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Los salarios

Por Por Juan Valiente*

Jun 25, 2013- 18:03

¡Cinco mil dólares por comisionado! ¿Cómo es posible? ¡Habrase visto tal atrevimiento! Similares a estas fueron la mayoría de las reacciones a la propuesta salarial de los comisionados del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP). Escuché incluso a personas muy vinculadas a la empresa privada protestando. Algunos parecían fariseos rasgándose las vestiduras como que nunca hubieran escuchado sobre salarios semejantes.

Una sencilla revisión a artículos en medios de comunicación sobre la compensación de altos ejecutivos en el país, revela una realidad muy diferente. “Para el caso del gerente general, la remuneración ofrecida en las empresas locales oscila entre los 13 mil a 14 mil dólares,” dice un artículo periodístico de hace unos pocos años. Una noticia más reciente reportaba que “cuando se habla de compensación esto incluye el salario que puede estar entre los $7 mil 314 y $14 mil 145 mensual”.

Poner salarios mensuales de cinco mil dólares para los comisionados puede haber sido un genuino esfuerzo por ser transparentes y honestos. Creo que es loable que los comisionados desde el inicio de su gestión hayan iniciado con una acción como esta. No poseo elementos suficientes para valorar si cinco mil dólares es un salario adecuado o no. Lo que reconozco como valioso es que por primera vez funcionarios públicos sean transparentes en sus compensaciones salariales. Los ciudadanos esperaríamos que no recibieran bajo ningún otro concepto más dinero del fisco como compensación salarial.

Lo que ha estado pasando en la realidad es que muchos funcionarios reciben sobresueldo para compensar u otro esquema de gastos de representación y prebendas. Al final nos mienten con salarios falsos y luego se recetan otros ingresos fuera del control ciudadano e incluso de las instituciones del Estado como la Corte de Cuentas, el Ministerio de Hacienda y la unidad de Probidad de la CSJ. Ha habido en el presupuesto nacional una partida para “comisiones de orden político-militar para atender necesidades de carácter urgente y especial de la Presidencia de la República”.

Este tema nos permite considerar formas de conciliar dos intereses aparentemente contradictorios: cómo garantizar que el personal ideal ocupe los altos puestos del gobierno y cómo respetar las limitaciones fiscales que impone la realidad de un país como el nuestro. Hace casi tres meses El Faro reportó por primera vez en el país la realidad de los sobresueldos de los funcionarios: “Los últimos cuatro gobiernos han ocultado la remuneración real que reciben ministros, viceministros y otros ejecutivos que, aparte del sueldo nominal, reciben un complemento en efectivo –en billetes de 100 dólares– sobre el que no pagan impuesto de renta. No hay registro oficial público de cuánto ha gastado cada gobierno en estos sobresueldos que, en algunos casos, llegan a los 10,000 dólares mensuales”.

Más allá de la ética y la falta de pago de sus obligaciones fiscales por ingresos recibidos, es importante evaluar cómo mejorar esta situación y resolver adecuadamente las causas que lo han generado. Bien haríamos en hacer una profunda revisión de los salarios y realizar los ajustes necesarios. También deberíamos eliminar las partidas asignadas a la Presidencia de la República o sus secretarías identificadas como la principal fuente de esta corrupción, según el mismo medio digital. ¿Cómo es posible que un gerente general gane unos quince mil dólares al mes y el Presidente de la República apenas reciba un 30% de este monto?

Idoneidad y justa remuneración deben ser pilares de una política integral de recursos humanos para las instituciones del Estado y necesaria profesionalización de los funcionarios públicos. No será posible contar con los mejores hijos de El Salvador en servicio público si la compensación salarial sigue siendo inadecuada. La solidaridad y el interés por el bienestar público son motivaciones importantes para los funcionarios, pero siempre tenemos el reto de garantizarles una compensación salarial justa y adecuada. Las cartas están echadas. Ojalá las personas responsables reaccionen con prontitud y eficacia.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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