Video | Trompo, capirucho y yoyo: recuerdos de la infancia salvadoreña
En el Día del Niño, el trompo, el capirucho y el yoyo recuerdan una forma de jugar que acompañó durante generaciones a la infancia salvadoreña. Fuimos al Centro de San Salvador para poner a prueba a varias personas estos tres juegos.
Antes de que las pantallas ocuparan buena parte del entretenimiento infantil, bastaban una cuerda, un pedazo de madera y algo de destreza para convertir una tarde cualquiera en horas de juego. El trompo, el capirucho y el yoyo forman parte de esos juguetes tradicionales de El Salvador que marcaron la infancia de generaciones y que todavía conservan un espacio dentro de la cultura popular salvadoreña.
En el Día del Niño en El Salvador, estos juegos tradicionales permiten volver la mirada hacia patios, parques, plazas, calles y comunidades donde la diversión dependía principalmente de la habilidad de cada jugador.
No necesitaban baterías ni conexión a internet. Cada uno tenía su propia técnica, sus retos y hasta sus competencias entre amigos.

Trompo: la pita, el lanzamiento y el reto de hacerlo bailar
El trompo ha acompañado por generaciones a niños salvadoreños. Tradicionalmente elaborado de madera, se hace girar con una pita que se enrolla alrededor de su cuerpo antes de lanzarlo al suelo con un movimiento rápido de la mano.
Lograr que el trompo quedara girando era apenas el comienzo. Con práctica podían realizarse trucos como “el dormilón” o “la caminata”, mientras las competencias buscaban demostrar quién conseguía mantenerlo dando vueltas durante más tiempo.
En barrios y comunidades rurales era común que varios niños se reunieran para lanzar sus trompos y comparar habilidades.
También quedó asociada al juego una frase conocida entre generaciones: “trompo avisa, saca sangre y no hay justicia”. Con ella se advertía que, al lanzar el juguete al suelo, podía golpear accidentalmente a alguien que estuviera cerca.
La pita enrollada, el movimiento de la muñeca y el sonido del trompo al caer formaban parte de una dinámica en la que cada intento podía terminar en un nuevo lanzamiento.
Capirucho: acertar una vez y volver a intentarlo
El capirucho es otro de los juguetes tradicionales ligados a la infancia en El Salvador. Su funcionamiento parece sencillo: una copa unida mediante una cuerda a una varilla que debe encajar en ella después de lanzarla al aire.
Pero conseguirlo requiere coordinación, práctica y paciencia.
Durante décadas, niños salvadoreños se reunieron en plazas, parques y otros espacios para demostrar cuántas veces podían ensartar el capirucho o quién conseguía hacerlo con mayor facilidad.
Su estructura puede ser de madera o plástico, pero la esencia del juego permanece en el mismo desafío: calcular el movimiento exacto para que ambas piezas se encuentren.

La fabricación artesanal también mantiene al capirucho dentro de la tradición salvadoreña. En Cojutepeque, artesanos continúan produciendo este juguete junto con trompos.
“En una semana, un solo trabajador hace unos mil trompos e igual cantidad de capiruchos. No paramos, porque lo tradicional siempre se vende”, comenta don Merlin Eduviges Romero.
Don Julio César Juárez, también dedicado a esta labor, asegura: “Es como darle vida a nuestra cultura, historia y tradiciones. Venga lo que venga, hay que conservarla”.
Estas piezas llegan a diferentes puntos del país, entre ellos el Mercado de Artesanías y el Mercado Excuartel, en San Salvador.
Yoyo: una cuerda y muchos trucos
El yoyo completa otro de los recuerdos habituales de los juegos tradicionales salvadoreños.
Está formado por dos discos conectados por un eje y una cuerda que se enrolla alrededor de este. Su movimiento básico consiste en hacerlo bajar y regresar a la mano, aunque la práctica permite realizar diferentes trucos.
En El Salvador adquirió popularidad durante el siglo XX, especialmente en zonas rurales, y se convirtió en un juguete utilizado tanto de manera individual como en competencias amistosas.

Dominarlo dependía de la coordinación entre la mano, la cuerda y el movimiento del yoyo. Cada lanzamiento abría la posibilidad de repetir el truco, mejorarlo o intentar uno diferente.
Aunque sus materiales y diseños han cambiado con el tiempo, su mecánica continúa siendo reconocible para distintas generaciones.
Canicas y piscuchas también forman parte de los juegos tradicionales
La lista de juguetes tradicionales de El Salvador también incluye las canicas, conocidas como chibolas. El juego suele realizarse sobre tierra, donde se trazan círculos o espacios delimitados para intentar sacar las piezas de otros participantes utilizando la propia.
Otro clásico es la piscucha. Elaborada con materiales como papel de china o plástico, hilo y cañas de bambú, requiere una construcción adecuada antes de elevarse.
Octubre y noviembre han estado tradicionalmente asociados con la presencia de piscuchas en el cielo salvadoreño. Niños, padres y abuelos han participado tanto en su elaboración como en el momento de encumbrarlas.

Trompos, capiruchos, yoyos, chibolas y piscuchas permanecen así entre los juguetes que acompañaron la niñez de muchos salvadoreños. En este Día del Niño, sus nombres vuelven a conectar distintas generaciones con una manera de jugar que todavía puede encontrarse en hogares, mercados, escuelas, ferias y comunidades del país.
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