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El Madrid cumple como se esperaba y Diomande demostró su lealtad

El Real Madrid encajó otra de esas noches usuales en el Santiago Bernabéu por Champions League, ganó, goleó y demostró que Diomande ya anda en algo

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En el marco de otra velada característica en el Estadio Santiago Bernabéu por la UEFA Champions League, el Real Madrid ratificó su jerarquía continental al consumar una holgada victoria frente al RB Leipzig. La jornada no solo ofreció la solvencia colectiva acostumbrada del conjunto merengue ante exigencias internacionales, sino que sirvió como escenario para la consagración de Yan Diomande, quien, al convertir frente a sus antiguos compañeros, exhibió un compromiso profesional absoluto que sepultó cualquier atisbo de especulación sobre sus lazos emocionales con la escuadra germana

El legendario recinto de Chamartín se erigió una vez más en el escenario idóneo para dirimir unidades en la liga de campeones, al albergar el choque en el cual el Real Madrid recibió la visita del RB Leipzig. El cotejo contenía matices singulares que no figuraban de modo directo en la memoria reciente de los simpatizantes de ambas escuadras.

El condimento de mayor repercusión lo constituía el cruce de Yan Diomande contra su anterior club, del cual se desvinculó hace escasamente medio año tras vestir la casaca del cuadro teutón. Si el marfileño contase con una trayectoria más dilatada o guarismos superiores en materia de conquistas y pases gol, la efervescencia previa habría alcanzado cotas aún mayores.

A dicho ingrediente se sumaba el retorno de Martín Demichelis a la capital española, evocando sus pasajes pretéritos al frente del Bayern Múnich y del Málaga. Aun cuando ciertos analistas juzguen anecdótico este antecedente, la tradición posee su propio peso: el adiestrador argentino pisó aquel césped en ocho oportunidades como futbolista sin lograr jamás la victoria. La incógnita estribaba en si lograría quebrar el maleficio desde el banquillo técnico.

Iniciado el trámite, ambos conjuntos exhibieron una paridad marcada tanto en la efectividad como en las desatenciones. La balanza permaneció nivelada durante los primeros veinte minutos, lapso en el que los contendientes alternaron cautela y audacia con idéntico rigor. Prevaleció un desarrollo solidario y precavido, distante del vértigo desplegado la jornada previa en el Parque de los Príncipes.

Christopher Nkunku, reincorporado al club teutón a préstamo desde el Milan, volvió a enfundarse la indumentaria del Leipzig con el afán de rememorar jornadas célebres y dejar su huella en el torneo más reputado de Europa. Asimismo, Baku y Nusa exhibieron un andar punzante por las bandas, apercibiéndose de que las franjas laterales de la zaga local acusaban grietas de contención.

No obstante, la contingencia de mayor zozobra para el arco madrileño provino de un disparo rastrero de Rómulo, ariete de la visita. Thibaut Courtois reaccionó con lo justo enviando el esférico al tiro de esquina tras estirarse sobre su palo más lejano para neutralizar la apertura del marcador, ratificando su habitual prestancia y solvencia bajo los tres palos.

La réplica locataria sobrevino mediante una incursión individual de Vinicius, cuya resolución fue desbaratada por Maarten Vandevoordt, quien despejó hacia un costado con serenidad. Las ocasiones se equiparaban y el cuadro albo prescindía de posesiones prolongadas, prefiriendo un libreto pausado y medido que insinuaba un entretiempo sin alteraciones en el tanteador.

Sin embargo, en una maniobra más fortuita que depurada, Bernardo Silva inauguró el tanteador sobre la misma línea de gol. Instantes antes, Vandevoordt le había ahogado un disparo potente a Kylian Mbappé cerca del punto penal, mas la pelota se escurrió entre sus piernas en la acción posterior, permitiendo al volante portugués impulsarla hacia el fondo de las mallas. Aquel 1-0 no reflejaba con fidelidad lo acontecido en la cancha, excepto para el júbilo de la parcialidad local.

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Foto: AFP

Lo de costumbre para el Real Madrid

En el complemento, Arda Güler estiró las cifras al marcar el 2-0 mediante una definición análoga a la primera. Jude Bellingham envió un centro hacia Mbappé y el servicio derivado por el atacante galo halló en soledad al volante turco, quien empujó el cuero a las redes a los 52 minutos. Esa conquista desmanteló la entereza anímica del Leipzig, diluyendo cualquier vestigio de reacción colectiva.

El Leipzig personificó el perfil común de las escuadras alemanas en torneos continentales: rigor táctico, automatismos aceitados, destellos de desenvoltura y método metódico, aunque huérfanos de la rebeldía o el ímpetu sagrado tan valorados en nuestras latitudes. Una propuesta gélida, sujeta a guarismos y proyecciones, mas desprovista de mística en el concierto europeo.

Con el trámite bajo control, José Mourinho resolvió dar ingreso a Diomande. La variante perseguía permitir al extremo marfileño ratificar su adhesión irrestricta a la divisa blanca y disipar los recelos ligados a la añoranza o al afecto profesado hacia sus excompañeros.

Demichelis sustituyó a sus punteros y al marcador de punta izquierdo procurando oxigenar las líneas y atenuar el castigo en suelo madrileño. Cualquiera expectativa de remontada quedaba circunscrita a los fanáticos más utópicos. La incapacidad de respuesta del equipo germano resultaba evidente desde la apertura del marcador, pues su libreto requería asestar el primer golpe para mantenerse con vida.

Conforme al guion previsto, el triunfo local no corrió sobresalto alguno. Mbappé colocó el 3-0 transitorio mediante un estallido al ángulo superior, asegurando las tres unidades para el conjunto dueño de casa. Sobrevino luego una leve conmiseración en las filas locales, circunstancia aprovechada por Rómulo para señalar el descuento de la honra (3-1).

No obstante, la manilla final la aplicó Diomande al recibir una habilitación de Brahim Díaz y despachar un derechazo combado que se coló en la escuadra de Vandevoordt para sellar el 4-1 definitivo. La conquista significó la prueba irrefutable de profesionalismo que aguardaban el cuerpo técnico y la parcialidad más escéptica. El impacto del punta africano constituyó la nota distintiva de una velada que, en lo demás, discurrió por los cauces previsibles.

Tras el pitazo final, Courtois y Vandevoordt se confundieron en un diálogo fraterno. Ambos goleros belgas completaron faenas encomiables; únicamente que el meta visitante careció del respaldo de una retaguardia desguarnecida, si bien Rudiger y Huijsen tampoco exhibieron una firmeza inexpugnable. En suma, aconteció otra jornada de trámite para el Real Madrid frente a un oponente que sucumbió ante el peso de la jerarquía.

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