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Cinco horas

Por Por Federico Hernández Aguilar*

Jun 12, 2013- 18:03

Cinco horas de vida fuera del vientre materno. Veintisiete semanas de vida intrauterina. En estas dos frases queda resumida la biografía de una niña sin cerebro que conmocionó a la opinión pública salvadoreña y desató una polémica internacional que sigue abierta. Semblanza breve pero increíble para una bebé que estuvo en riesgo permanente de ser abortada desde que su madre, a quien conocemos con el nombre de “Beatriz”, se acercó a la red nacional hospitalaria presentando un cuadro de fiebre persistente y úlceras cutáneas.

Todavía no sabemos con certeza quiénes y qué le dijeron a la joven gestante para que interpusiera una demanda de amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. En todo caso, a sólo dieciocho semanas de haber sido concebida, la niña de Beatriz ya era objeto de la diligente atención de la máxima instancia judicial del país, así como de varias entidades que fueron consultadas para enriquecer la resolución que fue emitida el pasado 28 de mayo.

Contrario a lo que la ministra de Salud empezó a decir cuando se conoció el caso, los funcionarios demandados, al responder ante la Sala, confirmaron que Beatriz no se encontraba al borde de la muerte. De hecho, tal y como fue expresado por médicos y abogados que dieron su opinión profesional sobre el tema –acción que les valió ser acusados de “inhumanos”, “retrógrados” e “ignorantes”–, lo que procedía a partir de la vigésima semana de embarazo era la provocación de un parto inmaduro, desenlace que en ningún modo significaba la destrucción del feto.

Ya frente a los magistrados, ni siquiera la propia Beatriz solicitó el aborto. Los médicos tuvieron siempre en sus manos la solución más ética, y así procedieron cuando la madre empezó con las contracciones. ¿Por qué entonces nuestras autoridades sanitarias hablaban de la necesidad urgente de un aborto “terapéutico”? ¿Por qué se afirmó que la gestante presentaba un cuadro de insuficiencia renal y se descalificó el peritaje del Instituto de Medicina Legal cuando lo desmintió?

Yo entiendo que ciertas organizaciones feministas, tan prejuiciadas como facciosas, se atrevan a poner en duda la rectitud y la capacidad técnica de una instancia oficial, pero me resulta arduo aceptar esas ligerezas en una ministra de salud. Llama la atención, por contraste, el buen criterio de la Procuradora General de la República, que en su respuesta a la Sala reconoció que era perfectamente viable “interrumpir el embarazo” de Beatriz sin afectar la vida del feto. También se hizo ver a los magistrados que, “de acuerdo con el Código de Ética y Deontología del Colegio Médico, vigente para todos los profesionales de la medicina en El Salvador, no existe una situación en la práctica médica actual que avale la interrupción de la vida humana en gestación con el propósito de salvar la vida de la madre, pues aquellos siempre deben hacer todo lo posible por salvar la vida de ambos pacientes”. ¿Cómo es posible que la doctora María Isabel Rodríguez, una vez conocido el fallo, insinuara que Beatriz podía ser intervenida en el extranjero ya que era “dueña de su cuerpo”? ¿Cómo interpretar este empecinamiento en el aborto?

Las medias verdades esgrimidas por nuestras autoridades sanitarias pusieron en alerta a los organismos internacionales que promueven el aborto como “un derecho de la mujer”. Estas instancias también hicieron eco de la “insuficiencia renal” de Beatriz y de la “inminencia” de su muerte; algunas hasta pidieron firmas y dinero para apoyar lo que ellos entendían como una clara solicitud para abortar por parte de la gestante.

Hoy que el polémico caso ha sido resuelto jurídica y médicamente, está claro que hay movimientos, dentro y fuera de El Salvador, que van a presionar para que nuestro país revise su legislación que protege la vida. Estos grupos saben que el fallo de nuestra Sala de lo Constitucional es un golpe durísimo para la agenda abortista internacional, por lo que deben activar una estrategia de “control de daños” para minimizar el efecto dominó de la resolución y aprovecharse de que aún cuentan con la complicidad de las autoridades sanitarias salvadoreñas.

El asunto, sin embargo, puede complicárseles por diversas razones: Primero porque las falacias en torno al “caso Beatriz” se han ido haciendo cada vez más patentes con el paso del tiempo. Si el ejemplo “emblemático” de El Salvador exhibe grietas tan manifiestas, las consecuentes referencias a otros procesos judiciales repletos de mentiras, como Roe versus Wade (Estados Unidos, 1973), ofrecen robustez moral y técnica a la sentencia de la Sala, igual que a todos los que hemos argumentado nuestra oposición al aborto.

Otra razón es que la ciencia niega sistemáticamente las frágiles premisas del lobby abortista. Si la ONU o la OEA, por ejemplo, quisieran empujarnos a flexibilizar nuestra legislación, ¿a qué rama científica invocarían? No pueden recurrir a la Genética, porque la singularidad genética de cada persona se constituye en la fecundación. No pueden auxiliarse de la Embriología, porque ésta demuestra que el ciclo vital humano se desarrolla sin solución de continuidad desde la unión de los gametos. Tampoco pueden invocar la Biología Celular, porque está probado que el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano, de la que se desprenden las subsiguientes diferenciaciones celulares. En cuanto a la Perinatología, ¿qué médico especializado en esta ciencia negaría que su meta principal es proteger dos vidas cuando trata un embarazo difícil?

Imposible ignorar, finalmente, la jurisprudencia internacional sobre los derechos de la niñez expuesta por el Dr. Florentín Meléndez en su voto disidente (un texto que, dicho sea de paso, ha sido muy mal interpretado por algunos medios de comunicación). A los lúcidos aportes del magistrado Meléndez habría que agregar la resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso A, B y C versus Irlanda (2010), que negó la existencia de un “derecho humano al aborto”, así como los razonamientos del Tribunal Europeo de Justicia, con sede en Luxemburgo, que en 2011 hizo una multidisciplinaria defensa de la dignidad del embrión humano desde la concepción. ¿En serio quiere debatir la Corte Interamericana de Derechos Humanos todos estos temas? Sólo pedimos que envíen emisarios bien preparados, porque en El Salvador no aceptamos que se nos quiera engañar.

Apenas cinco horas respiró la hija de Beatriz en este mundo complejo. Pero fue tiempo suficiente para tocar muchos corazones y remover muchas conciencias. Lo que hagamos a partir de esta tremenda lección depende de nuestra humildad. La vida y la muerte son misterios que no nos pertenecen.

*Escritor y columnista

de El Diario de Hoy.

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