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Probidad por decreto

Por Por Carlos Mayora Re*

Jun 28, 2013- 19:15

Si parece pato, grazna como pato y camina como pato… uno puede estar seguro de que está delante de un pato. Si queremos saber cómo es alguien, lo mejor es observar su comportamiento. Y si, además, se trata de aspirantes a la presidencia, sobre la base de que van a ser elegidos democráticamente, no sólo es necesario que sepamos de su pasado y presente: es imprescindible.

El jueves nos desayunamos con la noticia de que los diputados habían dispuesto, en el madrugón legislativo, multar a quien desprestigie a los candidatos a la presidencia. Quizá ante el temor de que el pasado comprometido de algunos, fuera utilizado por sus rivales como arma arrojadiza para restarle votos.

Salimos perdiendo los electores, pues se nos privará de la posibilidad de conocer mejor a los postulantes, y quedaremos a merced de lo que ellos dirán de sí mismos, con menos posibilidades de conocer a fondo –más que sus dichos–, sus hechos; que, a fin de cuentas, anuncian mucho más lo que una persona hará con el poder, que todos los discursos y promesas del mundo.

No podemos olvidar que el poder que detentan los funcionarios públicos no proviene ni de su linda cara ni de su habilidad demagógica: lo ejercitan porque los ciudadanos se lo confiamos. Y para saber si un político es fiable, no es suficiente de que sea buen retórico, técnico, o que posea títulos académicos. Si dice que es “pato” habrá que ver si antes ha nadado…

Cuando uno contrata una persona para trabajar en su empresa, o tiene que confiarle alguna misión delicada, no lo hace si no se aproxima a su idea de ejemplaridad. Todos los datos sobre su capacidad, honestidad, carácter, logros, etc. Son muy importantes. Y en el caso de un presidente de la República mucho más, pues va a gobernar administrando nuestros recursos: de su gestión dependerán aspectos cruciales para nuestras vidas, hacienda, el futuro de nuestros hijos, etc.

Por eso no sólo se espera, sino que es una obligación, que podamos disponer de todos los datos posibles acerca de los candidatos. Con respeto a su intimidad y al ámbito más personal, pero sin dejar de lado ningún hecho que nos pueda dar a entender si es “pato” o no.

No hay nada mejor para despertar rumores y maledicencias que la falta de información. Con las redes sociales es casi imposible ocultar la información verdadera, y si esta no está disponible, los teléfonos y las computadoras se llenan de chismes, imaginaciones e inventos.

Que un rumor se convierta en escándalo depende de dos elementos: en primer lugar que se trate de un comportamiento que los ciudadanos consideren inaceptable, y en segundo que tenga suficiente difusión en los medios de comunicación formales, o en las redes sociales. Querer detener la verdad a fuerza de decretos muestra por un lado ignorancia de la realidad en que vivimos, y por otro temor de que salgan a luz cosas inconvenientes (el que nada debe, nada teme…).

Los políticos reciben el encargo de administrar la res pública porque los votantes se fían de ellos, y depositan su confianza en su persona porque conocen cómo ha actuado, e infieren cómo va a actuar. Como ha escrito un periodista “con maderas carcomidas no puede construirse un andamiaje sólido. Con hombres carcomidos por la inmoralidad no se puede construir una política honesta”.

Se supone que vamos a elegir a quien consideremos hará un mejor papel. Pero, sin información, no nos quedará más que el recurso a lo emocional, creerles, y seguir extendiendo a los políticos cheques en blanco que –por cierto– cada vez rellenan con cantidades mayores.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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