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Los cristianos y la sustentabilidad ecológica

Por Por Mario Vega*

Ago 07, 2013- 18:04

En el año 2030 se necesitará el doble de recursos naturales existentes en el planeta para abastecer el consumo diario, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Con el propósito de mantener el abastecimiento de electricidad y combustibles y conservar la capacidad de disposición de desechos al ritmo actual se llegará a necesitar el equivalente a dos planetas Tierra.

Dado que sólo nos separan de esa crítica situación unos pocos años y siendo evidente que no fácilmente podremos encontrar otro planeta para la extracción de recursos, se hace necesario un cambio radical en la manera cómo el ser humano ha construido su forma de vida. No es suficiente con evitar tirar la basura a la calle o con enviar a los escolares a plantar arbolitos, que luego se abandonan a la buena de Dios.

Lo que se debe revisar son aspectos mucho más relevantes como la manera en que se obtienen las materias primas para las industrias. El cambio de fuentes de energía. Una reconstrucción en las cadenas de producción que permita reducir y luego eliminar los contaminantes. Elevar el nivel de seguridad en los procesos productivos para neutralizar las posibles afectaciones de los empleados y de las comunidades. Innovaciones técnicas que reduzcan el consumo de agua y de recursos naturales en la producción.

El ser humano ha desarrollado nuevas tecnologías que hacen posible varios de estos cambios. Pero el cambio de una tecnología por otra supone ingentes inversiones que no se ejecutarán hasta que se haya obtenido el máximo lucro de las técnicas ya montadas. Por su parte, para las personas y organizaciones preocupadas por la sustentabilidad ecológica, intentar este tipo de cambios supone enfrentarse a poderosos intereses económicos que no responderán a los llamados a la conciencia, a la invocación de la buena voluntad y al ideal del bienestar de la comunidad humana. Los poderes solamente reaccionan movidos por sus intereses.

Ante tales condiciones, el futuro se muestra incierto y solamente cuando el deterioro ambiental afecte sensiblemente el consumo se darán los pasos para cambiar hacia procesos más amigables con el medio ambiente. Para entonces, la crisis se habrá agudizado y muchas víctimas habrán quedado en el camino. El esfuerzo por la transformación de los procesos productivos se emprenderá a costos mucho más altos y con daños que, en muchos casos, tomará décadas o hasta siglos revertirlos.

El hambre de poseer, de dominar y hasta de destruir con fines egoístas es parte de la naturaleza humana. Tal es el ser humano y el tal es la base del problema tanto como de la solución. Pero ¿cómo se puede cambiar al ser humano? Jesús anduvo por el mundo de su tiempo, lleno de injusticia, opresión y corrupción de toda especie. Ante ello propuso un nuevo comienzo de todas las cosas: la nueva creación, comenzando por el ser humano.

Inmediatamente hay que decir a ello que la única manera en que los cristianos pueden mostrar que en realidad el evangelio produce frutos que dan esperanza es vivir la clase de vida que hizo de Jesús el parte aguas de la historia. El mundo no creerá que los cristianos realmente causan una diferencia hasta que la textura de su vida muestre el sello de la justicia de Cristo.

*Pastor general de la misión cristiana Elim.

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