Una Selecta precaria empata en Martinica y baja a la Liga B de Naciones Concacaf
A falta de dos los juegos entre Honduras y Jamaica, así como de Surinam contra Guatemala, la Selecta desciende a la Liga B tras apenas igualar con Martinica
El Salvador compareció sumamente apremiado al terreno de juego en Fort-de-France con el objetivo ineludible de adueñarse de las tres unidades para mantener vivas las aspiraciones del Grupo B de la Liga A en la Liga de Naciones de la Concacaf 2026-2027.
La escuadra cuscatleca afrontaba la urgencia imperiosa de cosechar un triunfo para esquivar la ruta más sinuosa del repechaje en la búsqueda del billete hacia la Copa Oro 2027.
No obstante, en la acera de enfrente aguardaba una representación de Martinica henchida de moral tras haber superado en su propio reducto al seleccionado de Honduras por dos tantos contra uno en la fecha previa.
Emergió un factor exógeno que muchos no sopesaban desde la distancia: las inclemencias del tiempo en la isla caribeña. Instantes previos al silbatazo inicial comenzó a caer un aluvión torrencial que no dio tregua sobre el campo.
Lejos de intimidar al conjunto cuscatleco, el diluvio no amilanó sus intenciones de buscar una honrosa victoria que metiera presión al resto de los integrantes del sector.
Los himnos nacionales resonaron bajo la precipitación e inmediatamente después la referí Tori Penso decretó el silbatazo inicial del cotejo.
Apenas transcurridos tres minutos del pitazo inaugural, la Selecta abrió la cuenta para sorpresa absoluta de propios y extraños en las graderías.
El atacante Vásquez le ganó la posición a un lento y torpe zaguero Voyer; el ariete del conjunto de Firpo sacó un remate apremiado que generó un rebote de Vermignon, el cual fue capturado por Valladares para establecer el cero a uno.
Las falencias del elenco local y las virtudes del cuadro visitante se amalgamaron con claridad bajo el agua para que la Azul, luciendo vestimenta gris similar al cielo antillano, se pusiera en ventaja y celebrara momentáneamente.
Durante buena parte del primer acto abundó la lluvia copiosa, tanto de agua como de entradas bruscas; un detalle que sorprendió gratamente fue el impecable sistema de drenaje y oxigenación del gramado.
La primera ocasión de peligro para Martinica llevó la firma de Janis Antiste, quien se elevó en el área para conectar un cabezazo que amenazó con colarse en el ángulo inferior izquierdo de Mario González, exigiendo un desvío salvador del golero.

Conformismo salvadoreño y la reacción de la escuadra local
Antes del descanso, la escuadra salvadoreña en ningún momento procuró elaborar circuitos de juego, ni mucho menos pretendió liquidar la contienda con un segundo tanto, permitiendo que el conformismo invadiera a los futbolistas, salvo a su guardameta.
Con la ventaja momentánea concluyó la mitad inicial, donde la cortina de agua impidió la pausa de hidratación e imposibilitó que cayera otra conquista en la marquesina.
En el reinicio de las acciones, Martinica saltó a la cancha con la determinación de lastimar al rival, elevando sustancialmente la fluidez en el traslado y la lucidez en la toma de decisiones al aproximarse al área de los grandes acontecimientos.
Antes de alcanzarse la hora de partido, Labeau picó en diagonal para capturar un balón al frente y metió un taco preciso para la llegada de Antiste, quien fusiló a González con un potente disparo alto y esquinado para el merecido uno a uno.
El trámite del pleito registró un segundo conato de fricciones desmedidas; al no contar con el auxilio del VAR, los futbolistas abusaron del juego brusco, permitiendo que Cyril Mandouki zafara impune tras agredir en el rostro a Cristian Gil.
Hacia los setenta minutos la precipitación cesó y ambas escuadras parecieron dispuestas a aprovechar la tregua apelando más a la fuerza física que al criterio táctico, dinámica que terminó por perjudicar el espectáculo.

Resignación en el tramo final y condena a la segunda categoría
Sin embargo, el panorama dio un vuelco y Martinica comenzó a adueñarse paulatinamente de las riendas del encuentro, aunque careció del atino y la inventiva indispensables para desnivelar, una fortuna relativa para los nuestros.
A pesar de la gravedad del contexto, el seleccionado patrio careció de rebeldía para mover la balanza a su favor y evitar la caída a la división inferior, mostrando una postura de resignación absoluta mientras los relevos no aportaron soluciones.
A los ochenta y cinco minutos la precipitación retornó con fuerza, entorpeciendo el manejo rasante del esférico y multiplicando los pelotazos largos en el fondo para resolver tanto en labores defensivas como en ataque.
El cronómetro consumió sus últimos instantes y la jueza decretó el final sin dar espacio para nuevas emociones en las áreas.
Por increíble que parezca, la representación insular a la que la Selecta doblegó con autoridad y cierta mezquindad en la fecha inaugural, mantendrá su permanencia en la Liga A de Naciones Concacaf.
Entretanto, la Azul competirá en la Liga B siempre que la lógica se cumpla en los choques entre jamaicanos y hondureños, al igual que en el duelo de guatemaltecos contra surinameses.
A falta de ese compromiso entre chapines y surinameses, se requeriría que los segundos golearan por más de once tantos a nuestros vecinos para que la Azul ocupe la cuarta plaza y esquive el descenso, hipótesis desde luego utópica y nada realista. Nos fuimos a la B, de nuevo.
