Trabajadoras informales salen a pedir comida en la Escalón

Son Tortilleras, vendedoras de dulces o de productos por catálogo que residen en varias comunidades. El sector informal es de los más golpeados económicamente por la cuarentena.

En la comunidad Cristo Paz en colonia Escalón, unas 100 familias esperan el paquete solidario que el presidente Nayib Bukele entrega desde hace más de tres semanas en otros puntos del país. Foto EDH/ Menly Cortez

Por Jaime López

Jun 10, 2020- 04:00

Conforme avanza la cuarentena, muchas familias se están quedando sin ingresos y el hambre les está obligando no solo poner banderas blancas en sus casas, sino a salir con ellas a la calle a apelar a la solidaridad de los salvadoreños con más posibilidades.

Este martes, en varias zonas de San Salvador, Ciudad Delgado y Soyapango se observaba personas con banderas blancas suplicando por alimentos, después de más de dos meses de tener prohibido salir de casa a trabajar.

En un recorrido por algunas comunidades de la colonia Escalón, un equipo de El Diario de Hoy fue testigo de que varias mujeres y hombres se habían instalado en la intersección de la 79a. Avenida Norte y 9a. Calle Poniente, donde aprovechaban los altos que los conductores hacían para pedirles ayuda.

Algunos automovilistas bajaban el vidrio de sus vehículos y sacaban alguna moneda de dólar o una de 25 centavos y la entregaban a las mujeres, quienes aseguraron que desde hace dos semanas ya no tienen alimentos en sus hogares.

María Lidia Maravilla muestra que en su cocina ya no hay alimentos y debe junto a sus vecinas en comunidad Cristo Paz en la Escalón, salir a pedir.

Dicen que no es porque no quieren trabajar o prefieran la vida fácil, sino porque el gobierno impuso desde hace casi tres meses un encierro domiciliar en todo el país como una forma de reducir el contagio del COVID-19, una medida que está golpeando a los sectores más pobres del país porque les impide laborar.

Viki Salguero ondeaba ayer su bandera blanca en la comunidad El Tanque, en los contornos de la colonia Escalón, como una señal,
según dijo, de que los alimentos se le agotaron y tiene cinco hijos menores que mantener. La joven, madre soltera, asegura que se quedó con 97 lociones que no pudo vender y que tiene que pagar pero que no puede mientras tenga prohibido salir.

“Yo no he recibido ayuda del gobierno, solo de una iglesia y del señor alcalde de San Salvador”, afirmó Salguero quien se dedica a vender por catálogo y de lavar traste en un restaurante.

Cecilia vende mangos, aguacates y todo tipo de frutas en la comunidad Nueva Esperanza, en colonia Escalón, pero con las restricciones ya no pudo salir a vender y tampoco tuvo dinero para comprar los alimentos para alimentar a su familia.

“Somos vendedores ambulantes que por la pandemia nos hemos quedado varados. Gracias a Dios nos ayudan con un poquito de víveres, pero eso se termina, y tenemos niños y familia; por eso estamos acá”, expresó la mujer.

Dice que ya llevan casi tres meses sin trabajar y 15 días de estar pidiendo en esa intersección. En ese lapso dice que ha visto personas “muy buenas” que hasta les han llevado un plato de comida y eso lo han guardado para llevarlo a sus hogares y compartirlo con la familia.

Otros afectados en Cristo Paz

María Lidia Maravilla reside en la comunidad Cristo Paz, situada en la colonia Escalón, junto a otras 100 familias. Varias de las mujeres, jefas de familia, se han organizado para salir a la calle con banderas y tocar los corazones de los conductores.

La señora afirma que en tiempo normal se dedica a vende dulces en la zona pero esta pandemia la ha hecho que se gaste el capital de trabajo y ahora ya no tiene cómo abastecerse cuando el gobierno reabra la actividad económica.

Cecilia en la comunidad Nueva Esperanza en la colonia Escalón, ayer por la mañana pedía alimentos, ella es vendedora de frutas en tiempo normal.

Zulma Hernández representa a otro hogar de esa misma comunidad que ayer intentaba tocar corazones y obtener ayudas para darle comida a cuatro miembros de su familia tras dos meses de no poder salir a vender. “Tenemos una semana de no tener comida en casa, ya se nos agotó todo, y más con el temporal que se nos vino”, justificó.

María Gloria Corea, otra afectada, asegura que se gana la vida y la de cuatro miembros de su grupo familiar vendiendo en un coche de bebé, pero la pandemia le impidió salir a trabajar. “Gracias a Dios hay personas que nos dan víveres y ya con eso cocemos frijoles”, afirmó.

“Yo estoy afligida porque trabajo con préstamos y no he podido abonar a la prestamistas desde que comenzó esto; la cuenta solo va creciendo, yo vendo tortillas”, añadió María Gloria.

Pero lo que tiene más angustiada a esta mujer es que dentro de su casa hay un árbol de ceiba y cada vez que llueve tiene miedo de que le caiga y mueran como le sucedió a la familia en Santo Tomás.

Con las lluvias, María Gloria dice que le ha tocado ir a dormir a casas de vecinos porque temen que les caiga el frondoso árbol.
María Alicia Sorto es otra ama de casa donde viven seis personas. Su fe es que el gobierno llegue hasta allí y les lleve el paquete solidario prometida a familias necesitadas. “La ayuda que ofreció el gobierno todavía no ha llegado, la estamos esperando”, dice esperanzada.

Guadalupe del Carmen Coreas, es una joven madre soltera de dos niños, de 1 y 5 años de edad, dice luego de sobrevivir al temporal provocado por la tormenta Amanda, su esperanza es que se abra la economía para ir a trabajar a una tortillería de la zona y así ganarse para sus alimentos y el alquiler del cuarto.

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