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OPINIÓN: “Pablo Punyed, El Llanero Solitario”

Lejos de los reflectores el salvadoreño Pablo Punyed demostró una vez más que el profesionalismo es la cuestión a imitar para alcanzar el éxito. Por @RobbieRuud

Por Robbie Ruud |

Foto: Cortesía de Pablo Punyed

Una vez más el futbolista salvadoreño Pablo Punyed es campeón de liga en Islandia. Se trata de su tercer trofeo liguero en diez campañas dentro de la gélida isla europea.

En 2012 con ayuda de quien ahora es su esposa, el talentoso volante cuscatleco emprendió el viaje a la tierra del fuego y el hielo, ahí donde una vez se filmó “La increíble vida de Walter Mitty” con Ben Stiller.

Punyed pasó por las tres categorías del fútbol islandés. No le regalaron absolutamente nada, todo lo conseguido hasta hoy fue en base a talento, sacrificio y disciplina. Tras diez campañas en el fútbol de dicho país el salvadoreño ganó igual cantidad de trofeos.

Le digo “El Llanero Solitario” no porque tenga una especial vinculación física o psicológica con el personaje ficticio creado por Fran Striker en el pasado siglo. Pasa más bien por otra cosa.

Quizás los 7,559,34 km que separan a Reykjavik de San Salvador pesan demasiado para que la afición salvadoreña le siga la pista como Punyed merece.

Tal vez sean las escasas páginas que Internet muestra por no tener un motor de búsqueda “tan afinado” cuando ponemos “futbol islandés” y en consecuencia se muestran en su mayoría sitios de apuesta online y marcadores en vivo sin videos ni fotos.

O será porque el profesionalismo (disciplina, talento, constancia, perseverancia e integridad) no venden en el país.

En El Salvador se aprecia más una foto donde rompes la dieta que una donde la guardas. Un escándalo de la índole que sea es más leído que el buen quehacer u oficio del futbolista.

Quizás por eso Punyed no esté en boca de los más acérrimos analistas en El Salvador, ya que prefieren hablar de cuestiones relacionadas a los amaños, a los agujeros que están en las canchas, a lo vacío de las tribunas, o sobre el policía de la UMO que intenta poner orden…

Foto tomada por Eggert Jó­hann­es­son

Otros eligen mirar a otro lado por razones muy propias y desconocidas. También están quienes gustan de apoyar a otros salvadoreños quienes no destacan por su talento y constancia sino porque juegan simplemente en una liga “más competitiva” que la islandesa.

También los hay quienes nunca vieron un solo partido de Pablo Punyed en Islandia o el resto de Europa pero creen conocer de sobra cómo juega solo por los partidos que el ahora campeón con Víkingur Reykjavik disputó en la Selecta.

Algunos simplemente no se sienten atraídos por el buen trabajo de un compatriota en Zona UEFA y más bien disfrutan más platicar preferentemente sobre los papelones, escándalos, insólitos y problemas del fútbol.

Pero no es la percepción de la gente la que define a Punyed, sino todo su profesionalismo y calidad humana.

En algunos lugares leemos que en cualquier momento dicen: “es un distinto”, un calificativo que hoy le asignan casi a cualquiera en cancha; pero que en realidad muy pocos asumen en esencia lo que verdaderamente significa.

Pablo Punyed sigue sin tener las luces suficientes en el país porque su entereza no genera controversia, no agita, no desconcierta, no es suficiente que anote goles y marque asistencias. Pero eso más allá de minimizarlo como persona solo lo hace más leyenda, un perfil idóneo de cómo ser un futbolista con todas las letras.

Como reza el dicho: “las grandes cosas crecen en silencio”. El compatriota destacado en Islandia me recuerda a una anécdota del colegio.

Un compañero se destacaba por sus excelentes calificaciones mes a mes. Un día tocó rendir a todo el grado un exigente examen de “Ciencias Naturales”, la profesora nos dio una página de papel bond tamaño oficio extra para contestarlo.

Fue un duro test. De los 49 estudiantes muy pocos entregamos pasada la hora, la mayoría terminó tras dos horas y monedas.

Cerca de mí hubo dos compañeros quienes elogiaban de forma exagerada a un alumno quien solía brillar mes a mes, en un momento este llevaba hasta su tercera o cuarta hoja para contestar y fue el último en entregar. “Este es más inteligente que mengano y sutano”, vociferaron una y otra vez.

Hubo otros quienes resaltaban también por lo mismo (buenas calificaciones) pero el susodicho se llevaba los elogios por ser alguien reservado y ajeno a la mayoría.

El día que entregaron las calificaciones solo dos alumnos sacaron diez y nadie había hablado de ellos pese a que se trataba también de gente muy destacada. Por último, a quien tanto tiraban flores logró una calificación de seis ó siete y centavos; al recibir su papeleta se mostró muy desconcertado, no podía creerlo.

“Solo mengano y sutano me entendieron, el resto de la clase anduvo perdida”, dijo la profesora lamentando la mayoría de las calificaciones.

No es la popularidad la que te da la credibilidad sino la coherencia y lo ejemplar de tu testimonio. Felicidades campeón.

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