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¿Por qué hay tanto miedo a informar lo que hacen?

Lo que se ha averiguado sobre la asignación de salarios y bonificaciones amparándose en ardides legales, es la mejor prueba de que "algo huele a podrido en Dinamarca" (Hamlet)

Feb 11, 2013- 18:02

La pregunta que todos se hacen es: ¿Por qué hay tanto miedo a la transparencia informativa de parte de la Presidencia y del partido, que se ha hecho de todo para neutralizar la Ley de Acceso de la Información Pública?

El fundamento de la vida en democracia es el conocimiento de parte de los ciudadanos y de la población, de lo que hacen las instituciones públicas, de la conducta de los funcionarios, del uso que se da a los impuestos que paga la gente, de cómo se vigila y fiscaliza el quehacer gubernamental.

La democracia, como sistema político, se basa en el voto individual, libre, secreto e informado. Al faltar uno de esos requisitos se derrumba el resto; sin veracidad se cae en la simulación, la farsa, la demagogia, los rumores y las maquinaciones.

No corresponde a un régimen decidir lo que se debe informar ni menos esconder hechos o actuaciones. Averiguar lo que hacen un gobierno y sus funcionarios, como decidir sobre la importancia que ello tiene en la vida y el quehacer de la gente, no es una prerrogativa del que gobierna, sino del ciudadano que indaga.

En las últimas semanas la gente de este país ha presenciado con asombro no sólo las negativas de parte del Ejecutivo de hablar sobre muchos asuntos que están causando desasosiego, sino también las maniobras de las que echa mano para bloquear primero y luego anular los mecanismos con que se iban a abrir expedientes y obtener la debida información.

Ya vio la gente

cómo se hacen cosas muy raras

No se trata de meterse a averiguar sobre asuntos estratégicos o entrometerse en investigaciones relacionadas con delitos y procesos, sino de conocer qué se hace con el dinero público –el dinero que se forma con los impuestos que paga la gente– en especial cuando no hay obra realizada de significado, los servicios esenciales están en crisis y hay un preocupante deterioro de la economía nacional.

Lo que cada día resulta más evidente es que se está cayendo en una situación de descontrol, de carencia de rumbo, de sensatez, de falta de probidad. En parte es resultado de haber anulado los pesos y contrapesos institucionales, pero más grave todavía, de querer neutralizar la fiscalización ciudadana al poner candados en lo que se relaciona a lo que hace este régimen.

Esa oscuridad motiva lo escrito por el Dr. René Fortín Magaña sobre lo que está pasando y los meneos del Ejecutivo para ponerle candados a una ley que es una quitacandados. Dice él:

“La transparencia en las actuaciones de los funcionarios públicos y su oportuna rendición de cuentas tendrían que ser una actitud tan lógica que debería caer por su propio peso. Es absurdo que los mandatarios no le rindan cuentas a sus mandantes, o los subalternos a sus jefes, o los empleados a sus empleadores. Sin embargo, la conquista de ese derecho fundamental de la sociedad, correlativo de la obligación pública de informar, ha requerido, como toda conquista, una lucha tenaz y prolongada…”

Lo que se ha averiguado sobre la asignación de salarios y bonificaciones amparándose en ardides legales, es la mejor prueba de que “algo huele a podrido en Dinamarca” (Hamlet), de que pueden haber trasiegos de partidas presupuestarias y manipulaciones para que algunos se embolsen lo que es ajeno y es de todos, en un país pobre.

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