La sostenibilidad es un modelo de desarrollo resiliente

El experto en sostenibilidad, Juan Marco Álvarez considera que es necesario que las empresas comiencen a cambiar en armonía con el medio ambiente y las comunidades, con una perspectiva de largo plazo y más inclusiva.

Por Guadalupe Hernández

Nov 25, 2019- 05:00

La trayectoria de Juan Marco Álvarez en Sostenibilidad Corporativa y Gestión de la Conservación de la Naturaleza inició hace 30 años. Su trayectoria lo ha llevado a destacarse como líder internacional en en todas aquellas temáticas verdes que atañen al mundo, incluyendo el cambio climático.

En lenguaje moderno podríamos calificarlo como un “influencer” en sostenibilidad.

Su primer acercamiento directo con la sostenibilidad fue en 1993, a sus 29 años, cuando cursó un MBA verde en el INCAE Business School, en Costa Rica.

“INCAE recién acababa de lanzar su programa enfocado en sostenibilidad a través del nuevo MBA, y lo cursé porque estaba consciente de que tenía que crecer en mis capacidades gerenciales y analíticas para desempeñarme de manera efectiva dentro de cualquier organización. Estaba convencido que la maestría me daría las herramientas para liderar la temática verde en mi país y provocar cambios en los tomadores de decisión del gobierno y del sector privado”, explicó.

Luego permaneció 18 años en la Dirección Ejecutiva de SalvaNATURA hasta que en 2008 encontró una oportunidad laboral en Ginebra, Suiza, como Director del Programa Global de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), encargándose además del manejo de las alianzas con el sector privado, como con la cementera Holcim, la minera Río Tinto y la petrolera Royal Dutch Shell. También manejó una alianza importante con el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible o WBCSD, por sus siglas en inglés.

El incaista ha sido miembro de Juntas Directivas de entidades internacionales como la La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN); la Unión para el Comercio Bio Ético (UEBT), con sede en Amsterdam, Holanda; la ONG Rainforest Alliance, en Manhattan, Nueva York; y la organización conocida como TRAFFIC, en Cambridge, Inglaterra, la cual monitorea el tráfico ilegal de especies de flora y fauna en todo el mundo.

Además, formó parte de la directiva de FUSADES. Desde 2015 es miembro de la Junta Directiva de la ONG estadounidense Paso Pacífico, que implementa proyectos de educación ambiental y conservación de la naturaleza en Nicaragua y El Salvador. En la actualidad, el profesional asiste a varias empresas de la región en cuanto al desarrollo de estrategias de sostenibilidad y otras propuestas de valor como: Industria La Popular, Cementos Progreso, OLMECA y Banco Industrial, entre otras. También promueve los servicios especializados de la empresa consultora “Bac & Asociados”, la cual es liderada por Esteban Brenes, reconocido profesor de INCAE y gurú de estrategia empresarial. Expansión conversó con Alvarez para conocer qué es la sostenibilidad y el reto que enfrenta el sector productivo para contribuir a que la región sea sostenible.

¿Qué es para usted la sosteniblidad?
Para mí la sostenibilidad tiene que ver con un modelo de desarrollo resistente o “resiliente”, que provee una buena calidad de vida para todos, pero que no va más allá de los límites ecológicos del planeta. Es decir, un modelo de desarrollo que invierte, protege y restaura el capital natural de los países, como el agua, los ecosistemas y la biodiversidad; que invierte en acción climática; y que le apuesta a una economía circular en la gestión de materiales y residuos. Todo busca garantizar la provisión de bienes y servicios a las generaciones actuales y futuras.

Habiendo dicho eso, la realidad es que la sostenibilidad o el desarrollo sostenible ya no puede visualizarse como un equilibrio entre lo ambiental, lo social y lo económico. Ahora lo ambiental, o sea los límites planetarios, definen el crecimiento económico y también lo social, y eso es lo que debemos estar dimensionando hoy como sociedad.

Para fines de aclaración, los límites planetarios o fronteras planetarias son nueve: el agotamiento de la capa de ozono; la pérdida de biodiversidad; la contaminación química; el cambio climático; la acidificación de los océanos; el consumo de agua dulce y el ciclo hidrológico; el cambio de uso de suelo; el exceso de nitrógeno y fósforo; y la carga de aerosoles en la atmósfera. Debo hacer énfasis en que de acuerdo al consenso científico, tres de estos límites ya han sido excedidos.

¿Cómo influye la sostenibilidad en los negocios?
Según el Índice de Sostenibilidad del Dow Jones, la sostenibilidad corporativa es un enfoque de negocio que persigue crear valor a largo plazo para los accionistas mediante el aprovechamiento de oportunidades y la gestión eficaz de los riesgos inherentes al desarrollo económico, social y ambiental.

Pero esta definición se queda corta en términos de crear valor únicamente para los accionistas, ya que inversiones continuas en sostenibilidad corporativa impactan de manera positiva en lo económico, social y lo ambiental. Esto implica que la creación del valor que surge de las inversiones en sostenibilidad corporativa se irradia con creces fuera de las fronteras físicas de un negocio.

Creo que las empresas reconocen cada vez más que dependen no solo de lo económico, sino que del capital natural, humano y social, así como del capital financiero e intelectual. Entonces una empresa debe tomar en cuenta y responsabilizarse por su impacto ambiental y social a la vez que maximiza las ganancias financieras.

¿De acuerdo a su experiencia, han evolucionado los modelos de negocios hacia lo sostenible?
En más de dos décadas los modelos de desarrollo no han cambiado mucho, ni tampoco el rol de las empresas lo cual estanca el desarrollo sostenible. Es necesario posicionar la sostenibilidad en términos de que efectivamente si existe un retorno a la hora de invertir en estos cambios, y también en provocar o más bien incidir en los gobiernos para que estos implementen políticas acertadas en sostenibilidad.

Esto hará que las empresas se enfoquen en un crecimiento sostenible de largo plazo y que adopten metas ambiciosas para mejorar el uso de los recursos naturales versus a solo enfocarse en ganancias de corto plazo.

¿Cuál es el principal reto que tienen las empresas para abonar cada día a que la región sea más sostenible?
Considero que el principal reto de las empresas es superar paradigmas tradicionales, por ejemplo, dimensionar que los materiales y recursos son finitos. ¿Sabía usted que solo 9 % de todos los recursos (minerales, agua, combustibles fósiles, metales y biomasa) utilizados en el sistema productivo se reintroducen de nuevo en el mismo? ¡El 9 % solamente! ¿Sabe también que se extraen un poco más de 90,000 millones de toneladas de materiales por año para satisfacer las necesidades actuales de la sociedad?

Pero la oferta proyectada de materiales sostenibles o renovables al 2050 genera ya una brecha a partir del 2020. O sea, el actual modelo de producir, consumir y desechar ha llegado al límite de su capacidad física.

Por otro lado, también el cambio climático ya está encima de nosotros literalmente, y esto obliga a las empresas a ser resilientes, invirtiendo en mitigación de gases para una economía descarbonizada, y en adaptación ante los riesgos que presentan los escenarios climáticos proyectados. La resiliencia climática se enmarca cada vez más dentro de la necesidad de proteger también la naturaleza y lograr comunidades resilientes. De hecho, el cumplimiento de los Objetivos de Desarrolle Sostenible (ODS) depende de nuestra capacidad como sociedad de conectar el clima, la naturaleza y las personas para asegurar un futuro resiliente para todos. La resiliencia climática requiere entonces que los Gobiernos y las empresas desarrollen capacidad “adaptativa” para responder al cambio climático y así gestionar mejor los riesgos asociados y aprovechar oportunidades.

Al final, la resiliencia climática equivale al espacio seguro donde operar, y significa desarrollar e implementar estrategias que traten la mitigación, la adaptación y la transformación requerida para generar valor económico, social y ambiental.

Este tema es vital para todos los sectores de la economía, pero se perfilará diferente en todas las industrias y actividades. Por ejemplo, el sector agroalimenticio y las industrias intensivas en agua son muy vulnerables a los riesgos físicos relacionados con el clima y la naturaleza, así como con la equidad en el acceso al agua de las comunidades rurales. Por otro lado, los desafíos del sector energético son garantizar la seguridad, la equidad y la sostenibilidad.

¿Cómo impactan las emisiones de efecto invernadero al planeta y a nuestro país?
Según el Global Carbon Project para finales del 2017, El Salvador acumuló 213.2 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) emitidas por concepto de quema de combustibles fósiles. Ahora el mundo ha emitido más de 1.5 billones de toneladas de CO2 y solo Estados Unidos, por ejemplo, ha emitido el equivalente al 25% de las emisiones acumuladas históricas o sea 400,000 millones de toneladas. Entonces, nuestro impacto climático como país es insignificante.

Ahora bien, claramente no somos los principales emisores de gases, pero estamos ubicados en una de las regiones más vulnerables del planeta. Es importante enfatizar que los escenarios climáticos para nuestra región no son nada alentadores. Por ejemplo, para el año 2050 si no antes, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se proyecta que la temperatura media anual aumentará en 2 °C y la lluvia media anual se reducirá en al menos un 15 % respecto al período 1988-2000.

La realidad es que se proyectan largos períodos de sequía en toda Centroamérica los cuales se comenzarán a sentir fuertemente el próximo año (supuestamente).

¿Qué deben hacer las empresas, como pueden contribuir a frenar un poco todos estos efectos adversos?

Las empresas necesitan prepararse tanto para los riesgos físicos asociados con el cambio climático, así como para la transición asociada hacia una economía descarbonizada o de “cero” emisiones, que es la apuesta del Acuerdo de París para el 2050. Estoy hablando de medidas de mitigación de gases y de adaptación ante la realidad climática y de vulnerabilidad que tenemos.

Sin embargo, la mitigación y la adaptación presentan diferentes desafíos. La mitigación es un desafío global, equivale a reducción de gases, mientras que la adaptación requiere tratar los impactos y los riesgos, los cuales tienen el potencial de ser mucho más diversos y localizados.

Para la industria, esto significa desarrollar e implementar estrategias de mitigación y objetivos globales o regionales en nuestro caso, a la vez que se abordan riesgos locales, y que pueden afectar el recurso hídrico, los ecosistemas, y las comunidades vecinas, con el respectivo impacto en las operaciones mismas y la cadena de suministro en general.

Entonces, la urgente necesidad para la acción climática exige liderazgo de gobiernos y también del sector privado para lograr reducciones urgentes de emisiones y transicionar hacia un mundo sin carbono. Pero de nuevo, la urgencia de nuestra región, más que invertir en mitigación de gases, es invertir en adaptarnos y prepararnos ante los embates futuros del cambio climático.

Pero si El Salvador quiere disminuir sus emisiones y apostarle a una economía descarbonizada, tendríamos como mínimo que desinvertir en plantas de energía eléctrica a base de combustibles fósiles, como el petróleo y el gas natural; y tendríamos que apostarle a un parque vehicular netamente eléctrico, entre otras medidas.

¿Porqué se debe implementar la economía circular?
Es importante enfatizar que la economía circular se desvincula del modelo económico actual lineal de “extraer, producir y desechar”, hacia un modelo que es regenerativo o restaurativo por intención y diseño.

Precisamente busca reproducir el ciclo biológico de la naturaleza en el área industrial. Y es que el modelo actual es verdaderamente ineficiente, costoso, y está acabando con nuestros recursos naturales. Ahora, el objetivo del modelo circular es retener el mayor valor posible de los recursos, productos, partes y materiales, para crear un sistema que permita una larga vida útil, una reutilización óptima, la renovación, la refabricación y también el reciclaje de los productos.

Las industrias que implementan la economía circular en sus negocios se concentran en repensar sus productos y servicios, utilizando principios basados en durabilidad, renovabilidad, reutilización, reparación, reemplazo, actualizaciones, reacondicionamiento y uso reducido de material. Al aplicar estos principios, pueden diseñar con menos residuos, pueden aumentar la productividad de los recursos, y pueden desacoplar crecimiento económico del consumo de los recursos naturales.

Y esto es un elemento clave ahora para el logro de la sostenibilidad del planeta. La razón es sencilla como ya lo expresé antes, y es que estamos utilizando los recursos del planeta a un ritmo más rápido de lo que se pueden reponer. Es imposible suplir la demanda proyectada de materiales y recursos, por lo que la economía circular es un imperativo para la humanidad. Sería conveniente ir pensando en aterrizar una estrategia centroamericana para la economía circular o por lo menos comenzar por una estrategia para El Salvador. Eso sí, se requerirá liderazgo robusto y continuo por parte del sector privado para impulsarla.

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