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El mejor seguro de un país es una economía próspera

Las verdaderas calamidades no son obra de la naturaleza, sino las causadas por regímenes de incapaces que carecen de rumbos sensatos y anteponen al buen interés de la colectividad, sus oscuros programas y apetencias

Jul 17, 2013- 18:02

El más efectivo seguro contra catástrofes naturales es una economía sana, una población pacífica y un gobierno honesto y capaz, lo que no necesariamente está dándose en los países centroamericanos y caribeños. Lo que proponen los ministros de Hacienda de la región, un seguro regional contra desastres como terremotos e inundaciones, parece bien hasta que se piensa en manos de quienes quedaría usar los recursos.

Hay experiencias muy aleccionadoras: la primera, el terremoto de Managua, que además de destruir la capital nicaragüense que sigue devastada, fue la principal causa de la caída de Somoza, a quien acusaron de malversar la ayuda externa.

La segunda, son los terremotos de 2001, en El Salvador, cuyo gobierno manejó con gran acierto y transparencia la ayuda recibida y los presupuestos asignados. Dos años después del terremoto no había vestigios de la destrucción. El actual presidente, que entonces fungía de criticador, acusó al gobierno de robarse la ayuda antes que llegara ni un frasco de suero al país; no se pudo demostrar ningún mal manejo.

La clave del éxito fue haber nombrado una comisión para dispensar la ayuda y ordenar el salvamento y luego la reconstrucción, que se puso bajo la dirección de las personas más capaces del país.

El tercer ejemplo es el de la tormenta Ida, que causó graves daños en varias zonas del país. Se asignaron recursos pero, por la inepcia de los designados que siguen fungiendo en esos cargos, no hubo salvamento, no se reconstruyó mayor cosa y los damnificados, prácticamente, quedaron abandonados a su suerte.

De los tres casos mencionados pueden sacarse conclusiones claras, a saber:

La primera, que lo más importante en una catástrofe no es la ayuda, sino el manejo de los recursos disponibles por personas capaces y honestas. En 2001 el país contaba con esa dirección; ahora es improbable dada la experiencia con el Ida.

La segunda, que un gobierno eficiente, que se ocupa del desarrollo económico y el uso honesto de los presupuestos públicos, es mucho más importante para superar catástrofes, que un “seguro regional” el cual, como en el caso del terremoto de Managua, con gran probabilidad terminará en el bolsillo de corruptos.

Un régimen incapaz es peor que cien terremotos

Con tristeza debemos pensar que no se puede esperar nada positivo de un régimen que ni siquiera logra ejecutar presupuestos y asignaciones en momentos tranquilos, no digamos durante emergencias.

Las verdaderas calamidades no son obra de la naturaleza, sino las causadas por regímenes de incapaces que carecen de rumbos sensatos y anteponen al buen interés de la colectividad, sus oscuros programas y apetencias.

Chávez hizo mas daño a Venezuela con su demagogia y sus agresiones, que muchos terremotos y vendavales juntos, como se evidencia con el desabastecimiento de bienes esenciales en el país, desde comida y medicamentos, hasta el tristemente famoso caso del papel higiénico.

En esto hay que darse cuenta de otro aspecto: el buen crédito de una familia o persona, al igual que los ahorros que haya acumulado, es lo que le permite salvar emergencias o problemas inesperados.

Pero cuando se gasta hasta lo último y además se está endeudado, como los que “topan la tarjeta”, un accidente o una enfermedad puede acabar con ellos. No previnieron y no tienen capacidad para sobreponerse a calamidades.

Como, ahora, en El Salvador…

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