gerardo Chijona, Paraíso bajo las estrellas, y dos o tres años después participé en una comedia mexicana llamada El acorazado. Pero como ya le expliqué, el trabajo con la directora cubana fue decisivo, fue ella la que se centró en el personaje de Pedro, la que me lo montó. Después trabaje mucho en la expresión física y oral, en aprender que cada escena tiene su expresión. Pasé noches enteras aprendiendo los texto, solo en mi casa, porque para poder ser Pedro tenía primero que saber lo que tenía que decir en cada escena, y después oyendo a Icíar, haciendo lo que ella pedía. Y por supuesto, y no menos importante, oyendo a todos los actores y actrices que me acompañaban en cada momento. Cada uno de ellos fue un tutor y nunca olvidaré su apoyo. Tenía el compromiso conmigo mismo de no defraudar a Icíar Bollaín, que había confiado en mí. La película estaba llena de artistas con mucho prestigio: el guionista, el director de fotografía, los actores y actrices, cada uno de ellos era ejemplo de lo mejor y yo estaba obligado a estar a su altura, pero eso solo lo podía lograr con disciplina y profesionalismo.

La isla fue golpeada por el huracán Irma en septiembre de 2017. Foto EDH / AFP

¿Cuál fue tu mayor reto actoral?
Mi mayor reto sin dudas era el entorno profesional en me había metido y después, el primer día de filmación fue muy impactante, porque cuando llegué al lugar me enteré de que ese día todas las escenas serían solo con el niño. Pero ya nada podía hacer, tenía que seguir para adelante.

¿Ya viste la película? ¿Qué opiniones has recibido de tu actuación?
Soy un artista profesional con muchísimos años de trabajo, mi país me ha dado las herramientas para luchar por cualquier meta. Si alguien se atreve a invitarme lo trataré de hacer. Por muchos años bailé, después impartí clases de danza, folclor cubano y ballet, he creado miles do obras coreográficas y dirigido espectáculos en el mundo entero y cada cosa que he hecho ha sido un nuevo reto. Mi país me ha enseñado que nada es imposible si se hace con seriedad y convicción.

Tú conociste a Carlos Acosta cuando comenzó su carrera en Cuba, fuiste su maestro. ¿Cuáles eran las cualidades artísticas que hicieron a Acosta un gran bailarín? ¿Qué aptitudes debe tener un aspirante a triunfar en la danza?
Conocí a Carlos siendo él un adolescente. Le impartí clases de danza y folclor en el nivel medio, considero ante todo que es una persona de mucha suerte. Tuvo un padre que contrario a la lógica vio lo que era absolutamente contrario a la lógica de un hombre de su nivel educacional y social. Ese señor era un iluminado y después cayó en manos de un ser excepcional, Ramona de Sáa, que vio e hizo realidad lo que Pedro soñó. Desarrolló el talento de Carlos y lo convirtió en lo que después ha sido, un bailarín. Es por eso que digo que ha tenido mucha suerte, porque si a pesar de tener ese enorme talento no hubieran estado presentes en su vida esas dos personas, nada hubiera sido posible. Tener talento es muy importante, pero debe estar acompañado de tenacidad, entrega, disciplina y capacidad de sacrificio, y confianza en los que lo guían.

El niño Edilson Manuel Orbera interpreta al bailarín cubano durante su infancia. Foto EDH / Morena Films

¿Cómo es tu relación actual con él?
No somos amigos en el sentido estricto de la palabra, siempre nos hemos tratado con respeto y de forma afectuosa. Yo lo admiro profundamente.

Para ti, ¿qué representa Acosta para Cuba y Latinoamérica?
Carlos representa ante todo lo mejor de nuestro país en la danza, es un ejemplo a seguir para cualquier latinoamericano y también más allá.

Yuli se proyectará en el país el 16 de noviembre, a las 7:00 de la noche, en la plaza central de Suchitoto. Es gratis.

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