Por qué la pierna hábil puede fallar tras usar solo la otra
Jugar durante varias horas utilizando sólo la pierna no hábil puede producir una sensación desconcertante cuando se intenta volver de inmediato a la normalidad
En una ocasión antes de jugar fútbol con unos amigos en el barrio, me asaltó una idea muy retadora: jugar sólo con la pierna no hábil. Todos aceptaron emocionados y empezamos a derrochar -o no realmente- con la pierna menos docta para aprender a utilizarla bastante más de lo que acostumbrábamos.
Fue muy gracioso, constantemente nos corregimos cuando intentamos usar la hábil y nos obligamos como por dos horas o más a jugar con el perfil cambiado y no tan hábil. Era gracioso, pero aprendimos a utilizar, a la fuerza, nuestro pie menos frecuente para pulir nuestras cualidades y tener más chances de anotar al manejar después ambas piernas.
Luego de decir basta con aquel invento, descansamos unos minutos, no muchos, y volvimos a jugar ya en "condiciones normales". Pero para nuestra sorpresa, nos sentíamos sumamente torpes, todos, intentábamos hacer los movimientos "de siempre" y nos atascábamos una y otra vez; era como si intentáramos jugar un nuevo deporte por primera vez, fue terrible.
¿Cómo se nos había "borrado" de pronto la memoria futbolística? Recordando la situación, años después, decidí que tal vez la ciencia podría explicar a aquello, que gracias a Dios, nos pasó pronto el "efecto" de una inesperada amnesia específicamente en el control del balón.
No existe un experimento científico que reproduzca exactamente un partido en el que alguien utilice durante horas solamente la pierna izquierda para jugar y reserve la derecha para correr, detenerse y apoyarse. Sin embargo, diferentes investigaciones en inglés y alemán permiten reconstruir qué puede ocurrir en ese caso hipotético desde el punto de vista neuromotor.
Una revisión de Shailesh Kantak y Carolee Winstein, de la Universidad del Sur de California, establece una diferencia fundamental entre aprendizaje y rendimiento motor. Una habilidad almacenada puede conservarse aunque, por circunstancias momentáneas, la persona sea incapaz de ejecutarla con su nivel habitual.
Eso explicaría una de las partes más extrañas de la experiencia: recordar perfectamente qué hacer con la pierna derecha y, al mismo tiempo, sentir que el balón ya no respondía de la forma acostumbrada. El conocimiento motor seguía disponible; lo que había cambiado momentáneamente era la capacidad de expresarlo con precisión.
El cerebro no olvidó: acababa de adaptarse a otra regla
En Alemania, Nico Lehmann explicó en Leipziger Sportwissenschaftliche Beiträge, publicación académica de la Universidad de Leipzig, que una de las bases biológicas del aprendizaje motor es precisamente la capacidad del cerebro para adaptarse a las influencias externas mediante la neuroplasticidad. La repetición modifica temporalmente cómo el sistema nervioso organiza una acción.
Durante varias horas, el reto impuso una regla completamente distinta de la habitual: la izquierda (la pierna no hábil) pasó a controlar, conducir y golpear el balón, mientras la derecha quedó destinada principalmente al apoyo, la carrera, los cambios de dirección y las frenadas. El cerebro tuvo que resolver una y otra vez ese mismo reparto de funciones.
La llamada plasticidad dependiente del uso ayuda a entender lo sucedido. Investigaciones sobre aprendizaje motor han demostrado que repetir insistentemente un determinado movimiento puede sesgar durante un tiempo los movimientos posteriores hacia el patrón recién practicado, incluso sin que la persona sea consciente de ese cambio.
El fenómeno también se ha observado específicamente en las piernas. Investigadores de la Universidad de Delaware hicieron que participantes aprendieran una forma deliberadamente asimétrica de caminar y comprobaron que, cuando posteriormente se les pidió volver a caminar con normalidad, aparecían efectos residuales del patrón anterior. La repetición por sí sola había dejado una huella temporal en la locomoción.
El caso del fútbol es más complejo, pero el principio resulta relevante: después de horas resolviendo movimientos bajo una organización izquierda-derecha inusual, regresar de inmediato al patrón habitual exigía una nueva recalibración. La memoria de cómo jugar con la derecha permanecía, pero el sistema sensorimotor acababa de pasar mucho tiempo trabajando con otra distribución de funciones.
Además, Tino Stöckel y Jinsung Wang, en una investigación realizada desde la Universidad de Leipzig, comprobaron que el aprendizaje de una tarea con una pierna puede modificar el rendimiento posterior de la contraria. El sentido y la magnitud de esa transferencia dependen incluso de las características de la tarea que se está realizando.
Eso no significa que entrenar la pierna izquierda empeore normalmente la derecha. De hecho, otras investigaciones, como una del Instituto de Deporte del Karlsruhe Institute of Technology, han encontrado que el entrenamiento bilateral puede beneficiar el rendimiento de la pierna dominante. El punto importante es otro: las dos piernas no funcionan como sistemas completamente aislados.
La derecha tampoco estuvo realmente descansando
Hay una segunda explicación que probablemente se combinó con la primera: la fatiga. Aunque durante el reto la pierna derecha no tocara prácticamente el balón, siguió trabajando durante horas para sostener el cuerpo, correr, detenerse, girar y proporcionar estabilidad mientras la izquierda realizaba las acciones técnicas.
En el fútbol, la precisión del golpeo no depende únicamente de la pierna que impacta el balón. Un estudio sobre rendimiento de pateo encontró una relación entre el equilibrio sobre la pierna de apoyo y la precisión conseguida con la pierna contraria, lo que muestra hasta qué punto ambas extremidades trabajan coordinadamente durante una acción aparentemente unilateral.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que reunió 35 estudios y 733 futbolistas, encontró que la fatiga producida por el ejercicio está asociada con una reducción de la velocidad del balón y, en menor medida, con una pérdida de precisión en el golpeo.
Los autores también señalan que la fatiga puede afectar la estabilidad de la pierna de apoyo y alterar la coordinación necesaria para transmitir correctamente la fuerza hacia el balón.
Así, cuando terminó el reto, la pierna derecha afrontó dos cambios simultáneos: tuvo que abandonar de inmediato el papel de soporte que había repetido durante horas y recuperar su función habitual como principal pierna de control y golpeo, al mismo tiempo que podía encontrarse físicamente fatigada.
La explicación científica más prudente, por tanto, no es que la pierna hábil hubiera “olvidado” jugar. Lo ocurrido encaja mejor con una combinación de plasticidad dependiente del uso, transferencia entre ambas piernas, cambio brusco del patrón de coordinación y fatiga. La memoria motora permaneció intacta, pero durante unos minutos el cuerpo tuvo que volver a encontrar la calibración que durante años había considerado normal.
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