Rumores de la época de la reina Victoria y del poeta Rudyard Kipling

Al lado de la antigua pagoda Moulmein. Mirando hacia el este, hacia el mar. Hay una mujer de Burma sentada. Y yo sé qué piensa de mí. Porque el viento está en las palmeras. Y las campanas del templo dicen. Regresa, soldado de Gran Bretaña, Regresa a Mandalay. Regresa a Mandalay, donde juegan los peces voladores. Y el alba sube como un trueno desde China, al otro lado de la bahía. Rudyard Kipling, Mandalay en Baladas de Barracón (1892).

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Ago 25, 2019- 04:30

Rudyard Kipling (nacido en Bombay, India, en 1865 y fallecido en Londres en 1936) era un poeta, periodista y escritor de cuentos cortos y novelas. Es clasificado como escritor anglo-indio, vocero del Imperio británico de la reina Victoria. Ganó el Premio Nobel de literatura en 1907. Para nosotros, hoy, es conocido como el autor de obras como El libro de la selva, Baladas de Barracón, y otras bien escritas aventuras como Capitanes Valientes (Captains Courageous); Gunga Din, The White Man´s Burden, Recessional, Cuentos bien contados (Just-So Stories), Cuentos de la India, Los ojos de Asia, Rikki Tikki Tavi, Toomai of the Elephants y muchas más.

Por décadas ha sido señalado como un “poeta de visión imperialista”, y, sí, era eso, pero también mucho más porque era un escritor de estilo fino y erudito. En este punto se vale pensar en la visita de Boris Johnson a Myanmar (Burma en los tiempos victorianos) en 2017 cuando, al lado del embajador del Reino Unido para Myanmar en la tarima de una actividad pública, comenzó a recitar el que es considerado uno de los poemas más racistas e imperialistas del idioma inglés en el que Kipling intentaba elogiar al imperio británico cuando ocupó, por siglos, India, Myanmar, el Punjab y otras regiones aledañas como lo que es ahora Pakistan. El poema es una celebración a la dominación de la India por el Reino Unido, y un lamento por la pérdida de un amor. El embajador británico en Myanmar dijo, a sotto voce, a Johnson que su micrófono estaba abierto. Pero Johnson siguió recitando Mandalay hasta que el embajador dijo que eso no era apropiado. Johnson siguió con su recitación y el embajador puso fin al acto de Johnson con un Stop!

 

Trabajaremos al revés, como un cangrejo, al visitar el mundo victoriano y la historia del joven Kipling y su vida temprana en Lahore, en la provincia del Punjab, en la década de 1880 a 1890 donde, de niño, su primer idioma era el indostánico. Tuvo que aprender inglés para comunicarse con sus padres. En Lahore, trabajó como periodista hasta la edad de 23 años por 540 libras esterlinas anuales. La población de la India en Lahore era de en unos 150,000 punjabis, incluyendo indostanos y sikhs, mientras había solamente 1200 ingleses. Kipling dejó la India a la edad de 23 para ir a Londres donde, por sus publicaciones, llegó a ser famoso. Pero dijo que no le pareció el papel que tuvo que jugar porque, en sus propias palabras, fue “muy perseguido para largas cenas”.

En 1872, el novelista americano, Henry James, describió a Kipling como “el hombre de genio más completo que jamás había conocido”. Tomamos nota de que estamos en el período en Europa del Movimiento Estético, también conocido como le Fin desiècle o la Belle Epoque —La Bella Época, es decir durante las últimas décadas del siglo XIX, justo antes de la Primera Guerra Mundial, en 1914. En la Irlanda de estos años, brotaron “The Troubles” (conflictos entre Inglaterra e Irlanda, y entre católicos y protestantes).

En Sudáfrica había comenzado la Gran Guerra Anglo-Boer entre Gran Bretaña y la República de Sudáfrica (conocida en este entonces como Transvaal y habitada por Afrikans (protestantes holondeses). Oscar Wilde escribió El Retrato de Dorian Grey y los “Dandies” usaban collares de terciopelo, tomaban ajenjo (absinthe) y escribían imitaciones de la poesía del poeta francés, Charles Baudelaire.

Mientras tanto, Kipling fue a pasear en lo que él denominó “América” (los Estados Unidos), y sobre ella dijo: “América es barbarísima porque tiene teléfono, luz eléctrica, ferrocarriles y el voto (sufragio) para la mujer”. No obstante, se casó con una mujer americana y vivió como expatriado en el estado de Vermont, donde Sir Arthur Conan Doyhle (autor de los cuentos de Sherlock Holmes) lo visitó e intentó enseñarle golf.

En estos tiempos irrumpió el conflicto potencialmente bélico sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica, que se intensificó cuando descubrieron oro en el área en disputa. Los Estados Unidos, que querían arbitrar la situación por razones de interés económico, invocaron la Doctrina Monroe para eliminar a los británicos del hemisferio occidental. La respuesta del primer ministro británico de ese entonces, Lord Salisbury, (la reina Victoria estaba en el trono de Inglaterra), fue hacer caso omiso a la invocación de la Doctrina Monroe, alegando que Guayana Británica pertenecía a Inglaterra mucho antes de que siquiera existiera la República de Venezuela. Kipling, viviendo en Vermont, no entendió el pleito y en su correspondencia dijo que se sintió como que “una jarra fue lanzada hacia él (como inglés) en una cena entre amigos (americanos)”.

Ahora, Estados Unidos, privado de una guerra con el Reino Unido por Venezuela, comenzó —o, mejor dicho, Teddy Roosevelt y la prensa de Hearst y Pulitzer, después del misterioso hundimiento, en el puerto de La Habana, del Maine, un barco de batalla de EE.UU., la que es conocida como la Guerra hispano-estadounidense. El Congreso de EE.UU. declaró la guerra contra España. En abril de 1898, EE.UU. ocupó Cuba, las islas Filipinas y Puerto Rico.

Kipling, por la ocasión, escribió, en febrero de1899, su poema, The White Man´s Burden (La carga y responsabilidad de los blancos “civilizados” de “civilizar” a los indígenas de color del mundo). Este poema se hizo famoso a través de los siglos por su expresión de racismo e imperialismo. En su tiempo, fue publicado con júbilo en el Times de Londres y en McClure´s Magazine en los EE.UU. Este poema, en el siglo XXI, es considerado una expresión bárbara de racismo e imperialismo en su forma más cruda; pero en el siglo XIX era un discurso normal y usual entre las poblaciones blancas de Europa, sobre el funcionamiento del Imperio británico, sobre el cual nunca se pone el sol. Además, los restantes países que habían asistido a la Conferencia de Berlín, en 1884, tenían como objetivo dividir África en una serie de colonias pertenecientes a los poderes reinantes de Europa.

Comenzó y terminó la Primera Guerra Mundial, y Kipling declaró que odiaba a los “hunos”, como él los llamaba —es decir, a los alemanes y, después del cese al fuego, Kipling y su esposa americana visitaron los cementerios del Frente Occidental.

En estos días cuando Irlanda es el mero centro del debate sobre el brexit, recordamos que Kipling, en los años 20 del siglo pasado, escogió Ulster, como el lugar ideológico donde depositó sus sentimientos, como hicieron muchos de los ingleses de “la vieja guardia” de Gran Bretaña. Se opuso, también, en la Cuestión Irlandesa, al IRA (Ejército republicano de Irlanda, IRA por sus siglas en inglés)), y a su brazo político, Sinn Fein, y observaba con calma los ataques de los Black and Tans (negro y caqui) del Ejército británico. Black and Tan eran los colores de sus uniformes.
Su vida fue ocupada con viajes largos —como era costumbre en aquellos tiempos —a Sicilia, Argelia, Holanda, Brasil, Egipto y Bermuda. Era un amigo cercano de Winston Churchill, pero no vivió para ver ni la Conferencia de Munich, ni el Anschluss (invasión de Polonia por Alemania en 1939) que comenzó la Segunda Guerra Mundial.
De sus obras, aunque tenemos muchas, nos resultan bastante conocidas El Libro de la Selva, Rikki-Tikki Tavi y Toomai of the Elephants por las producciones, deformadas y mutiladas, de Walt Disney, que Kipling —para su fortuna— no vivió para ver.

Tal vez su poema más conocido es Recessional, un elogio a la reina Victoria por su Jubileo de Diamante con el que celebró sus 60 años en el trono. Su refrán “Lest we forget” (“No lo olvidemos”) es una homilía a la Mancomunidad de Gran Bretaña bajo la reina Victoria y es cantado y recitado hasta hoy.
Kipling murió en 1936. Su tumba queda en The Poets Corner (la esquina de los poetas) en la Abadía de Westminster con Geoffrey Chaucer, William Shakespeare, Alfred, Lord Tennyson y otros. Escribió bien, fue la voz del imperialismo británico y es estudiado seriamente en las universidades del mundo.

Debemos estar alerta a los valores expresados en sus poemas. Y “lest we forget” (“no lo olvidemos”) comencemos a criticar desde una actitud de superioridad y a hablar de Kipling con desdén por haber sido un hombre de su tiempo —es decir, imperialista.

Consideremos lo siguiente: Para los que creen que el imperialismo ha sido superado en el siglo XXI, solamente se tiene que considerar la propuesta, esta semana, del presidente de los Estados Unidos de comprar Groenlandia, mientras la primera ministra de Dinamarca se pronuncia pública y firmemente de que su país no está en venta. Recordemos que Groenlandia es territorio autónomo del Reino de Dinamarca. Lest we forget!

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