VIDEO: Atiquizayense lleva tres lustros haciendo réplicas mayas

La elaboración de artesanías son el medio de subsistencia de varias familias de un cantón de Atiquizaya

Este hombre de 35 años, al igual que muchas personas de Atiquizaya, en Ahuachapán, procuran salir adelante mediante la elaboración de figuras precolombinas en barro.

Por Cristian Díaz

Dic 02, 2019- 04:30

AHUACHAPÁN. Observar cómo otras personas que residen en el cantón San Juan El Espino, en Atiquizaya, Ahuachapán, elaboraban artesanías en barro, llevó a Candelario Antonio Casún Morán ha interesarse por incursionar en el oficio hace 15 años.

Aunque a eso se sumó que en la comunidad no existen fuentes de empleo, por lo que la mayoría de personas deben de salir del cantón para emplearse. En las temporadas del cultivo de maíz, aprovechan a trabajar la tierra para obtener ingresos económicos.

El atiquizayense, de 35 años, es parte de las 30 familias que en la comunidad que se dedican a la elaboración de réplicas mayas, que es lo que realmente hacen, y que venden a personas que luego las comercializan en sitios turísticos del país como El Tazumal, e incluso las trasladan a Antigua Guatemala.

Las creaciones se comercializan en varias zonas turísticas del país y algunas se venden en Guatemala,Foto EDH / Cristian Díaz

Dioses del maíz, nadadoras, peloteros, cargadores, acróbatas y máscaras, entre otras, son las figuras que los atiquizayenses hacen y que, según la historia del cantón, comenzaron a realizarlas hace 79 años cuando algunas personas observaron en libros las antigüedades e intentaron replicarlas en barro.

Desde entonces comenzó a expandirse la costumbre en algunas familias de incursionar en esa labor, que es aprendida principalmente de observar a los más experimentados.

Datos de la municipalidad consignaron que la primera persona que se dedicó a ese oficio fue Marcos Tulio Juárez, aproximadamente en 1940.

Cada figura está hecha de barro, que es quemada para que conserve rigidez y duración.
Foto EDH / Cristian Díaz

“Cuando comencé a trabajar, recuerdo que hice un muñeco pequeño, lo hice con un escudo y bien fornido de los brazos. Ese muñequito fue el primero que hice y de ahí nació la idea porque me gustó y comencé a trabajar diferentes muñecos. (La idea) nació porque como no hay mucho empleo y ya tenía una niña que necesitaba leche; de ahí comencé a trabajar, hacía mis docenas, y tenía una señora que me los compraba en El Tazumal. Cuando la mamá se iba a dejarlos, venía ya con las cositas (compradas), su leche y todo eso; de ahí empecé a ver que salían las moneditas y como el trabajo es bien escaso”, recordó el artesano.

Casún relató que lo más difícil del oficio es cuando elabora los dioses del maíz, que llevan muchos detalles. En ocasiones para darle forma a dos figuras se puede tardar hasta ocho horas, desde las 7:00 de la mañana. Al mes logra terminar cerca de 100 muñecos.

“Son procesos largos, no es fácil hacerlo rápido porque se va poniendo cada adorno”, expresó.

El barro que utiliza lo lleva de un sitio que está a más de 40 metros de distancia de su humilde vivienda, lo remoja y con ayuda de los pies lo aguada hasta dejarlo moldeable para formar las figuras.

En un improvisado horno de leña, que no sobrepasa los cuatros metros cuadrados, coloca las figuras, y con fuego que llega hasta los 70 grados los “quema” durante una hora para que las creaciones queden rígidas, es decir, que el barro no se desfigure. Después de tres horas de enfriamiento están listas para su comercialización.

Paciencia y creatividad son necesarias para dar forma a las figuras. Fotos EDH / Cristian Díaz

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